¿Admiradores o seguidores?

¿Admiradores o seguidores?

Escrito por: David Nooitgedagt | Publicado: lunes, 17 de octubre de 2016

Hace dos mil años grandes multitudes seguían a Jesús, las cuales se maravillaban con sus obras y sus palabras. Todas estas personas querían verlo, y cuanto más se oía hablar de Él, más la gente hablaba sobre Él. Por lo tanto, todas estas personas perecían pertenecer a Jesús, como las grandes multitudes de aficionados imaginan pertenecer al club de sus ídolos.

Sin embargo, Jesús no andaba en busca de admiradores. Una y otra vez, los invitaba a ser sus discípulos y seguidores. Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. (Lucas 9,23) Y aconteció que algunos fueron con Jesús para seguirlo, pero al acercarse le respondieron como preguntando: ¿Estás seguro que sabes lo que estás hablando?

Los discípulos de Jesús estaban con Él, a pesar que el resto iba a casa. Ellos estaban maravillados, pero no como los demás, ellos querían aprender de Él y ser como Él, y esto lo lograron después que recibieron el Espíritu Santo. Para ellos no era suficiente sólo hablar acerca de Jesús. Ellos estaban formándose para ser como el Maestro.

A pesar que ha habido grandes avivamientos, nunca ha habido muchos discípulos.

A pesar que ha habido grandes avivamientos, nunca ha habido muchos discípulos. Hay muchos que por ejemplo admiran una vida piadosa y admiran a aquellos que son temerosos, pero ¿cuántos imitan esto? ¿Cuántas personas son las que dan su vida sin esperar a cambio aplausos ni elogios?

Una vez hablé con una persona que por diez años participó en la escuela dominical en su congregación cristiana. Con decepción me decía que ni siquiera una flor recibió cuando termino su periodo. Sin pensarlo mucho, le contesté: «Jesús tampoco recibió nada, al final de su vida.» Sorprendida me respondió: «Es cierto, si lo ves de esa manera...»

¿Qué es lo que queremos? ¿Queremos ser un cristiano de «renombre», y cosechar honra de personas a nuestro alrededor? ¿O queremos seguir a Jesús, y tener como galardón una vida eterna junto a Él?