¿Cómo puedo escuchar la voz de Dios?

¿Cómo puedo escuchar la voz de Dios?

Escrito por: David Owens | Publicado: martes, 15 de diciembre de 2015

Como cristiano, con el deseo de agradar a Dios, dependo de su guía y de su consejo. Pero, ¿cómo puedo encontrarlo? ¿Cómo puedo escuchar la voz de Dios?

El despertador suena y bajo por las escaleras. Anoche me olvidé de empacar mi almuerzo, pero ahora no tengo tiempo para esto; tengo que repasar mis apuntes por última vez antes del examen. En el auto, durante el viaje al colegio, hay silencio y mis pensamientos se dirigen hacia Dios. Yo quiero hacer su voluntad y anhelo escuchar su voz. Yo sé que aún en las dificultades de la vida, Dios quiere hablar conmigo; pero, ¿cómo puedo escuchar a Dios?

Yo sé que Dios me habla cada día

El sonido de un silbo apacible y delicado

Cada hora vuelan miles de pensamientos por mi cabeza, pero, ¿cómo está mi relación con Dios? ¿Tengo un anhelo sincero de agradar a Dios con mis pensamientos, mis palabras y mis obras? Si tengo este anhelo, se abre mi oído para escuchar su voz. Nunca escuché la voz de Dios de la misma manera como hablan las personas alrededor mío, pero sé que Dios me habla cada día.

Una historia del profeta Elías es una buena ilustración de cómo Dios me habla en el corazón. Cuando llegó la palabra de Dios a Elías y le dijo que se pusiera en el monte delante de Jehová, Dios no estaba en el viento poderoso que rompía los montes y quebraba las peñas, tampoco estaba en el terremoto ni en el fuego. Luego del fuego Elías escuchó a Dios «en un silbo apacible y delicado». (1 Reyes 19, 11-12)

Ser rápido para obedecer

Entonces, ¿cómo puedo escuchar este «silbo apacible y delicado»  que me habla? Cuando, por ejemplo, viene una situación difícil y me acuerdo de un versículo de la Biblia que me fortalece.

Cuando me apresuro en obedecer a la voz de Dios, entonces él continúa hablándome

Dios también me recuerda de hacer el bien, pero al mismo tiempo me muestra el pecado que mora en mi naturaleza humana. Por ejemplo, puedo ser tentado a irritarme contra las personas con las que trato cotidianamente, aunque intento bendecirlos. Si mis oídos están atentos,  escucho a Dios que me indica que la causa del problema son mis propias exigencias egoístas, y entonces tengo la posibilidad de crucificar estas exigencias de manera que yo puedo cambiar.

Si me apresuro en obedecer a la voz de Dios, entonces él continúa hablándome. No siempre es fácil obedecer a lo que escucho. Normalmente esto me cuesta  mi propia voluntad; debo renunciar a mis propios deseos y opiniones para hacer lo que aquel silbo delicado dice que debo hacer. Si escucho y obedezco, entonces mi relación personal con Dios crece y se fortalece!

Debo renunciar a mis propios deseos y opiniones para hacer lo que aquel silbo delicado dice que debo hacer.

Una vida llena de paz y gozo

En la carta de Santiago 4,8 dice que si me mantengo cerca de Dios, entonces él se mantiene cerca de mí. He experimentado que cuando leo la Biblia y oro, entonces Dios me envía ayuda para vivir según su voluntad. Él habla claramente conmigo durante el día. Él no solamente me muestra cómo puedo mejorar las cosas exteriormente; él también me muestra el pecado que mora en mi naturaleza humana, lo que hace que la vida sea difícil para mí y para aquellos que me rodean. ¡Si yo oro a él con aflicción sobre mi pecado, entonces él me da posibilidades para poder vencer, y la fuerza para poder llevarlo a cabo!

Para mantenerme cerca de Dios tengo que estar listo y dispuesto para obedecer a su voluntad. Tengo que estar cerca para poder escuchar. Si tengo una posición de enemistad con respecto a los mandamientos de Dios, entonces me voy a mantener distante. «El que tenga oído, oiga.» Esta amonestación se repite muchas veces en Apocalipsis. Si escucho, recibo alimento de parte de Dios para mi espíritu, y de esta manera también puedo ser de ayuda para los demás que me rodean. Esto es una vida realmente agradable para Dios.

¡Obedecerle a él me ha hecho muy feliz!

¡Oír su voz y luego obedecerle me ha hecho muy feliz! Dios desea liberarme de mi naturaleza humana pecaminosa. Cuando presto atención a su voz en medio de las dificultades de la vida, entonces este proceso puede suceder en mí. ¡Dicho proceso se denomina santificación. Esto es una vida llena de paz y de gozo!