¿Es normal ser un cristiano, pero tener miedo a reconocerlo?

¿Es normal ser un cristiano, pero tener miedo a reconocerlo?

Escrito por: Matthew Ibrahim | Publicado: jueves, 18 de febrero de 2016

¿Por qué es tan difícil reconocer que uno es cristiano? ¿Es posible dejar de avergonzarse por esto?

La gente lucha por lo que cree. Por todos lados en el mundo se levantan y luchan por sus propósitos. Para algunos significa luchar por los derechos civiles o la libertad de la opresión. Independiente de cuán diferentes sean estos propósitos, la gente es apasionada por sus intereses o campañas en particular, y quieren que los demás se enteren de esto. Para ti quizás es lo adecuado si quieres expresar lo que quieres – y es esto justamente lo que haces, con una excepción: cuando tienes que reconocer que eres cristiano.

Había sólo una chance para que este desafío tuviera éxito: Jesús fue tentado igual que nosotros, pero jamás pecó.

Cuando Jesús fue enviado a la tierra para abrir un camino nuevo y vivo (Hebreos 10, 20), el relato más conmovedor de todos los tiempos fue escrito en la historia. Como ser humano venció el pecado en su propio cuerpo, de modo que la voluntad de Dios, por primera vez  en la historia, pudo llevarse a cabo perfectamente en una persona. Había sólo una chance para que este desafío tuviera éxito: Jesús fue tentado igual que nosotros, pero jamás pecó. Ésta vida fiel lo clasificó para alcanzar la victoria final, y morir por nosotros en la cruz en Gólgota, donde pagó por nuestros pecados con su propia sangre. Sin haber alcanzado pleno éxito, ninguna persona tendría esperanza que sus pecados serán perdonados. ¡Sin embargo tuvo pleno éxito y se convirtió en un salvador eterno para todos los que creen!

Con una historia tan increíble, ¿por qué es tan común que uno se avergüence del evangelio? ¿Por qué tener miedo de profesar nuestra fe en Dios a los demás, o bien sentir vergüenza que los demás lo sepan, en un mundo donde la gente se sienta libre para anunciar su fe a todo el mundo?

Pedro se avergonzó de admitir que conocía a Jesús cuando iba a ser crucificado, pero sólo unas semanas después se puso de pie frente a miles y predicó el evangelio, lleno del Espíritu de Dios. ¿Por qué el cambio? ¿Cuál fue el secreto?

En pocas palabras, experimentó el poder del evangelio.

El poder en el evangelio

Como cristiano gozas del perdón recibido por la sangre de Jesús – ¡y con buena razón, ha sido gratis, por la gracia, y sin la necesidad de obras que demostrar! Sin embargo, continuar en la vida de un discípulo es mucho más que esto. Incluso si has pasado toda la vida en congregaciones cristianas, esto no te garantiza que has aprendido a caminar en el Espíritu.

Tal vez tú eres de los de sobra la piedra en la parábola de Jesús (Lucas 8, 4-15), donde las plantas brotaron rápidamente (uno recibió con alegría la palabra), pero se secaron en el calor, porque no tenían raíz (uno no puede mantenerse en el tiempo de la tentación). Muchos cristianos caen en esta categoría, porque no conocen el poder que el Espíritu Santo les puede dar para vivir una vida en victoria. Como resultado, ninguno de ellos tiene algo con que ayudar a los demás. No han recibido contenido espiritual en sus vidas.

Pedro recibió el Espíritu Santo – «El Consolador» que Jesús les había prometido, y desde ese día fue armado para hacer la guerra contra el pecado que había heredado en su propia naturaleza. Lo que experimentó le obligó a decir a los demás sobre su Jesús, el cual había abierto un camino nuevo y emocionante para él.

Pedro recibió el Espíritu Santo… y desde este día fue armado para hacer la guerra contra el pecado que había heredado en su propia naturaleza

«Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca 1 Pedro 2, 21-22.

¡Deja convencerte por la Palabra de Dios! Él está dispuesto a dar su Espíritu a los que le obedecen, esto significa que para ser un discípulo de Jesús se requiere completa devoción a la causa. Cuando comienzas a experimentar la libertad del pecado, desaparece la pregunta sobre si Dios realmente existe e igual de rápido la vergüenza de admitir que eres es un cristiano de todo corazón.

Estás en posesión de un evangelio poderoso que te permitirá, con la ayuda de Dios, tomar el control de tu vida. La vida y la confianza hacia un verdadero discípulo no puede ser falsificada – tiene sustancia. En lugar de dejarte llevar por tus sentimientos en constante cambio, tu razonamiento, tus pasiones y deseos humanos, puedes aprender a ser guiado por el Espíritu Santo, y vivir agradable a Dios. Experimentarás la verdadera felicidad, y no podrás otra cosa que compartir lo que has recibido con los demás. ¿A cuántos de tus amigos no le gustaría poder ser parte de esto?