¿Es posible mantener mis pensamientos puros?

¿Es posible mantener mis pensamientos puros?

Escrito por: Milenko van der Staal | Publicado: martes, 15 de noviembre de 2016

¿Cómo puedo permanecer puro en mis pensamientos, cuando muchos de estos pensamientos son involuntarios?

«¿Qué estás pensando?» – ¿te han preguntado esto alguna vez, cuando mirabas fijamente a lo lejos, ajeno al entorno? No siempre se quiere compartir lo que uno está pasando en nuestra mente. A menudo me alegro que sea un área secreta, la cual ninguna persona puede ver. Sin embargo, hay uno que puede leer mis pensamientos y para quien nada es oculto. Dios, mi creador, tiene acceso libre y está muy interesado en lo que sucede allí en estos sectores secretos.

El problema es que no siempre puedo controlar lo que surge en mis pensamientos. Sentimientos, imágenes y palabras parpadean sin previo aviso. Estos pensamientos pueden ser buenos o malos, positivos o negativos, constructivos o destructivos. Algunas veces puedo sorprenderme, o incluso quedar choqueado, de las cosas que surgen en mi mente. ¿Dónde está la fuente de estos pensamientos? ¿Qué piensa Dios acerca de ellos; me juzga Dios basándose en estos impulsos involuntarios?

¿Dónde está la fuente de estos pensamientos?

La naturaleza humana

Cada ser humano en la tierra ha nacido con una «carne». Esta es la naturaleza humana que fue corrompida cuando Adán y Eva, los primeros humanos, cometieron pecado. Las personas, lo supremo de la perfecta creación de Dios, cedieron ante la tentación y dejaron entrar el pecado, y la maldición que sigue, en sus vidas. Como resultado, los pensamientos de las personas pasaron de servir y amar a Dios, a vivir para ellos mismos. Como ser humano he heredado esta naturaleza, y esto significa que esos pensamientos amargos, impíos, desalentadores y sucios provienen directamente de mi carne. Son parte de mi naturaleza humana.

Desagradable como este discernimiento, es que la mayoría de las personas eventualmente acepta esto como parte de la vida. «¡Después de todo, solo soy humano!» Muchos creen que mientras sea un pensamiento, no es tan malo – después de todo no lastimo a nadie. Sin embargo, Jesús mismo aclara que esto no tiene nada en común: «Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.» Mateo 5, 27-28. En otras palabras, es pecado ceder ante los  pensamientos, del mismo modo que una acción física – a pesar que las consecuencias para otras personas no son las mismas. Por supuesto esto aplica a otros pecados como la ira, la crítica, los celos y el desánimo - ¡de hecho, cualquier pecado al que uno ceda en los pensamientos!

¿Quién es el verdadero «yo»?

Esto en sí puede parecer desalentador – ¿cómo puedo permanecer puro en mis pensamientos, cuando muchos de estos pensamientos son involuntarios? Pablo nos da una pista cuando escribe «…sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien… porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago… así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.» Romanos 7, 18-21. Nos queda claro que hay una diferencia entre el yo (mi carne) y yo (mi mente, o voluntad para servir a Dios). Entonces puedo preguntar: ¿Quién es el verdadero «yo»?

¿Por qué tiene que ser mi carne y el pecado que habita allí el ganador?

Hay un conflicto entre lo que mi mente quiere y lo que mi carne quiere. Aquí yo mismo tengo que formularme una serie de preguntas, las que tienen que ser sencillas de responder. Por ejemplo: ¿Por qué tiene que ser mi carne y el pecado que habita allí el ganador? ¿En quién voy a creer – en Dios o en mi carne? ¿Es más fuerte el poder del pecado que el poder de Dios? ¿Qué dice la Palabra de Dios?

De hecho cuando leo la Biblia, encuentro que jamás se menciona otra derrota sino la que es causada por mis propias debilidades y falta de fe. La Biblia deja muy en claro que estas caídas no deben ser excepciones a la regla. La vida normal de un cristiano es una vida en victoria – ¡en pensamientos, palabras y obras! Entonces, ¿cómo puedo vencer en mis pensamientos?

Una batalla y un ejemplo

En Santiago 1:14-16 puedo leer que es mi propia concupiscencia (deseos de la carne) lo que me tienta. Una tentación es cuando los deseos de la carne hacen presencia, normalmente como un pensamiento o sentimiento. Pero el deseo debe ser concebido para que dé a luz el pecado. La concepción ocurre cuando la mente está de acuerdo con la carne.  Los dos «yo» se unen, y el pensamiento que comenzó como un impulso involuntario – una tentación – se convierte en pecado, frecuentemente seguido por palabras y hechos.

Toda la Biblia es sin embargo un llamado a la acción: resistir al enemigo, que en el Nuevo Pacto es el pecado que habita en mi carne. Ser tentado no es lo mismo que cometer pecado, pero para que esto se mantenga así debo tomar una batalla contra los deseos que surgen y se hacen visibles.

Toda la Biblia es sin embargo un llamado a la acción

Puede parecer imposible, pero cuando Jesús volvió a su Padre en el cielo, prometió enviarnos su Espíritu, el Consolador. Con la ayuda y la guía del Espíritu Santo obtenemos fuerza, no solo para resistir la tentación, sino también para derrotar totalmente al enemigo. Esta es la batalla de la fe. ¡Mientras esté luchando, no he pecado! ¡Esta es la vida de un vencedor! Esto también significa que permanezco puro, y no hay ninguna condenación por aquellos pensamientos involuntarios.

¿Cómo sé que es posible? Esta escrito que Jesús fue un hombre como yo y fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero que jamás pecó. ¡Ni siquiera una sola vez! Esto significa que también es posible para mí. Puedo acudir a Él para obtener ayuda en el tiempo oportuno. (Hebreos 4, 15-16). El tiempo oportuno es cuando soy tentado – ¡antes de la caída! La ayuda está en la Palabra de Dios y en el Espíritu Santo, que fortalece mi voluntad para resistir en la batalla.

Una nueva creación

Esta batalla tiene resultados impresionantes. Porque siendo fiel para resistir el pecado que se ha hecho visible en la tentación, el pecado realmente muere. (Colosenses 3, 3-5). Mi naturaleza humana corrompida es remplazada gradualmente por una nueva creación. Los pensamientos e impulsos negativos y destructivos pierden su poder cada vez más, y los pensamientos y reacciones positivas, constructivas y esperanzadoras toman su lugar. ¡Este el trabajo de Dios, el cual lleva a cabo en mí mientras vivo aquí en la tierra!

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