Fé e desânimo – polos opostos

Fé e desânimo – polos opostos

Escrito por: Heidi Watz Vedvik | Publicado: miércoles, 04 de enero de 2017

«Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11, 6) 

Después de haber leído este verso varias veces, he llegado a la conclusión que la fe que aquí se describe, debe ser algo mucho más que sólo creer en la existencia de Dios. De lo contrario sería un poco confuso, porque; ¿quién se molestaría en « acercarse a Dios» y «agradar a Dios» sin antes creer que Él existe? No, la fe que aquí se describe tiene que ver con algo más que simplemente creer que Dios existe.

Es la fe en que «Él es galardonador de los que le buscan» la que realmente puede ayudarme en mi vida. Debo creer que si vivo de acuerdo a la voluntad de Dios; luchando contra el pecado y mis propios deseos, entonces Él puede hacer un trabajo de transformación en mi interior. Las cosas que siempre fueron imposibles para mí; ser paciente, agradecida, amar al prójimo, no estar desanimada ni irritada – todo esto Dios puede cambiar, de modo que mi interior se renueva totalmente. Podemos leer sobre esto, y quizás no es tan difícil tener fe cuando uno ve el ejemplo en otras personas. Es cuando me reconozco a mi mismo, que pierdo el valor con facilidad.

«Mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas; Y cuando ha llegado hasta ti, te turbas (Job. 4,5)

El desánimo es algo que he llegado a conocer un poco. Es un sentimiento que a menudo viene cuando recibo luz – cuando de pronto soy consciente del pecado que vive en mí. Entonces vienen los pensamientos que todavía queda un largo camino por recorrer. No puedo imaginar todo el tiempo que podría llevarme terminar finalmente con todas mis tendencias pecaminosas. Pienso que nunca seré capaz de lograrlo. Tales pensamientos no provienen de Dios, sino que son obra del diablo.

Tales pensamientos no provienen de Dios, sino que son obra del diablo.

La fe y el desánimo, el desánimo y la fe – dos polos opuesto. Si tengo plena fe en la transformación que Dios hace, la cual puede suceder en mi vida, ¿tengo alguna razón para estar desanimada? No, ¡no puedo pretender tener fe si al mismo tiempo dudo! ¡Hay ciertas cosas que no pueden combinarse! sin embargo, ¿cómo puedo terminar con este desánimo?

La respuesta es que debo armarme con la fe, usar la fe como un arma contra el desánimo, que proviene de la incredulidad. «Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.» (Efesios 6,16) Esto fue justamente lo que hizo Abraham cuando Dios le prometió un hijo. «Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido.» (Romanos 4, 19-21) Abraham no se desanimó, a pesar que la promesa de Dios parecía completamente imposible.

La respuesta es que debo armarme con la fe

Aquí uno simplemente debe elegir creer, armarse con el escudo de la fe, porque si sigo mi propio razonamiento, entonces seré sobrepasado rápidamente por el desánimo. «El escudo de la fe» no significa sólo creer en Dios, sino en el poder de Dios que puede hacer milagros en todas las personas. Así es, EN TODAS, también en mí – independiente de mi personalidad, el pasado y mi naturaleza – puede producirse un cambio total con la ayuda de Dios. Dios es poderoso para hacer milagros. ¡La fe en esto es mi arma!

Así es, EN TODAS, también en mí – independiente de mi personalidad, el pasado y mi naturaleza – puede producirse un cambio total con la ayuda de Dios.