¿Hacia dónde conducen unas veredas torcidas?

¿Hacia dónde conducen unas veredas torcidas?

Escrito por: Heidi Watz Vedvik | Publicado: miércoles, 06 de febrero de 2013

He tomado la decisión de vivir según la Palabra de Dios. Quiero vivir según sus mandamientos y su voluntad, y así renunciar a mi propia voluntad. Sé que Dios quiere lo mejor para mi vida, y por lo tanto mi anhelo es obrar como dice en la Biblia. Estoy muy conforme con esta decisión, porque es una vida que me hace feliz. Sin embargo, siento a veces que voy sólo en círculos – sin llegar en realidad a ningún lado. Siento como esta intranquilidad arde en el estómago. ¿Así es como supuestamente debe ser mi vida?

«En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará (Sal. 23,2)

¿Por qué no experimento este mismo descanso, esta paz total? Claro, siento una cierta paz, porque sé que tengo a Dios. Esto me hace feliz. Sin embargo, mi estado de ánimo, no es del todo coherente con la descripción en la Biblia. ¿De dónde proviene esta intranquilidad? De pronto, encuentro la respuesta. Como de costumbre la Biblia puede darnos la respuesta. Está escrito así:

«No conocieron camino de paz,
ni hay justicia en sus caminos;
sus veredas son torcidas;
cualquiera que por ellas fuere,
no conocerá paz
(Isaías 59,8)

¡Claro! ¡Voy por veredas torcidas! «… cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz.» Pero, ¿qué quiere decir con veredas torcidas? Uno podría «googlear» la palabra torcido y encontrar el sinónimo deshonesto. Otros términos que podemos encontrar son doble juego, trampear y chantajear. ¿Acaso estoy tratando con tales cosas?

Así es, de hecho hago trampa cuando trato de «ocultar» mis pecados

Así es, de hecho hago trampa cuando trato de «ocultar» mis pecados, algo  que tengo tendencia a hacer. Hay ocasiones en las que noto mi deseo de encubrir cosas que deben ser trabajadas en mi vida. Es difícil simplemente dejar lo que uno quiere, dejarlo de lado, y que Dios se encargue. Como ser humano, hago lo imposible para aferrarme a lo que quiero, aunque sé muy bien que debo renunciar a ello. Puede darse porque no me atrevo dejar a Dios que dirija ciertas cosas en mi vida  - es francamente aterrador llegar y dejar de tener el control. A pesar que estoy tan cansada, tan cansada de estropearme a mi misma, y he decidido dejar todo en las manos de Dios, es tentador quedarse con parte del control. Si uno está luchando con el egoísmo, por ejemplo, quizás es tentador barrer el problema bajo la alfombra, porque en realidad, uno quiere pensar en si mismo y no soporta tomar una posición contra esto  - al menos no ahora.

«Hoy no. Lo haré mas tarde. Estoy pasando por un mal momento, así que…» Tales pensamientos, es lo que significa trampear – ¡ir por veredas torcidas! Estos caminos no dirigen hacia ningún lugar, sino que son desvíos que retrasan el trabajo y progreso en mi interior. Son caminos torcidos, caminos complejos, llenos de calles sin salida y cuestas con fuertes pendientes. Es fácil perderse, y si lo hago, podría ser difícil encontrar nuevamente el camino que Dios ha preparado en realidad para mí. Uno estira y estira los límites – para todo tiene explicaciones – porque en realidad no soporta escuchar la verdad ni quiere hacer algo al respecto. Al final uno esta tan perdido, que ya no sabe dónde ir, ya que no oye la voz de Dios, no ve el camino de Dios. « De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos… » (Mateo 13, 14-15) Si tengo la suerte de encontrar el camino correcto, aun así pasaré un tiempo innecesariamente largo sólo para volver a donde estaba antes que me perdí. ¡Qué desperdicio!

Si me preocupo de mantener mi senda limpia, entonces no tengo razón para tener mala conciencia.

Ir por caminos tan peligrosos lo vuelve a uno inquieto. Para recibir verdadera paz en el corazón, debo tener la certeza que voy por los caminos de Dios, no perdido por calles sin salida. Por esta razón debo terminar de encubrir aquellos pecados que en realidad debería limpiar. Debo poner fin a esto – a cada brote de malos pensamientos, todo deseo de llamar la atención, toda avaricia. Si me preocupo de mantener mi senda limpia, entonces no tengo razón para tener mala conciencia. Estoy en paz, porque sé que voy por el camino correcto. Este camino es en realidad radiante, claro, sencillo y sin complicaciones – mientras me aferre a la Palabra de Dios, sin tratar de hacer trampa.

«Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente (2.Tim. 2,5)