La escuela: Una oportunidad para la victoria

La escuela: Una oportunidad para la victoria

Escrito por: Nellie Owens | Publicado: jueves, 01 de septiembre de 2016

La escuela. Esta palabra por sí sola hace que muchos se estremezcan. Presiones de grupo, tentaciones sexuales, murmuraciones y vanagloria son sólo algunas de las cosas que los jóvenes cristianos enfrentan diariamente en este medio.

Pero el que enfrentemos tales situaciones en la escuela no significa que debemos en algún modo desanimarnos. «Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.» Josué 1,9. La palabra de Dios deja en claro que, así como Él está con nosotros en la iglesia o en casa, también está con nosotros en el salón de clases, cuando caminamos por el pasillo de la escuela o cuando subimos al autobús escolar. ¡Él tiene un interés vivo en nosotros y quiere que tengamos éxito!

El espíritu de este tiempo es fuerte; podemos ver que el pecado cada vez es más y más ampliamente aceptado. La palabra de Dios dice: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!» Isaías 5,20. Sin embargo, es exactamente lo que parece estar sucediendo en el mundo hoy en día. Muchos jóvenes piensan por ejemplo, que es completamente normal hacer chistes vulgares. Y la expectativa es hacer que los demás piensen que son divertidos, aunque no crean necesariamente que eso está bien. Pareciera que los pensamientos piadosos y sanos han tomado el asiento de atrás, y en algunos casos se burlan de ellos abiertamente.

No es un secreto que Satanás desea destruir el pueblo de Dios. (Lucas 22,31, 1 Pedro 5,8) La escuela es, por lo tanto, un campo de batalla para los cristianos que anhelan permanecer puros. ¡Pero, también puede ser un campo de batalla donde siempre somos victoriosos!

¡La escuela también puede ser un campo de batalla donde siempre somos victoriosos!

En Efesios 6, 10-13, Pablo escribe: «Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes

Estos versículos dejan en claro que no luchamos contra otras personas: los maestros o compañeros de clase que vemos todos los días en la escuela. Aunque nuestros compañeros de clase digan chistes vulgares, murmuren, o bien traten de que estemos de acuerdo con algo que va en contra de la palabra de Dios, podemos estar seguros de que no necesitamos luchar contra ellos. Nosotros luchamos contra las tendencias y opiniones impías que hay en medio de ellos. Este tipo de cosas son en realidad influenciadas por espíritus malignos que tratan de corrompernos y distraernos de hacer la voluntad de Dios.

Por naturaleza también somos atraídos por estas mismas opiniones y pensamientos impíos. (Santiago 1,14) Pero Pablo nos exhorta: «Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.» Efesios 6, 14-17.

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne...

Cuando tenemos fe en nuestros corazones y la palabra de Dios en nuestras mentes, estamos armados para tomar una lucha consciente contra las influencias impías que quieren tener acceso en nuestros corazones. Podemos orar a Dios, como se nos exhorta en Efesios 6,8, y Él nos dará la fuerza que necesitamos para resistir nuestras tendencias naturales y el deseo a seguir tales influencias pecaminosas. Entonces estamos en condiciones de resistir todas las influencias impías que están presentes en la escuela y en todas partes. «Porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvarosDeuteronomio 20,4.

No sólo estamos en condiciones de recibir victoria sobre el pecado, sino también convertirnos en embajadores de Cristo, como se nos exhorta que tenemos que ser en 2 Corintios 5,20. Nos volvemos buenos ejemplos para los demás, y les mostramos que es posible reinar sobre el pecado en sus propias vidas. ¡Ahora podemos mostrarles a las personas cómo se es un cristiano en verdad!

Con esto en mente, ya no necesitamos temer ir a la escuela. ¡Por el contrario, esperamos la hora para ir! Puede ser un lugar donde podemos ser un ejemplo, ¡un lugar para vencer, un lugar donde podemos ser transformados! «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» Romanos 12,2.