La mujer en las escaleras

La mujer en las escaleras

Escrito por: Heidi Østermark Reinikainen | Publicado: domingo, 01 de mayo de 2011

«Tú necesitas un lugar en donde puedas orar a Dios», me dijo una vez una mujer. Sin embargo, no fue lo único que ella me dijo...»

Era temprano en una fría mañana. Iba a sacar con la pala la nieve de las escaleras de la entrada. Algo que había hecho durante todo el invierno, y por lo cual cada mañana reunía fuerzas para ponerme en marcha. Después de meses con una pala de nieve en mis manos, y amplias zonas que limpiar con muchas escaleras, la tarea se volvió muy aburrida. Sin embargo, no sabía que hoy sería un día totalmente diferente.

Mientras trabajo, a menudo pongo mi mirada en lo que estoy haciendo, por lo que no pongo atención al paso de las personas delante de la escalera. Pero hoy, una señora anciana me dijo «Disculpe.» Sonreí y me retire para que ella pudiera pasar. Rápidamente volví a concentrarme en mi trabajo, pero pocos segundos después otra vez volví a escuchar su voz. «Gracias por limpiar la nieve por nosotros.» Sonreí otra vez y le conteste con cortesía.

De pronto, ella comenzó a hablar conmigo. Comenzó a contarme que su marido había muerto recientemente, sin embargo y a pesar de ello no había perdido su alegría.

Entonces me pregunte a qué tipo de alegría ella se refería, pero como si hubiera estado leyendo mi mente continua diciendo: «No quiero estar en casa sentada y sintiendo lástima por misma. He tenido un contacto con Jesús toda mi vida, y a través de Él he recibido mucha alegría. Lo que ha sucedido ha sido una gran prueba, pero después de todo lo que Él me ha ayudado en el pasado, me ayudará a superar todo esto también.»

Me fascine de su fe y su convicción. ¿Cómo podría yo también llegar a experimentar una tal alegría? Yo, que a menudo he sentido lástima por mi misma hasta en las más pequeñas situaciones, la veía a ella feliz después de una de las experiencias más difíciles que una persona puede tener.

«Tú necesitas un lugar en donde puedas orar a Dios», dijo ella. «Has esto desde tu temprana juventud, entonces encontraras esta alegría y serás capaz de preservarla durante toda la vida.» La conversación duró solo unos minutos, pero cuando ella se fue, me di cuenta de lo mucho que me había dado en esos pocos minutos. Ella me dio el secreto de una vida buena y feliz. Por mi parte, hice como ella me dijo y busqué un lugar donde pudiera orar a Dios. Ahora, yo misma he encontrado esta alegría.