Lo que debo recordar en «un mal día»

Lo que debo recordar en «un mal día»

Escrito por: Heather Crawford | Publicado: lunes, 01 de agosto de 2016

¿Alguna vez tuviste un día donde parece que todo anda mal?

Desde el momento en que te levantas de la cama, sólo deseas regresar y pasar por encima de todas las cosas que tienes por delante ese día. Creo que todos hemos vivido momentos así.

Una promesa de Dios

Es un día en el que Dios te da posibilidades especiales para vencer. En realidad no sentirás que él se ocupa mucho de ti, ¡ya que todo parece ser tan malo! Pero la palabra de Dios es clara. «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar 1 Corintios 10,13. Significa que también en los días que todo parece estar en contra tuyo es posible no estar irritado y amargo, ni tampoco caer cuando eres tentado.

Es un día en el que Dios te da posibilidades especiales para vencer.

El ejemplo de David: Un vencedor sin miedo

Recuerdo en especial una vez que tuve uno de estos días; parecía que todo estaba en contra mío. Cuando me acosté en la noche y me puse a pensar sobre todas las cosas que habían sucedido, me recordé de la historia de David y Goliat en el antiguo testamento. David solo era un hombre joven contra un tremendo gigante, pero él no tenía miedo porque estaba tan lleno de espíritu de fe y con plena confianza en Dios. En ese espíritu de fe y en esa fuerza pudo vencer y matar al gigante, y finalmente todo el ejército enemigo fue vencido. Él decapitó a su enemigo y como resultado de su fidelidad se restableció la paz para los israelitas que anteriormente habían sido molestados por los filisteos.

Una vida victoriosa

Pensé en el día que recién había tenido. Sentí que había estado en el campo de batalla durante todo el día y todo lo que pude ver fueron enemigos en mi carne, como mi propia irritación o el enojo porque no podía cambiar mi situación. Qué fácil es que uno en un tiempo así uno permita que la frustración se transmita a los demás – respondiendo de manera insolente o con enojo. Pero yo sabía que si hacía esto mis enemigos iban a ganar. Entonces no los iba a vencer; ellos me iban a vencer a mí. En vez de reaccionar de esa forma pude reconocer a los enemigos en mí y elegir condenarlos antes de caer. Pude negar dar lugar a cosas como la amargura, la irritación o el enojo. Cada vez que querían aparecer pude decir «¡No!» y pedir por fuerza para vencer.

Sabía que las cabezas de mis enemigos estaban en mis manos y sentía una paz y un gozo increíbles porque sabía que Dios realmente me había dado una salida en estas diversas situaciones.

Al final del día pude decir que había luchado una batalla increíble contra mi propia naturaleza pecaminosa. Sabía que las cabezas de mis enemigos estaban en mis manos y sentía una paz y un gozo increíbles porque sabía que Dios realmente me había dado una salida en estas diversas situaciones. Sabía que no me había rendido sino que había vencido.

¡Dios desea lo mismo para ti en tu situación! ¡Tú también puedes restablecer la paz en el país, también en aquellos días que al parecer todo va mal!