Misionando de una forma diferente

Misionando de una forma diferente

Escrito por: Harald Kronstad | Lugar: Drammen, Noruega | Publicado: miércoles, 16 de noviembre de 2011

No nos conocimos en África o en un rincón lejano del planeta. No, estamos en nuestro propio país, en un viaje de bus común y corriente.

–Yo también creo en Dios y oro cada noche. Lo hago desde que era niña.

–Sí, es bueno creer en Jesús, le digo, y me alegro con ella.

La dama que va sentada a mi lado durante el largo recorrido del bus, anteriormente me ha contado bastante sobre su vida. Tiene más de sesenta años de edad y va a jubilarse dentro pocos meses, algo por lo que está muy feliz.

–¿Lee la Biblia?, le pregunto.

–No lo hago, contesta ella. ¿Crees que debería?

–Sí, creo que sería muy bueno para usted y que le daría algo a que aferrarse en la vida. La Biblia es un libro fantástico que nos da verdadera ayuda y una dirección en la vida. ¡Me ha dado gran ayuda y bendición en mi vida!

–La vida es muy diferente para nosotros, responde ella. Tú tienes esposa e hijos, yo en cambio no tuve hijos. Estuve casada dos veces, pero me separé y ambos matrimonios los terminé yo. He mantenido una buena relación con mis ex maridos, pero me siento arrepentida por el daño y dolor que he causado a otras personas a causa de mis decisiones.
Hay un espíritu de reconocimiento en sus palabras y tengo una fuerte sensación de que fueron dichas con sinceridad.

–Yo no puedo decir que tengo miedo de morir, pero sí estoy un poco expectante de cómo Dios me recibirá, continúa.

–De alguna forma, entiendo lo que quieres decir, pero ese asunto puedes ponerlo en orden ahora, mientras vive. De hecho, hoy mismo puede ponerlo en orden.

–¿De verdad?

Saqué mi Biblia del maletín y encontré las palabras de Pablo en Romanos 10:9-10. Que que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Ella escucha con atención mientras nos conmovemos por estas palabras llenas de esperanza.

–¿Sabes? No creo que usted esté lejos del reino de los cielos.
Empiezo a notar en mí algo firme y convincente.

–¿Por qué crees eso?

–Usted está sentada aquí ahora, y he recibido gracia para recibir el reino de los cielos y la vida eterna en mi corazón. Estas palabras brotan directamente desde mi corazón, y siento como una corriente de gratidud por la bondad de Dios corre dentro de mí.

–Es verdad, responde ella.

–Reciba a Jesús como el jefe en su vida y viva para Él el resto de sus días. ¡No debería tomar mucho tiempo para que reciba convicción acerca de su eternidad y de cómo Dios la recibirá! Piense en el ladrón que fue crucificado con Jesús, él reconoció su pecado y pidió ayuda a Jesús. Después de esa corta conversación de segundos en la cruz, Jesús le prometió que entraría al Paraíso. Puede ser igual para usted, y no necesita un largo tiempo de reflexión cuando Dios obra en su corazón. Me gustaría estar con usted en el cielo por toda la eternidad, le digo.

–¡Realmente me gustaría que fuera así!, responde ella. Ahora tengo mucho en qué pensar, continúa ella. ¿Sabes qué? Te prometo que empezaré a leer ese libro. Ella apunta a mi Biblia. Pero tú también debes prometerme algo.

–¿Qué?, le pregunto.

–¡Prométeme que orarás por mí!, Dice.

Ambos estamos tocados y conmovidos cuando bajamos del bus unos minutos más tarde. 
Un amigo viene a encontrarla, y me pide que lo salude mientras le dice reflexionando: Tenemos mucho de que hablar esta noche.

Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Isaías 55: 6-7.