¿Qué hay de mí?

¿Qué hay de mí?

Escrito por: C. Fossnes | Publicado: lunes, 01 de julio de 2013

Una carta al director de un periódico nacional captó mi interés recientemente. El cronista puso en el tapete un tema muy actual en los debates de la sociedad de hoy, la crítica a nuestros políticos, y la crítica a los líderes sociales en general. El tema recurrente en el artículo era la pregunta, ¿Qué hay de mí? ¿Estoy haciendo eso de criticar a los demás?

El artículo me hizo pensar en mi propia vida, y lo fácil que es tener reflexiones críticas y comentarios sobre cómo las personas a mí alrededor hacen su elección y se comportan. Esta tendencia está profundamente arraigada en mí como ser humano, y no pasa un día que tales pensamientos y tentaciones emergen en mi vida cotidiana.

¿Estoy haciendo eso de criticar a los demás?

En la Biblia escribe el apóstol Pablo a Timoteo, un hombre joven y dispuesto que anhelaba servir a Dios de todo corazón; ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello. Cuando él hiciera esto, estaría en condiciones de salvarse a sí mismo y a los que le oyeren (1 Timoteo  4, 16). ¡A menudo pienso en esta pequeña frase, pero de pronto tiene una nueva actualización!

Esto debe significar que tanto Pablo como Timoteo sentían esta humana tendencia de juzgar y criticar a los demás. Y precisamente en esto Pablo vio una tremenda posibilidad, para dirigir el foco hacia aquello con lo cual él y Timoteo podían hacer algo, ¡es decir su propia vida, sus propios pensamientos y sus propias decisiones! Que estas cosas fueran conforme a la Palabra de Dios y cómo Dios quería que fueran. 

Pablo vio una tremenda posibilidad, para dirigir el foco hacia aquello con lo cual él y Timoteo podían hacer algo, ¡es decir su propia vida, sus propios pensamientos y sus propias decisiones!

Para mí este pequeño artículo fue una invitación a pensar en Pablo y Timoteo, que casi dos mil años atrás experimentaron las mismas tentaciones que nosotros experimentamos hoy. La tentación a criticar y señalar con el dedo, especialmente a personas que llevan la responsabilidad de cosas las cuales sabemos y comprendemos muy poco. ¡Piensa cuán eficaz y constructivo sería si toda esa energía utilizada para criticar y condenar a otras personas la utilizáramos positiva y constructivamente! Para hacer el bien, decir cosas buenas, animar, fortalecer, orar por los demás.

¡Ten cuidado de ti mismo y de la Palabra de Dios!

¿Es posible entonces? Te puedes preguntar. Soy sólo un ser humano,  no puedo vivir de este modo ¿verdad? Si hubieras preguntado a Pablo creo que hubieras recibido el mismo desafío que tuvo Timoteo: Tener cuidado de sí mismo y de la doctrina. ¡Ten cuidado de ti mismo y de la Palabra de Dios! Ora a Dios por poder para vencer todas las tendencias humanas y pensamientos negativos. Pablo creyó y experimentó que la Palabra de Dios vivía, y tenía el poder para revolucionar su vida y forma de pensar, de modo que fuera completamente renovado. Por lo tanto, podía vivir una vida en armonía con Dios y su palabra, y cada día podía trabajar consigo mismo, y encontrar nuevas áreas para desarrollar para ser cada vez más semejante a Jesús. ¡Esta posibilidad también la tengo hoy!  ¿Estoy aprovechando la oportunidad?