¿Afligido a pesar del perdón?

¿Afligido a pesar del perdón?

Escrito por: G. Gangsø | Publicado: martes, 26 de abril de 2016

¿Tienes aún sentimientos de culpabilidad y una mala conciencia a pesar de que has sido perdonado?

El perdón de pecados es un regalo para nosotros los hombres ya que Jesús con su propia sangre nos ha redimido. Esto lo recibimos por fe

.
Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. (Hech. 15, 9) Cuando el corazón es purificado, entonces la conciencia también es purificada.


Esto ocurre a través de la fe, no hay nada que nos haga merecedor de esto. Esto lo recibimos cuando lo pedimos. En caso de haber dañado a otras personas con nuestros actos, tenemos que ser muy humildes y pedirles perdón por el daño provocado, ahí es posible. El ladrón en la cruz no tenía esta posibilidad, pero tenía el derecho de pensar en esto, por esto Jesús le abrió las puertas del paraíso. Jesús acepto su voluntad en lugar de sus crímenes.


No obstante puede suceder que somos fastidiados en nuestra conciencia y nos sentimos afligidos, después de que en realidad fuimos perdonados. ¿De dónde proviene esto?

El Diablo hace que sintamos culpabilidad

Tenemos un adversario, el diablo, que como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. (1 Pedro 5, 8) Él siembra duda sobre todo lo que tenga que ver con el reino de Dios. Es la serpiente antigua y el acusador de nuestros hermanos. Es una peste, y aunque uno ha puesto en orden sus cosas, nunca deja de ser esto suficiente. Especialmente cuando uno como hombre tiene una conciencia débil. Pedro nos exhorta: ¡Resistid firmes en la fe! (1 Pedro 5, 9) De nada sirve argumentar, solo tenemos que resistirle fieramente. La promesa es que al final él va a huir de nosotros. Si viene de vuelta tenemos que tomar nueva posición y rechazar todas sus acusaciones y entregárselas a Jesús, que dio su vida y anuló el acta de decretos que había contra nosotros. (Col. 2, 14)

La palabra de Dios es la máxima autoridad

Pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. (1. Joh. 3, 20) No debemos dejar que los pensamientos de nuestro corazón y los sentimientos tengan autoridad en nuestra vida, ya que estos son engañosos. Dios es más grande, y lo que Él ha dicho tiene autoridad sobre los pensamientos e intenciones del corazón. Esta espada del Espíritu, que es la palabra de Dios, vence al mismo diablo cuando la enfrenta, ahí entonces viene la paz de Jesús y la carga se hace liviana. Es fácil que una persona deje que su propia justicia obstaculice el camino de la fe. Pero la justicia de Dios es más grande y tenemos que someternos a ella.

Una decisión firme

Un doble ánimo no sirve. Así nunca seremos libres de las acusaciones del diablo. La decisión de servir a Dios tiene que ser firme. Malas acciones deben confesarse ante Dios (y hombres cuando sea necesario), y apartarse de ellas. (Prov. 28, 13) Es la tristeza sobre el pecado que crea odio contra el pecado, esto nos da el escudo de la fe con el que podemos apagar todos los dardos de fuego del maligno. (Efes. 6, 16) Entonces recibimos paz en la lucha y el maligno no nos toca. (1 Juan 5, 18)