¿Te falta fuerza para seguir a Jesús en tu vida diaria? Has como los apóstolos – ¡Ora para recibir El Espíritu Santo!
Debe haber sido difícil para los discípulos quedar solos después de la ascensión de Jesús – en quien tenían toda su confianza, el que siempre encontraba una solución en situaciones difíciles, y en cuya compañía siempre sentían seguridad y protección. ¿Cómo iban a continuar lo que Él les había confiado? Él les había pedido que lo siguieran. ¿Cómo lo harían ahora que Él ya no estaba allí?
Los discípulos recibieron El Espíritu Santo
Después que Jesús subió al cielo, esta escrito de los discípulos que perseveraban unánimes en oración y ruego. (Hechos 1,14) Ellos pudieron notar el gran vacío que se produjo cuando Jesús se fue, y buscaron a Dios en su angustia. Él vio el gran anhelo que había en ellos, y para Pentecostés les envió El Espíritu Santo. Como resultado, se cumplieron las palabras de Jesús: pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos… (Hechos 1,8) Este poder obró de tal forma en Pedro que podía estar de pie delante de una multitud de personas y proclamar las buenas nuevas de Jesús. Pedro, que antes había sido tan cobarde e incluso había negado conocer a Jesús.
El Espíritu Santo como Consolador
Jesús sabía que necesitaríamos el poder y guía del Espíritu Santo para llevar a cabo la obra que nos dejó. Vemos incluso, que cuando anhelamos hacer el bien pronto llegamos a nuestros propios límites. La ira, peleas y el mal se manifiestan en nosotros, en lugar del amor y paciencia. Estas son situaciones donde necesitamos del poder del Espíritu para aceptar la invitación de Jesús: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Mateo 16,24)
¿Te falta fuerza para seguir a Jesús en tu vida diaria? Has como los apóstoles – ¡Ora para recibir El Espíritu Santo! ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?… ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mateo 7,9-11)