7 fantásticas promesas para el que venciere

7 fantásticas promesas para el que venciere

Escrito por: Kathryn Albig con Bjørn Nilsen | Publicado: martes, 01 de marzo de 2016

Dios ama su creación. El pecado la destruyó, pero ahora Dios tiene un plan para volverla a su estado original de perfección, y recompensará a los que le ayuden a llevar a cabo este plan.

El pecado nació por causa del deseo de Satanás de establecerse sobre Dios, y esto destruyó la armonía en el cielo. Ahora Dios erradicará todo el pecado de su creación, de tal forma que no haya posibilidad de que esto ocurra de nuevo.

Dios creó a los seres humanos con el propósito de que gobernaran sobre el pecado. (Génesis 4,7) Todo su plan es que la humanidad viva una vida en la que odien y resistan el pecado, y digan sí a Dios – tengan victoria. El que vence el pecado en su propia vida demuestra que el camino de Dios es perfecto, y es parte de la obra para erradicar el pecado por la eternidad. Todos los que hagan esto degustarán las ricas recompensas de vivir una vida así. Estas promesas son para todos los que vencen.

La primera promesa gloriosa: El árbol de la vida

El que tiene oídos, oye lo que el Espíritu dice a las iglesias: «¡Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios!» Apocalipsis 2,7.

El árbol de la vida es un símbolo de la vida eterna.

Dios colocó el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y el mal entre los árboles en el jardín del Edén. Les dijo a Adán y Eva que podían comer libremente de todos árboles, a excepción del árbol del conocimiento. Una regla simple.

Pero Adán y Eva fueron desobedientes, y eligieron hacer su propia voluntad en lugar de la voluntad de Dios buena y perfecta, y a través de este simple acto entro el pecado también en el mundo. Si hubieran comido del árbol de la vida, habrían recibido vida eterna. Y el pecado también habría entrado en la eternidad. Dios cerró el acceso al árbol de la vida. (Génesis 3,24) Perdieron su oportunidad de recibir parte en la vida eterna.

Cada vez que resistes la tentación y vences sobre el pecado, tomas un bocado de la fruta del árbol de la vida.

Pero por causa de lo que Jesús hizo por ti, ahora vives en un tiempo donde nuevamente tienes la oportunidad de «comer» del árbol de la vida. ¿Qué significa esto? Cada vez que eliges hacer la voluntad de Dios en lugar de tu propia voluntad coges algo eterno; has recibido parte de algo en tu corazón que tiene valor eterno. Cada vez que resistes la tentación y vences sobre el pecado, tomas un bocado de la fruta del árbol de la vida. Atesoras para la vida eterna en la tierra nueva que Dios crea. (Apocalipsis 21,1)

La segunda promesa gloriosa: No sufrirás daño de la segunda muerte

«El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.» Apocalipsis 2,11.

La segunda muerte es el lago que arde con fuego (Apocalipsis 21,8). Este es el juicio sobre todo lo que está contaminado por el pecado. Cuando alguien no ha utilizado las oportunidades en su vida para vencer sobre el pecado, entonces es dañado por esta segunda muerte, porque nada que no puede soportar el fuego del juicio es permitido en la eternidad.

Tú que has utilizado tus oportunidades para vencer sobre el pecado mientras todavía estás aquí en esta tierra, no serás dañado por esta segunda muerte. Has reconocido el pecado al cual has sido tentado, has juzgado que es inaceptable para alguien que anhela obrar justicia, y lo has resistido.

La tercera promesa gloriosa: Maná escondido, una piedrecita blanca, y un nuevo nombre

«El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.» Apocalipsis 2,17.

El maná escondido

El maná escondido es algo que recibes ya en esta vida. Corresponde a tu vida oculta. Tu vida oculta es ese lugar allí dentro, donde nadie sabe lo que sucede a excepción de tú y Dios. Cuando oras por ayuda en tu vida oculta, cuando eres tentado a pensamientos impuros, al orgullo, a la mentira, etc. recibes ayuda desde lo alto. Este es el maná oculto que es dado a todos los que lo piden, a todos los que tienen un anhelo de ser libres del pecado. 

Una piedrecita blanca, y un nombre nuevo

Cuando el libro de Apocalipsis fue escrito, una piedrecita blanca era el símbolo de inocencia. Si uno iba a ser juzgado en el tribunal por un delito, una piedrecita blanca significaba inocente, y una piedrecita negra culpable. Recibir una piedra blanca significa que estás libre de la condena. Has sido probado y has sido hallado digno.

Aquí en la tierra se prueba tu fe – allí en la eternidad ha sido probada; ha resistido la prueba.

La piedrecita blanca es un símbolo de quién has sido a través de la fidelidad y tu determinación para gobernar sobre el pecado. Es una fe y pureza inflexible. Aquí en la tierra se prueba tu fe – allí en la eternidad ha sido probada; ha resistido la prueba. Tu nuevo nombre está escrito en esta piedra hecha de fe de pedernal.

Este nombre refleja las batallas en las que has estado, y los sufrimientos que has padecido. Ilustra en quién te has convertido por causa de tu fidelidad y gracia de Dios. (2 Pedro 1,4) Sabes qué batallas tuviste que soportar para llegar hasta allí, y te reconocerás inmediatamente en el nombre. Este es el último símbolo de la victoria y la transformación.

La cuarta promesa gloriosa: Autoridad sobre las naciones, la vara de hierro, y la estrella de la mañana 

«Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre; y le daré la estrella de la mañana.» Apocalipsis 2,26-28

Autoridad sobre las naciones – la vara de hierro

El mundo está lleno de injusticia. La injusticia progresa de forma constante en este mundo, en todos los niveles de la sociedad. Los que vencieren reinarán en la tierra con Jesús durante mil años. (Apocalipsis 20,6) Y tú puedes ser parte en poner todo esto en orden, liberar a las personas inocentes que están sufriendo bajo la opresión y el abuso. Entonces tendrás que «romper algunos vasos de alfarero». Necesitarás entonces una «vara de hierro». Para entrar en la situación y comenzar a ordenar.

Una formación es necesaria para procurar esta vara de hierro. Cuando comienzas a gobernar sobre el pecado en tu propia vida, tenemos aquí el campo de entrenamiento; es aquí donde recibimos poder. ¿Cómo puedes contribuir a restablecer el mundo, sin al menos haber aprendido a vencer el pecado y los poderes de las tinieblas? ¡La vara de hierro simboliza el enorme poder que hay en una vida victoriosa!

Cuando comienzas a gobernar sobre el pecado en tu propia vida, tenemos aquí el campo de entrenamiento; es aquí donde recibimos poder.

La estrella de la mañana

Pedro describe la estrella de la mañana como «…la palabra profética… que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.» 2 Pedro 1,19. 

La palabra profética es la palabra de Dios, y cuando dejas que la palabra alumbre en aquellos lugares oscuros en tu vida y que haga manifiesto el pecado que habita allí dentro, y eres humilde para tomar la gracia y utilizarla para vencer el pecado que encuentras, entonces la estrella de la mañana sale en tu corazón. La luz sustituye la oscuridad, y toda tu existencia se convierte en luz. A medida que más áreas en tu vida se van purificando del pecado, brillarás con más y más claridad hasta que la estrella de la mañana será tuya. La plenitud de la luz estará en tu ser. (Proverbios 4,18)

La quinta promesa gloriosa: Vestiduras blancas y el libro de la vida

«El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.» Apocalipsis 3,5.

Vestiduras blancas

Para ti que has vencido el pecado, la esposa de Cristo, es apropiado que te pongas vestiduras blancas que son sin «mancha ni arruga ni cosa semejante, sino… santa y sin mancha.» Efesios 5,27. Porque te has mantenido puro del pecado, las vestiduras blancas darán testimonio acerca de tu pureza por la eternidad. Por causa de tu obediencia, fidelidad y paciencia en ser un vencedor, tienes derecho a caminar junto a Jesús en vestiduras blancas. (Apocalipsis 19,8) 

El libro de la vida

Inicialmente el nombre de todos está escrito en el libro de la vida. Cada persona que nace está destinada a la vida eterna. El pecado es lo que causa que el nombre de uno sea borrado. (Éxodo 32, 32-33) Si quieres permanecer inscrito en el libro de la vida entonces tienes que vencer el pecado. Jesús dice: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás.» (Juan 10, 27-28) El camino para vencer el pecado ha sido claramente establecido por nuestro precursor y pastor. Sólo tienes que estar dispuesto a seguirlo en este camino.

La sexta promesa gloriosa: Una columna en el templo de mi Dios

«Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.» Apocalipsis 3,12.

Cómo ser una columna

Las columnas pueden soportar, son inamovibles. Es lo mismo contigo que eres un vencedor. Te conviertes en una columna. Independiente de lo que experimentes en la vida, las pruebas y tentaciones que debas enfrentar, jamás perderás la fe. Serás capaz de soportar cualquier cosa.

Pero no es tan simple como ganar una victoria, y luego convertirse en un pilar. No, es: «Al que venciere, yo lo haré columna.» Esto es un proceso. Es al que venciere, venciere y una vez más venciere. Es una vida victoriosa. Tu fidelidad en las pruebas y tentaciones te forman para ser una columna que cada vez es más fuerte. Entonces te conviertes en una parte del templo de Dios como se describe en Apocalipsis 21. Una columna que también puede fortalecer, sostener, y apoyar a los demás. Te vuelves una herramienta útil para Dios.

Independiente de lo que experimentes en la vida, las pruebas y tentaciones que debas enfrentar, jamás perderás la fe.

Jesús nos reclama como suyos

La nueva Jerusalén es la esposa de Cristo. (Apocalipsis 21,2,9-11) Al escribir sobre ti el nombre de Dios, el nombre de la nueva Jerusalén, y su propio nuevo nombre, ¡Jesús te reclama como suyo! Es un signo de pertenencia. Cuando has luchado contra el pecado, soportado, y vencido, del mismo modo que Él lo hizo cuando fue de carne y hueso como nosotros aquí en el mundo, entonces perteneces a Jesús y su Padre. La gloria de una tal promesa no se puede comparar con ninguna otra cosa.

La séptima promesa gloriosa: Le daré que se siente conmigo en mi trono

«Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.» Apocalipsis 3,21.

Reinar con Jesús

¡La gracia de Dios te ha dado la oportunidad de ser parte de la novia de Cristo! ¡Como parte de la novia te sentarás junto a Él en su trono, y juzgarás y reinarás sobre la tierra! La sabiduría que necesitas para poder hacer esto sólo puede encontrarse en lo que has aprendido viviendo una vida victoriosa. (Libro de la Sabiduría 1,3-4)

Cuando se trata de cuánta sabiduría recibes, es algo que depende totalmente de ti mismo. Recibes un sinnúmero de posibilidades en tu vida para vencer el pecado. Cada una de estas posibilidades, estas tentaciones, son una posibilidad de crecer más en las virtudes de Cristo y aumentar tu valor eterno.

 

Cuando se trata de cuánta sabiduría recibes, es algo que depende totalmente de ti mismo.

Personalmente no anhelo  ser el último, que apenas se cola con la gloria de una estrella parpadeante. ¡Anhelo brillar con la gloria del sol! Esta es la única forma correcta de dar gracias a Dios, y honrarle para la vida increíble e inefable y la eternidad a la cual me ha llamado, y por su bondad y amor incondicional.

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