¿A qué se refiere realmente la Biblia con «creer»?

¿A qué se refiere realmente la Biblia con «creer»?

Escrito por: Doug Lowery | Publicado: lunes, 12 de mayo de 2014

¡Cuando realmente crees en la Biblia, entonces te lleva a la acción! El creer no es un sentimiento pasivo.

Creer es más que el reconocimiento intelectual que la Biblia es verdad. Creer, también es más que tener la confianza que la Biblia es inspirada por Dios. Realmente creer, significa tener fe en que Dios vive, que es activo y está muy interesado en mí hoy.

«Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay…» (Hebreos 11,6) ¡Aquí está escrito que hay un Dios, no que hubo una vez un Dios! Lee todo el capítulo 11 de Hebreos, y te harás una idea de cómo los héroes de la fe en el Antiguo Testamento sortearon enormes obstáculos y serios problemas a través de su fe. Servían a un Dios vivo el cual los ayudaba de asombrosas maneras.

La fe no es pasiva

La fe en Dios te impulsa a actuar, como está escrito en la última parte de Hebreos 11,6 «… y que es galardonador de los que le buscan.» Los héroes de la fe buscaron diligentemente a Dios y fueron muy activos en su fe: «Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca… » (Hebreos 11,7) Hoy día también debemos buscar diligentemente a Dios a través de la lectura, y tener fe y simplemente obedecer su palabra y creer que es galardonador de nuestra diligencia.

Hoy día también debemos buscar diligentemente a Dios a través de la lectura, y tener fe y simplemente obedecer su palabra y creer que es galardonador de nuestra diligencia.

¿Cómo recompensa Dios a los que le buscan? Hay muchos ejemplos de esto en toda la Biblia. Por ejemplo, podemos leer en 2 Pedro 1,4 y ver que Dios «... nos ha dado preciosas y grandísimas promesas… » para que a través de estas promesas «lleguemos a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.»

Una preciosa promesa

Participar de la naturaleza divina es una recompensa fenomenal y no algo místico. La naturaleza divina no es más que el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, como podemos leer en Gálatas 5, 22-23. Otra forma de describir la naturaleza divina es la vida de Jesús, la cual puede ser manifestada en nuestra carne mortal. (2 Corintios 4,11)

Una vez más, la diligencia y la obediencia son requisitos si queremos participar de estos frutos del Espíritu. Debemos «huir de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia». (2 Pedro 1,4). Debemos llevar siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús. (2 Corintios 4, 10). Este proceso, donde huimos de esta corrupción, incluido el pecado que mora en nosotros, y experimentamos ser llenos de los frutos del Espíritu, es la esencia misma en el Nuevo Testamento.

Jesús ha vencido, y ha hecho posible para ti y para mí vencer de la misma forma.

Por medio de su fe viva los héroes en el Antiguo Testamento experimentaron el gran poder de Dios para destruir a sus enemigos y adversarios.  En el Nuevo Testamento Dios ha hecho algo aún más glorioso: Ha destruido el pecado que mora en la naturaleza humana en la carne de Jesús. (Romanos 8,3) Dios no obligó a Jesús; más bien Jesús mismo creyó y obedeció a Dios en todas las situaciones de su vida.

Jesús ha vencido, y ha hecho posible para ti y para mí vencer de la misma forma. (Apocalipsis 3,21) ¡Él puede salvarnos hasta lo sumo!

«Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible (Marcos 9,23)