¿Cómo me arrepiento?

¿Cómo me arrepiento?

Escrito por: David Risa | Publicado: viernes, 02 de mayo de 2014

¿Coinciden los pensamientos que dejas dar vueltas en tu cabeza con el bien, crees que todos piensan que eres una persona cristiana? ¿Tal vez es tiempo de arrepentirse y arreglar las cosas en el interior?

No es muy difícil hacer creer a los demás que vives una buena vida cristiana. En el exterior es bastante fácil ser amable, gentil y humilde. Pero, ¿cómo es en la vida de pensamientos? ¿Eres realmente tan amable y humilde allí? ¿Te sonrojarías de vergüenza si aquellas personas más cercanas pudieran ver los pensamientos que giran en torno a tu cabeza?

Estoy seguro que podrías inventar un montón de excusas de por qué has estado pecando en aquellos rincones, donde nadie ve. Pero es hora de empezar a ser honesto contigo mismo. Realmente honesto. Y sí, la verdad duele, pero no debes subestimar el increíble poder que tiene la verdad para liberarnos de las fuerzas que hay en la impureza, la ira y todos los otros pecados que pueden esclavizar a las personas toda la vida. Es tiempo para una conversión. Pero, ¿cómo? 

Muy sencillo, humíllate. 

Muy sencillo, humíllate. Sé tan pequeño ante tus ojos que tú mismo verás la persona que realmente eres: miserable y pobre, alguien que necesita ayuda.

«Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios ...» Joel 2, 12-13.

Cuando se trata de la vida de pensamientos, los intentos de la mayoría de la gente por vivir una buena vida cristiana sólo terminan en fracaso, pero no pierdas el tiempo tratando de culpar a los demás. La vida es demasiado corta para esto. ¡Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos! ¡Clama a Dios desde lo más profundo de tu corazón! Este es el primer paso del arrepentimiento, un completo reconocimiento a Dios acerca de cómo están las cosas contigo – posiblemente un reconocimiento de que no eres el asistente a la iglesia puro y santo que tus amigos piensan. 

«He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír Isaías 59, 1-2.

¡Tus pecados te han separado de Dios! Para poner en orden las cosas en tu vida tienes que contarle todo a Dios – en color, en alta definición, y sin omitir nada. Si te retractas de algo en este decisivo, primer paso, si hay algún pecado que no te atreves admitir, jamás serás completamente libre de tu pasado.

Sin embargo por el otro lado, si abres tu corazón a Dios y reconoces todo el pecado que ha plagado tu conciencia con esa persistente sensación de culpa durante tanto tiempo, entonces Salmos 32, 5 será tuyo:

«¡Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová! – Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah.» Salmos 32, 5.

¡El perdón! El increíble alivio del peso, siempre presente, antes de la culpabilidad. La alegría de saber que Dios ha borrado la pizarra. ¡La convicción bendita de haber sido llevado de la oscuridad a la luz, de la potestad de Satanás a Dios! Lo único que te puede dejar fuera de recibir este regalo glorioso es que te niegues a perdonar a los demás. Sin embargo después de ver el increíble ejemplo de misericordia de Dios hacia ti, después de finalmente verte a ti mismo lo miserable que eres, ¿cómo no vas a poder perdonar a los demás? 

Después de finalmente verte a ti mismo lo miserable que eres, ¿cómo no vas a poder perdonar a los demás?

Pero, ¿qué sigue entonces? Tienes el perdón de pecados, pero en el fondo te estremeces ante la idea de que tu vida de vueltas nuevamente en un ciclo interminable de pecado y perdón. ¡Esto no es libertad, es esclavitud! Entonces, ¿qué es lo que Dios requiere de ti ahora? Si haces una pausa y reflexionas por un momento, entonces te dirá exactamente lo que Él requiere.

Dios te ha perdonado – en cambio te pide que des un vuelco completo en tu vida. Él te señalará las cosas que debes poner en orden en relaciones con otras personas, los malos hábitos que debes renunciar, las personas con quien tienes que dejar de compartir y los sitios web que tienes que rechazar como la peste.

«Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.»  Isaías 55, 7.

Comienza a orar. Dile a Jesús todo acerca de tu deseo sincero de llegar a ser verdaderamente libre del férreo control que el pecado ha tenido sobre ti durante tanto tiempo. ¡Ora por fuerzas para preservar tu corazón como un templo para Dios diciendo «no» a la tentación! Llena tu corazón y tus pensamientos con cosas que te ayuden en la lucha contra todo lo que es impuro. No dejes que nadie te robe esta renovada hambre y sed que no puede ser satisfecha con el entretenimiento de este mundo.

Con el poder que recibes orando a Jesús, serás capaz de vivir el resto de tu tiempo en la tierra en libertad del pecado. Esto es lo que significa arrepentirse y ser un discípulo de Jesús – el llamado más grande que una persona podría desear, y una decisión de la cual nunca te arrepentirás.

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