Corazones sin engaño ni hipocresía

Corazones sin engaño ni hipocresía

Escrito por: Aksel J. Smith | Publicado: jueves, 20 de junio de 2013

«Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.  Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Juan 1, 47—48.

Pronto Jesús volverá nuevamente, y todo lo verdadero será arrebatado, los Israelitas espirituales en quienes no hay engaño.

La vida de Jesús fue absolutamente pura de todo engaño e hipocresía. Su sacrificio fue sin reservas, y hasta la sangre. Sin embargo, donde iba encontraba engaño e hipocresía religiosa. Gente que honraba a Dios con sus labios, sin embargo sus corazones estaban lejos de Él.

La vida de Jesús fue absolutamente pura de todo engaño e hipocresía. Su sacrificio fue sin reservas, y hasta la sangre.

«En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.» Lucas 12, 1.

Aquí vemos la seriedad con que Jesús veía la hipocresía. ¡Él la odiaba! Asimismo podemos entender por qué Jesús se alegró tanto cuando descubrió a Natanael. Su testimonio hacia él no fue superficial. Lo había examinado con cuidado, desde cuando estaba debajo de la higuera.

Abiertos y honestos, con sus vidas en la luz

Este mismo testimonio puede dar Jesús a todos los Israelitas espirituales—aquellos que están en Su esposa. ¿Puede decir lo mismo acerca de ti y de mí mientras nos conducimos en nuestras tareas diarias: ¡He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño!? Si no es así, debemos a la brevedad asegurarnos que así sea, si queremos ser moldeados y estar listos para su venida.

La condición para entrar a la escuela de discipulado de Jesús, es renunciar a todo y dejar todo engaño e hipocresía y todo rastro de malicia. 1 Pedro 2:1; Santiago 1:21.

Sera un gran día cuando Jesús vuelva, y reúna a sus condiscípulos.

Que bueno es cuando nos encontramos con tales discípulos verdaderos, en quienes no se haya nada maligno. Que nunca actúan con motivos ocultos. Que son abiertos y honestos; y sus vidas están en la luz. Que piensan, hablan y hacen el bien. Que sus vidas jamás muestran lo contrario. Que si pudiéramos ver en sus corazones, descubriríamos abundancia de bondad en relación a la que manifiestan. Esta es la verdadera e inefable hermandad en el cuerpo de Cristo, que resiste la prueba en días buenos y malos en la tierra, y por la eternidad.

Sera un gran día cuando Jesús vuelva, y reúna a sus condiscípulos, a quienes Él mismo ha enseñado, para Su eterna gloria y alabanza. Serán rocas eternas en la ciudad, la Nueva Jerusalén, y las naciones anduvieran a la luz y gloria de ella. Apocalipsis 21. Donde no hay ninguna mezcla de gloria, sino que es clara como el cristal; es completamente genuina.

Guarda tu corazón puro

El evangelio es realmente poder para salvación de todo engaño e hipocresía. Pedro proclamó el evangelio, y los corazones de los gentiles fueron purificados a través de la fe. Hechos 15:9. “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” Mateo 5:8. Sin embargo, mantener el corazón puro no es un proceso automático. “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” Proverbios 4:23.

No le daremos lugar al diablo. Le resistiremos firmes en la fe.

Las tentaciones vienen como pensamientos malos e impuros a través de mi carne y quieren adquirir espacio en mi corazón. Aquí es donde necesito luchar en fe para mantener mi corazón puro.  No es pecado ser tentado, pero si abro mi corazón a pensamientos malos e impuros, entonces yo mismo me vuelvo malo e impuro. No debemos ceder ante el mal. Debemos resistirlo, firmes en la fe. Tenemos que apagar todos los dardos de fuego del maligno con el escudo de la fe. Efesios 6:16.

Por la fe en Cristo es totalmente posible mantener nuestros corazones puros, sin engaño ni hipocresía, incluso en este último tiempo, en que las personas tienen apariencia de piedad pero niegan su poder. 2 Timoteo 3:5.

Un espíritu inquebrantable

“He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.” Salmos 51:6. Dios no puede depositar en mí lo más preciado que Él tiene — su sabiduría que es primeramente pura—si no tengo lugar para Él en lo más íntimo de mi corazón. “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.” V. 10

Este espíritu no puede ser vacilante en ningún modo — tampoco tambaleante o caprichoso. Debe ser un espíritu inquebrantable, que en todo es noble, bueno, y verdadero, y en el cual Dios y las personas pueden confiar. Esta es la clase de hermanos que Jesús tiene, con quienes se regocijará por toda la eternidad e infinita gloria. Y Jesús es el primogénito entre tales hermanos. Romanos 8:29.

 

Fra bladet Skjulte Skatter, desember 1962
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