¿Es posible la unidad entre los cristianos?

¿Es posible la unidad entre los cristianos?

Escrito por: Jan-Hein Staal | Publicado: sábado, 16 de mayo de 2015

¿Es la intención que los cristianos estén divididos en tantas iglesias y grupos?
¿Podemos, tú y yo, hacer algo con esta de unidad?

¿Cómo comenzó la primera iglesia cristiana?

La Biblia nos cuenta cómo comenzó todo, cómo Jesús explicó a todos sus seguidores las condiciones para una vida de un discípulo: Estar dispuesto a darlo todo y odiar su propia vida; tomar su cruz cada día, y no hacer su propia voluntad. Durante todo el tiempo que estuvo en la tierra, oró por sus discípulos, y pudo mantener la unidad entre ellos. Ya en ese entonces había peligro de divisiones, por ejemplo cuando le preguntaron quién de ellos era el más grande.

Justo antes de su muerte Jesús oró: «¡Padre santo!, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros Juan 17,11.

Posteriormente, hombres como Pablo han luchado y orado por la unidad entre los primeros cristianos. En sus cartas a las primeras iglesias los exhorta a ser uno y a amarse mutuamente. A los corintios, con todos sus problemas, les escribe por ejemplo: Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. 1 Corintios 1,10.

Las condiciones para una vida de un discípulo: Estar dispuesto a darlo todo y odiar su propia vida; tomar su cruz cada día, y no hacer su propia voluntad.

A la iglesia en Éfeso Pablo explica que todos los cristianos juntos son como un cuerpo. Jesucristo es la cabeza, y cada miembro anhela hacer lo que Él dice. Y por eso, todos los cristianos, hermanos y hermanas, están bien unidos entre sí, y atados unos a otros y a la cabeza en amor.

Después de un corto tiempo en la primera la primera iglesia...

La gran mayoría de los cristianos se conforma con que esto es simplemente así, pero al mismo tiempo tienen la esperanza de que probablemente en algún momento todas las diferentes iglesias serán una, en el cielo.

Las discusiones entre personas, las discusiones sobre conocimiento y doctrinas, la simpatía y la antipatía, el ceder ante la amargura, la envidia y la búsqueda de honra, sí – todo esto desde la primera iglesia cristiana ha hecho su trabajo destructivo. En lugar de luchar y orar para reconstituir y preservar la unidad, casi todos poco a poco se han acostumbrado a todas estas divisiones. Se ha vuelto una estructura sólida. Es verdad que de vez en cuando se organizan reuniones entre las diferentes iglesias, pero después todos regresan a sus respectivas iglesias o congregaciones.

La gran mayoría de los cristianos se conforma con que esto es simplemente así, pero al mismo tiempo tienen la esperanza de que probablemente en algún momento todas las diferentes iglesias serán una, en el cielo. Sencillamente ya no creen que sea posible terminar con toda dispersión, separación y división entre los verdaderos discípulos aquí en la tierra. La razón de toda esta dispersión es el pecado en todas sus manifestaciones. De la simpatía y antipatía a la envidia, orgullo e intolerancia.
 

¿Podemos, tú y yo, hacer algo con esta dispersión?

En el tiempo de los primeros cristianos esta unidad comenzó en lo poco. Unas pocas personas, que querían vivir de todo corazón para Jesús, tuvieron que aprender a orar unos por otros, a amarse, y a perdonar y soportarse mutuamente. Tuvieron que aprender a no aferrarse a sus propias opiniones y conocimiento, pero juntos a buscar la luz y sabiduría de Dios en la Biblia. Desde allí, esta pequeña iglesia podría seguir creciendo. Sin embargo, desde el momento en que el trabajo por esta unidad cesó, comenzaron a surgir y desarrollarse gradualmente todas estas iglesias y movimientos.

La  verdadera unidad también es posible entre discípulos de nuestro tiempo.

Pero tú y yo, en nuestro propio lugar, podemos comenzar a aferrarnos a lo que Jesús dijo a los primeros discípulos: Estad dispuesto a darlo todo y odiar tu propia vida; tomar tu cruz cada día, y no hacer tu propia voluntad. Así también, podemos orar y buscar cristianos que también anhelan vivir de esta manera. Porque la  verdadera unidad también es posible entre discípulos de nuestro tiempo.