Josué y Caleb: Un espíritu de la fe

Josué y Caleb: Un espíritu de la fe

Escrito por: Milenko van der Staal | Publicado: viernes, 17 de abril de 2015

Cuando tenemos el espíritu de la fe Dios nos puede ayudar a vencer cualquier poder aparentemente invencible.

Los doce espías regresaron de reconocer la tierra de Canaán para dar cuenta a Moisés y al pueblo de Israel. El pueblo estaba muy entusiasmado. Dios mismo los había guiado fuera de Egipto, y por fin había llegado la hora de la verdad. Cuarenta días pasaron desde que Moisés envió a los espías, con instrucciones claras de averiguar lo mayor posible antes que los israelitas entraran en la tierra y la tomaran como propia. Sus palabras de despedida fueron: «¡Y esforzaos, y tomad del fruto del país!» (Lee Números 13 y 14.)

¡Y los espías regresaron, cargando una variedad de uva tan grande que entre dos hombres tenían que cargarla! «Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella.» Con emoción la gente se reunió alrededor de ellos para ver con sus propios ojos. Todos querían una parte de los frutos.

La tierra prometida

Los frutos de esta tierra son las virtudes y bendiciones que recibimos: el amor, el gozo, la paciencia, la bondad y la paz. ¿Quién no quisiera tener estos frutos?

En el nuevo pacto también se nos dice que debemos tomar nuestra tierra prometida. Como cristianos hemos recibido las más grandes y preciosas promesas: Terminar con el pecado y ser partícipes de la naturaleza divina (2 Pedro 1, 3-4). Los frutos de esta tierra son las virtudes y bendiciones que recibimos: el amor, el gozo, la paciencia, la bondad y la paz. ¿Quién no quisiera tener estos frutos?

Pero el gozo de los israelitas no duró mucho. Los espías también habían encontrado los habitantes de la tierra: gente fuerte, viviendo en ciudades fortificadas. Su informe fue deprimente: «La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. … y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.»

El pueblo de Israel cayó en la desesperación y lloró toda la noche. ¿Todos sus sueños terminaban con esto? ¿Realmente habían padecido tantas adversidades, sólo para ser frustrados en el portal de la tierra prometida?

¿Tienes fe?

A menudo puede suceder también en nuestra vida. Renunciamos a nuestra vieja vida para seguir a Jesús, con grandes esperanzas de una vida mejor. Entonces aparece nuestro enemigo, el pecado en nuestra naturaleza, grande y amenazante, aparentemente imposible de vencer. Comenzamos a sentir que cuesta demasiado ser cristiano; que es mucho trabajo. ¿Por qué Dios no nos ayuda?

Dios no puede ayudar a los que no quieren tener fe. Tiene demasiado respeto por la libre voluntad que nos ha dado. De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Por otro lado, Él recompensa ricamente a los que le buscan. (Hebreos 11,6)

Dios no puede ayudar a los que no quieren tener fe. Tiene demasiado respeto por la libre voluntad que nos ha dado.

Josué y Caleb, dos de los espías, se pronunciaron. «Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará… Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová.»

Uno habría pensado que el pueblo se llenó de coraje y recordó las promesas que Dios les había dado y los milagros que había realizado. Pero no. Por el contrario, por causa de su incredulidad cuando se encontraron con la adversidad, hubieron preferido apedrear a estos hombres de fe en lugar de asumir una batalla y luchar por la tierra prometida.

Tener fe es una elección

Entonces Dios intervino. Al no tener fe en Él, el pueblo de Israel negó prácticamente el poder y la gloria de Dios. Su justa ira se encendió contra ellos, y juró que ninguno sobre 20 años entraría en la tierra, sin embargo todos perecerían en el desierto.

La fe significa ser obediente, incluso cuando no podemos ver los resultados. La fe significa acción. La fe da resultados.

Con dos excepciones: «Pero a mí siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión... Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.»

Ellos tenían otro espíritu – el espíritu de la fe. La fe no significa mirar las cosas que se ven, sino creer que Dios es Todopoderoso. La fe significa ser obediente, incluso cuando no podemos ver los resultados. La fe significa acción. La fe da resultados.

Dios quiere que elijamos tener fe, y elijamos obedecer. Él quiere que sacrifiquemos algo. Dios estaba con Josué y los israelitas, pero tenían que demostrar que era algo que realmente querían. En la conquista de Canaán después de la caída de Jericó, ninguna ciudad fue tomada sin lucha.

Degustar de los frutos

Nada podemos tomar sin lucha, pero cuando luchamos no hay nada que no podamos tomar.

En este mismo espíritu de la fe luchamos nuestra propia batalla contra el pecado en nuestra naturaleza. Debemos renunciar a nuestra propia voluntad y los deseos pecaminosos. Él nos da la fuerza cuando le buscamos en fe, y cuando vencemos toda la gloria es para Él.

Nada podemos tomar sin lucha, pero cuando luchamos no hay nada que no podamos tomar. Uno por uno caerán los enemigos ante nosotros. Y con esto hacemos algo más que ver «los frutos de la tierra» desde lejos. El amor, la alegría, la paz, y todas las virtudes – las sostendremos en nuestra mano y las degustaremos. La tierra prometida es nuestra.