La cuarta promesa gloriosa: Autoridad sobre las naciones, la vara de hierro, y la estrella de la mañana

La cuarta promesa gloriosa: Autoridad sobre las naciones, la vara de hierro, y la estrella de la mañana

Escrito por: Kathryn Albig con Bjørn Nilsen | Publicado: viernes, 17 de julio de 2015

«Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre; y le daré la estrella de la mañana.» Apocalipsis 2,26-28

Dios ama su creación. El pecado la destruyó, pero ahora Dios tiene un plan para volverla a su estado original de perfección, y recompensará a los que le ayuden a llevar a cabo este plan.
El pecado nació por causa del deseo de Satanás de establecerse sobre Dios, y esto destruyó la armonía en el cielo. Ahora Dios erradicará todo el pecado de su creación, de tal forma que no haya posibilidad de que esto ocurra de nuevo.

Dios creó a los seres humanos con el propósito de que gobernaran sobre el pecado. (Génesis 4,7) Todo su plan es que la humanidad viva una vida en la que odien y resistan el pecado, y digan sí a Dios – tengan victoria. El que vence el pecado en su propia vida demuestra que el camino de Dios es perfecto, y es parte de la obra para erradicar el pecado por la eternidad. Todos los que hagan esto degustarán las ricas recompensas de vivir una vida así. Estas promesas son para todos los que vencen.

Autoridad sobre las naciones – la vara de hierro

Los que vencieren reinarán en la tierra con Jesús durante mil años. (Apocalipsis 20,6) Esto será algo realmente especial. Jesús tendrá su base en Jerusalén, y su rebaño que es su esposa repartida sobre toda la tierra, sanando y restableciendo. El mundo está lleno de injusticia. Uno puede ver por ejemplo dictadores, crímenes de guerra, pobreza. Los inocentes sufren. La injusticia progresa de forma constante en este mundo, en todos los niveles de la sociedad. Hay mucha miseria, muchas cosas que están mal en el mundo.

Cuando comienzas a gobernar sobre el pecado en tu propia vida, tenemos aquí el campo de entrenamiento; es aquí donde recibimos poder.

¡Y tú puedes ser parte en poner todo esto en orden! Necesitarás entonces una «vara de hierro». Para entrar en la situación y comenzar a ordenar. Serás capaz de liberar a las personas inocentes que están sufriendo bajo la opresión y el abuso. Entonces tendrás que «romper algunos vasos de alfarero». Un mundo que está desmoronándose comienza a edificarse nuevamente.

Una formación es necesaria para procurar esta vara de hierro. Cuando comienzas a gobernar sobre el pecado en tu propia vida, tenemos aquí el campo de entrenamiento; es aquí donde recibimos poder. ¿Cómo puedes contribuir a restablecer el mundo, sin al menos haber aprendido a vencer el pecado y los poderes de las tinieblas? ¡La vara de hierro simboliza el enorme poder que hay en una vida victoriosa!

Cuando ves el dolor y sufrimiento que tantos deben soportar en este mundo, ¿no es un consuelo saber que a través de tu fidelidad personal trabajas para poder ser capaz de hacer todo lo que es malo bueno nuevamente?

La estrella de la mañana

Pedro describe la estrella de la mañana como «…la palabra profética… que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.» (2 Pedro 1,19)

La luz que recibes de la estrella de la mañana irradiará a través de ti y los demás podrán ver la vida de Cristo en ti.

La palabra profética es la palabra de Dios, y cuando dejas que la palabra alumbre en aquellos lugares oscuros en tu vida y que haga manifiesto el pecado que habita allí dentro, y eres humilde para tomar la gracia y utilizarla para vencer el pecado que encuentras, entonces la estrella de la mañana sale en tu corazón. La luz sustituye la oscuridad, y toda tu existencia se convierte en luz. A medida que más áreas en tu vida se van purificando del pecado, brillarás con más y más claridad hasta que la estrella de la mañana será tuya. La plenitud de la luz estará en tu ser. (Proverbios 4,18)

No se trata solamente de vencer sobre el pecado, sino que se trata de ser libre. De ser cada vez más y más feliz. La luz que recibes de la estrella de la mañana irradiará a través de ti y los demás podrán ver la vida de Cristo en ti. Verán lo atractiva que es esta vida. ¡Tu vida podrá atraer a las personas a Cristo!