Los sentimientos contra el pecado - ¿ves la diferencia?

Los sentimientos contra el pecado - ¿ves la diferencia?

Escrito por: Kate Kohl | Publicado: viernes, 03 de junio de 2016

He tomado la decisión de querer ser un discípulo de Jesús, y sé que esto significa que ya no tengo que pecar más. Mi mente está decidida que sólo quiero hacer el bien, y no quiero ceder cuando sea tentada a pecar. ¡Pero no es tan fácil! El pecado siempre se manifiesta, aunque quiero hacer el bien. ¿Es posible recibir total victoria, cuando mis sentimientos son tan fuertes?

Estoy sentada en mi auto en la entrada de la casa de una amiga. Le dije que la recogería a las 7:45. Ahora son las 7:50, y todavía no ha salido de su casa. Tenemos que llegar a las 8:00 donde vamos. Le he tocado la bocina dos veces, así que sé que sabe que estoy aquí. Me siento muy molesta e impaciente ahora. Es algo que siempre hace. Sólo quiero decirle un par de verdades.

El pecado siempre se manifiesta, aunque quiero hacer el bien. ¿Es posible recibir total victoria, cuando mis sentimientos son tan fuertes?

Me siento muy mal. Me encantaría ser paciente y amable, pero estoy aquí sentada sintiéndome impaciente y molesta… otra vez. Siento que continuamente cometo pecado, sigo teniendo tales pensamientos. Ira, envidia, pensamientos impuros, por nombrar sólo algunos. Sé que estas cosas están mal, está escrito en la Palabra de Dios. ¿Qué debo hacer?

Yo no soy mis sentimientos

Entonces recuerdo algo que leí recientemente en una literatura cristiana:
«En Santiago 1,14 podemos leer: “sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia (deseos) es atraído y seducido” La mayoría de los creyentes cree que esto es pecado, y no quisieran sentir nada de sus propios deseos. Cuando se vuelven conscientes de sus deseos, entonces creen que algo está mal con ellos. Sin embargo, no leemos que no vamos a ser tentados cuando nos convertimos en creyentes, sino que vamos a vencer y no pecar. [1 Pedro 4,1-2] ¡Este es nuestro llamado en Cristo! Por lo tanto, cuando es tentado no ha cometido pecado; el pecado sólo se manifiesta cuando uno cede a los propios deseos.» (Sigurd Bratlie, «La gloria - asido por Cristo»)

De pronto me doy cuenta de algo. Justo ahora puedo sentir que estoy molesta, ¡pero no soy yo! Los pensamientos claramente han entrado en mi mente, pero no tengo que estar de acuerdo con ellos. Justo ahora los deseos de mi carne quieren tener el poder, pero en realidad esto es sólo una tentación.

Justo ahora puedo sentir que estoy molesta, ¡pero no soy yo! Los pensamientos claramente han entrado en mi mente, pero no tengo que estar de acuerdo con ellos.

Los deseos de mi carne son esa parte de mi naturaleza humana que quiere vivir de acuerdo a mi propia voluntad, en lugar de la voluntad de Dios. Es la parte de mí que quiere reaccionar de las formas que la Palabra de Dios dice está mal. Debido a que tengo deseos en mi carne, es que soy tentado a esos deseos en primer lugar. El deseo de ser impaciente, por ejemplo. El deseo a ofenderme cuando alguien dice algo de mí que no me gusta. Etcétera.

El momento de la tentación

Así que cuando siento que estos deseos se manifiestan en mi carne, ¿significa que he pecado? ¡De ninguna manera! Este es el momento de la tentación. Sólo caigo en pecado si conscientemente acepto en ceder y permitir que estos pensamientos cobren vida, a sabiendas que van en contra de la voluntad de Dios. Si bien siento estas cosas, no tengo que reaccionar conforme a ellas. No cometo pecado a menos que esté consciente que estoy siendo tentado y acepte que, sí; voy a hacer aquello a lo cual estoy siendo tentado.

Lo más importante que debo recordar es que hay una diferencia conmigo y con lo que estoy siendo tentado. Soy la persona que me he decidido a no pecar, sin importar lo que a mí carne se le ocurra. Sin importar lo que sienta – mis sentimientos no significan nada. Yo tomé la decisión, que determinó que odia y NO quiere cometer pecado.
(Lee Romanos 7 y 8)

No cometo pecado a menos que esté consciente que estoy siendo tentado y acepte que, sí; voy a hacer aquello a lo cual estoy siendo tentado.

Así que ahora cuando me siente en el auto y sienta que los deseos de mi carne se manifiestan con estos sentimientos de molestia e impaciencia, sé que es sólo una tentación. Debido a que tengo una naturaleza humana con deseos, es la razón de este sentimiento que soy impaciente. ¡Pero yo no soy mis sentimientos! ¡Soy un discípulo de Jesús, que no quiere pecar! No estoy de acuerdo con estos pensamientos. Digo un fuerte y decidido «¡no!» a la tentación. Aunque mi carne se sienta así, no lo permitiré con mi mente.

Aunque mis sentimientos quizás no cambian de inmediato, me niego a ceder y permitirme a mí mismo tener pensamientos impacientes. Le pido a Dios que me dé fuerza para resistir la tentación, independiente de cuánto tiempo dure, y Él lo hará. Oro en lugar de reaccionar con impaciencia, y así puedo reaccionar con amor.

Tentación = victoria

Cuando mi amiga se siente en el auto dos minutos tarde, no necesitará ni siquiera notar que fui tentada. Al contrario, puede sentir paciencia y bondad de mi parte. Por su propio bien, quizás necesita escuchar que debe ser más considerada con los demás, pero una exhortación tiene que venir por amor, porque sé que es para su bien. No por impaciencia, porque fue «muy molesto» para mí. Entonces lo tenemos bien juntas. Ningún sabor a pecado puede interponerse entre nosotras. Entonces he sido victoriosa; ¡He vencido! No he pecado; No he aceptado molestarme ni impacientarme.

Es una gran libertad saber que la forma en cómo reacciono cuando soy tentada, depende totalmente de mí.

Es una gran libertad saber que la forma en cómo reacciono cuando soy tentada, depende totalmente de mí. Sé que a través de la gracia de Dios Él me dará la fuerza para vencer cada vez que sea tentada. Es sólo una tentación a la vez, y con cada tentación puedo recibir un poco más de la naturaleza divina. (2 Pedro 1,4) Cada tentación puede ser una victoria, y espero con ansias el día en que mis reacciones naturales sean los frutos del Espíritu. Amor, bondad, paciencia, etc. (Gálatas 5) ¡Ésta es mi fe!