Maria: pequeña en sí misma, pero vista por Dios

Maria: pequeña en sí misma, pero vista por Dios

Escrito por: Janne Epland | Publicado: viernes, 22 de mayo de 2015

María tuvo que haber sido una joven muy especial. Fue elegida para llevar a Jesucristo, el Hijo de Dios. No podía haber sido cualquiera. ¿Quién fue la virgen María?

María no tenía pensamientos grandes de sí misma, pero creía plena y firmemente en la dirección de Dios en su vida, incluso cuando las circunstancias parecían imposibles. María realmente nos puede enseñar sobre la fe y la humildad.

Una joven común de Nazaret

Esta joven judía vivía una vida bastante ordinaria en Nazaret, una pequeña ciudad de Galilea. Pero un día un ángel vino donde ella y le dijo: «María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios (Lucas 1,30). ¡Había sido elegida de todas las mujeres del mundo para dar a luz el Hijo de Dios! Le tenía que poner por nombre Jesús. El ángel le explicó que el Espíritu Santo vendría sobre ella, y que de esta forma se convertiría en la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios.

Independiente de lo improbable que esto sonaba según el razonamiento humano, María valientemente respondió: «He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.» (Lucas 1,38) ¡Ella tenía plena fe y confianza en Dios!

«¡Hágase conmigo conforme a tu  palabra!»

Todos llegamos a situaciones que ponen a prueba nuestra fe. Quizás estamos en una circunstancia en la que es completamente natural preocuparse, tener intranquilidad por algo. Entonces la pregunta es si realmente creo en la perfecta dirección de Dios, si dejé completamente de lado todos los pensamientos de ansiedad y estoy asido de la palabra que dice «Por nada estéis afanosos.» (Filipenses 4,6). Entonces podemos a nuestro modo y a nuestro tiempo, responder: «Soy una sierva del Señor. ¡Hágase conmigo según tu palabra! Cuida de mí, como lo has prometido. Ahora echo sobre ti toda mi ansiedad, y elijo creer.»

Hay muchas otras formas que podemos demostrar nuestra fe en la vida diaria normal. Cuando somos recordados a dar, aunque ni siquiera nosotros tenemos mucho, entonces podemos de inmediato elegir creer en Lucas 6,38: «¡Dad, y se os dará!» Cuando queremos tenerlo bien nosotros primero, pero Dios en cambio obra en silencio en nuestro corazón sobre una familia que realmente podría estar necesitando ayuda, entonces puedo en fe aferrarme a lo que está escrito que «El alma generosa será prosperada (Proverbios 11,25).

¿Qué sucede entonces, cuando elegimos creer en la palabra de Dios y hacer según lo que Él obra en nosotros? ¡Experimentamos que Dios es verdad! Está firme junto a su palabra, así como sucedió con María, que concibió a Jesús, exactamente como el Ángel le había dicho.

María exaltó a Dios, no a sí misma

María tenía una actitud muy noble. Tenía plena fe y confianza en Dios, pero era pequeña en sus propios ojos. Después que el ángel la dejó, alabó a Dios que le había considerado su humildad y confiado esta gran tarea)

«Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, y su misericordia es de generación en generación a los que le temen.» (Lucas 1,46-50)

María nos muestra que aquellos que son pequeños y pobres en sus propios ojos, son valiosos para Dios, y Él se preocupa por ellos. ¡Él sólo ve nuestra fe! María no era ni una reina ni de la nobleza, pero Dios igual la escogió. A través de su vida había demostrado que consideraba a Dios como todo y a ella misma como nada. ¡Dios con gusto quiere usar a tales personas! Él vio la actitud humilde de María, y se convirtió en la madre de Jesús. Ella tenía la actitud correcta.

Una fe que puede ser nuestra

Está escrito de la virgen María:
«Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.»
(Lucas 1,45)

Este versículo también puede aplicarse a nosotros. Piensa poner nuestro propio nombre allí. ¡Esto puede ser realidad! Pero debemos ser probados, y ser fieles a la voz de Dios en nuestra vida diaria. Allí es donde está el fundamento de la fe. Por lo tanto, creamos en Dios, y sólo en Él. Seamos humildes, y dejemos de lado nuestra fuerte voluntad, opiniones y razonamiento. ¡Entonces Dios podrá usarnos!