Más que la ley

Más que la ley

Escrito por: Joop Neinders | Lugar: Usselo, Holanda | Publicado: miércoles, 10 de agosto de 2011

Podemos servir a Dios de muchas maneras. Como seres humanos nos gusta sentirnos seguros y protegidos. Nos gusta sentir que hacemos lo correcto. Dios nos ha dado en su Palabra varias reglas o leyes, y ha prometido que los que guarden estos mandamientos vivirán. Estas leyes tienen un buen resultado, y con facilidad pueden darnos esa sensación de seguridad y protección.

¿Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? (Mateo 19,20).

Un ejemplo de esto es la vida del joven rico en Mateo 19, 16-26. Él había guardado todas las leyes, y tenía una vida buena. Nadie podía señalarlo con el dedo. Había guardado los mandamientos, y externamente sus actos estaban en orden. Todas las personas pueden ver esto, por eso uno tiende a decir que está haciendo las cosas bien. Si vemos a nuestro alrededor, podemos notar que hay otras personas y otros cristianos que son peores que uno mismo, por lo que la sensación de satisfacción se vuelve aún más fuerte. Cuando estamos en este tipo de satisfacción, no somos discípulos de Jesús, porque él mismo ha dicho que debemos odiar nuestra propia vida (nuestra propia voluntad), si queremos ser sus discípulos.

Había algo más

Sin embargo, igual había algo especial con este joven rico. Cuando escuchó a Jesús, comprendió que había algo más. Muchos “buenos cristianos” no se dan cuenta de esto. Sus buenas obras y su celo por Dios los ciega y no comprenden que Jesús les quiere decir algo más. Ellos guardan todos los mandamientos, y externamente parecieran ser muy celosos. Evangelizan, organizan estudios bíblicos, actividades para los jóvenes y un montón de obras buenas. Acaso esto, ¿no es importante? Por supuesto, sin embargo detrás de todas estas obras buenas Jesús quiere decirnos algo. ¿Lo que Jesús nos quiere decir es tan simple como: haced buenas obras? No, porque Jesús nos quiere mostrar algo que todavía no es perfecto, nos quiere mostrar el pecado del cual aún no somos conscientes. Jesús le hizo ver al joven rico que él estaba esclavizado a su dinero. Y la ley no podía mostrarle esto, porque la ley dice que hay que dar diezmo, y esto lo había hecho el joven rico fielmente hasta entonces. Lamentablemente, el joven rico se fue triste.

¿Estás dispuesto?

¿Quién de nosotros está dispuesto a ir más allá que el joven rico cuando Jesús nos hable? ¿A quién de nosotros puede dar luz sobre el pecado que mora en la naturaleza humana? ¿Quién ama la verdad, a tal punto que con gusto sigue la palabra de Jesús, aunque esto le cueste todo? Los que reciben esta luz, llegan a un desarrollo en Cristo. Tales personas no están bajo la ley, porque son guiados por el Espíritu. Estos son verdaderos discípulos de Jesús, porque odian hasta su propia vida (Lucas 14,26). Estas personas son transformadas en el interior, ya que son renovadas día tras día, así como Pablo escribe, entre otras cosas, en 2 Corintios 4,16: Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.