¿Puede realmente Dios perdonar mi pasado?

¿Puede realmente Dios perdonar mi pasado?

Escrito por: David Risa | Publicado: lunes, 25 de enero de 2016

En la Biblia está escrito que podemos recibir el perdón de pecados. Pero, ¿es realmente posible? ¿Puede realmente Dios perdonar mi pasado?

¿Eres atormentado por todas las cosas malas que has hecho? El daño y dolor que has causado a los demás a través de tus palabras irreflexivas y acciones descuidadas. Para qué nombrar todos los pecados ocultos que solamente tú conoces. Sientes como si llevaras todo el mundo sobre tus hombros.

Cierra los ojos e imagina por un momento que Dios ha perdonado cada una de las cosas que has hecho. ¿No sería esto un enorme peso removido de tu mente? ¡Poder comenzar con borrón y cuenta nueva! ¿No haría esto de pronto tu vida mucho más atractiva? Suena demasiado bueno para ser verdad, pero ¿es realmente sólo una casualidad? Quizás estás sentado allí pensando: ¿Puede realmente Dios perdonar mi pasado?

Como seres humanos no nos cuesta mucho para amargarnos. Con facilidad guardamos rencor, rápidamente nos ofendemos y nos da una satisfacción inconsciente aferrarnos a cosas que ciertas personas han dicho o hecho contra nosotros. Con un historial como este no debería sorprendernos que sea casi imposible para nosotros comprender la extraordinaria capacidad de Dios para perdonar. ¡Perdonar a los demás pareciera algo de otro mundo, totalmente desactualizado! ¡Sería como pretender que las cosas nunca sucedieron, permitirles que se salgan con la suya, impunemente!

Es casi imposible para nosotros comprender la extraordinaria capacidad de Dios para perdonar.

«Pero ellos no lo merecen… » ¿Qué fue eso? Detente por un minuto y reflexionar sobre tu pasado nuevamente. ¿Realmente crees que estás en la condición de decidir lo que se merecen los demás? ¿Alguno de nosotros lo está?

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento está escrito lo que nosotros los pecadores realmente merecemos. El apóstol Pablo lo dice de esta manera: «porque si vivís conforme a la carne, moriréis.» Romanos 8, 13. Dios es justo y su palabra permanece para siempre. Se ve feo – al parecer todos merecemos la pena de muerte.

Sí, este es el final que nos hubiera esperado a todos; la muerte en nuestros pecados, si Dios mismo no nos hubiera mostrado su increíble amor: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.» 1 Timoteo 2, 5-6.

¡Jesucristo se dio a sí mismo en rescate por la humanidad! Voluntariamente bajó a la tierra y pagó por lo que Dios requería, en su totalidad. Jesús murió siendo un hombre inocente, ¡lo hizo justamente por ti! Murió por todos nosotros, y pagó por nuestros pecados con su propia sangre preciosa, abriendo un camino de regreso a Dios. Pablo describe la grandeza de este sacrificio en Romanos 5, 7-8. «Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.»

Pero también está escrito en Mateo 6, 14-15: «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.» Esto deja en claro que perdonar a los demás no es solamente una petición o un favor que Dios nos pide a cambio. Es una condición, y sin esta condición no podemos recibir perdón.

Perdonar a los demás no es solamente una petición o un favor que Dios nos pide a cambio. Es una condición, y sin esta condición no podemos recibir perdón.

Otra de las condiciones la encontramos en Hechos 3, 19: «Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados.» Este arrepentimiento es un cambio de tendencia desde la vieja forma a algo nuevo. ¡No es simplemente un sentimiento de vergüenza porque has pecado, sino un deseo sincero de no volver a pecar!

Estos son puntos vitales, y dos preguntas importantes a plantearse: ¿Qué tan rápido soy para perdonar a los demás? Y ¿Realmente me he arrepentido de mis pecados?

Esto debería despertar en cada uno de nosotros un profundo y eterno agradecimiento y un ferviente amor por Jesucristo, que pagó este sacrificio por nosotros. Él tomó carne y sangre, para ser semejante a quienes venía a salvar, y así poder tener la capacidad de ayudarlos. Quiere que la gente viva como Él lo hizo; quiere que tengan victoria sobre el pecado y glorifiquen a Dios con sus cuerpos, al igual como Él lo hizo. Esta es también la razón por la que quiere perdonar nuestros pecados: después que somos perdonados, podemos empezar esta nueva vida y demostrar nuestro amor y gratitud al seguirle. Podemos estar entre aquellos los cuales no se avergüenza de llamarlos sus hermanos. Hebreos 2, 9-18.

Mientras piensas en esto, recuerda el amor que Jesús tenía cuando murió por ti – el justo por los injustos – y nunca olvides que has sido purificado de tus antiguos pecados. Porque, ¿qué habría sido de cualquiera de nosotros si hubiéramos recibido lo que realmente merecíamos?

¿Qué habría sido de cualquiera de nosotros si hubiéramos recibido lo que realmente merecíamos?

«No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.»

Salmos 103,10-12