¿Qué significa nacer de nuevo?

¿Qué significa nacer de nuevo?

Escrito por: Robin Dashwood | Publicado: jueves, 23 de julio de 2015

Jesús es claro cuando dice que un cristiano debe nacer de nuevo. Mi anhelo es ver el reino de Dios, por lo tanto, ¿qué significa esto en realidad para mí? ¿Cómo me convierto en un cristiano que ha nacido de nuevo?

«Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.» Juan 3,3-6.

Es claro que no está hablando de nacer físicamente por segunda vez. Habla de un nuevo anhelo – una transformación espiritual. No hay un tiempo específico en la vida de un cristiano de cuando va a nacer de nuevo. Para cada uno en particular sucede según la obra de Dios en su vida. Él obra en mi corazón hasta que estoy listo para entregarme por completo a su dirección y poder.

Él obra en mi corazón hasta que estoy listo para entregarme por completo a su dirección y poder.

¿Por qué debo nacer de nuevo?

Esto sucede cuando llego al punto que me doy cuenta que todo lo que tengo y todo lo que he hecho no es suficiente. ¿Puedo decir que sirvo a Dios con mi vida? ¿Que en verdad guardo sus leyes y mandamientos? ¿Que tengo victoria sobre el pecado? Esto es lo que se exige de un discípulo de Jesús.

¿Estoy cansado de intentar e intentar, sin tener éxito? ¿Anhelo paz y reposo en mi corazón?

Es mi propia terquedad humana, orgullo y fe en mi propia fuerza y mis capacidades para lograr las cosas por sí solo lo que me impide tener una verdadera conexión con Dios. Lo que me impide realmente dejarme llevar y dejar que Dios dirija todo. Esta en la naturaleza humana el querer tener el control, y pensar que puedo lograr las cosas por sí solo. Pero quiero llegar al punto en que me doy cuenta que si realmente quiero agradar a Dios, no lo puedo hacer por mi propia cuenta.

Debo llegar al fin del puedo hacerlo por sí solo

Entonces termino con el «yo» y «puedo hacerlo por sí solo». ¡Lo he intentado, y he descubierto que no puedo! Reconozco que es Dios quien debe dirigir mi vida ahora. Cuando reconozco que no soy capaz de hacer nada por sí solo, entonces Dios puede tomar el relevo.

Cuando reconozco que no soy capaz de hacer nada por sí solo, entonces Dios puede tomar el relevo.

Jesús lo describe así: «Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo…» Apocalipsis 3,17. Sólo cuando reconozco esto, entonces puedo llegar al punto donde estoy listo para nacer «de agua y del Espíritu». Nada de lo que tengo como resultado de haber nacido de la carne, como una persona natural, es capaz de servir a Dios.

Un nuevo deseo

Sé que he nacido de nuevo cuando en mi corazón sé que no deseo nada de esta tierra, sino que quiero sólo servir a Dios y permitirle que tenga el control de mi vida. Un deseo ferviente de vivir por la eternidad en lugar de cualquier otra cosa en este mundo. Un deseo como el que tuvo Jesús, cuando dijo: «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Lucas 22,42.

Sólo cuando estoy dispuesto a renunciar a mi propia fuerza, orgullo, obstinación, y dejo de confiar en mis capacidades humanas, y sigo la dirección del Espíritu, que la voluntad de Dios puede suceder. Entonces descubro que todo es posible en el poder del Espíritu. Puedo mover montañas en mi vida. Lo que pensaba que era imposible, victoria sobre el pecado, se vuelve una realidad. Me convierto en una persona transformada; una nueva creación. Dejo que Dios me forme en la persona que quiere que sea.

Dejo que Dios me forme en la persona que quiere que sea.

Ver el reino de Dios

Entonces puedo ver el reino de Dios. Mis ojos se abren para ver más allá de lo que pertenece a esta tierra; ver lo que tiene verdadero valor. Con el reino de Dios viene todo lo que es verdaderamente bueno, tanto en este mundo como en la eternidad. Por lo tanto, buscar el reino de Dios es lo más gratificante que una persona puede hacer.

«Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza.» Efesios 1,17-19.