¿Qué tan bien conoces a Jesús?

¿Qué tan bien conoces a Jesús?

Escrito por: Janne Epland | Publicado: lunes, 29 de junio de 2015

Estos no son los «10 pasos para Jesús», o una guía de lectura para la Biblia. ¡Esta es una invitación para vivir exactamente como Jesús vivió! Esta es la única forma para llegar a conocerlo realmente.

¿Cuándo llego a conocer a alguien realmente?

¿Has estado alguna vez en un largo viaje con algunos amigos, quizás amigos que creías que conocías bien en un principio? Entonces, quizás también has experimentado que llegas  a conocer a estos mismos en un grado completamente diferente después del viaje. Lo que uno ha experimentado ha hecho que los lazos sean más estrechos. Uno tiene algo más en común.

Cuando uno comparte momentos, grandes y pequeños, se unen lazos invisibles entre las personas. ¡Es justamente de este modo que llegamos a conocer bien a Jesús! Tengo la posibilidad de compartir muchas, muchas experiencias con él, de un modo totalmente personal. Puedo tener una vida completamente en común con él, si lo quiero.

Jesús y yo

Sólo hay una manera de conocer bien a Jesús: viviendo la misma vida que Él vivió. Esto significa que tengo la misma meta que Él tuvo – vivir una vida libre de pecado. Ser transformado de uno que reacciona con malas reacciones y pensamientos, a uno que está lleno de bondad en todas las situaciones. La meta no es nada menos que la naturaleza Divina.

Jesús no finge como si entendiera lo que estamos pasando. Él lo sabe. Lo ha experimentado.

Entonces podemos comenzar a compartir experiencias, Jesús y yo. «¡Jesús, sé que soy muy débil! A menudo cuando hago algo bien, soy tentado a decir algo y así recibir honra por eso. ¡Aunque me he decidido a vivir sólo para Dios, todavía soy tentado a vivir para los hombres!» Entonces Jesús responde: «¡Querido amigo, sé exactamente cómo te sientes! He estado allí, también fui tentado a la grandeza y a la honra. Pero todo pensamiento lo vencí con el poder de Dios. ¡Así que no cedas, no te rindas! ¡También tendrás éxito!»

Jesús no finge como si entendiera lo que estamos pasando. Él lo sabe. Lo ha experimentado. Sabe exactamente lo que cuesta renunciar a su propia voluntad en estos momentos. «Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.» (Hebreos 4,15) Cuando hago lo mismo, entonces se forma una conexión única entre Jesús y yo.

«… a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte.» (Filipenses 3,10)

El contacto entre nosotros sólo se hace más y más fuerte cuando hago morir el pecado como Él lo hizo. Llego a conocer a Jesús a través de esta lucha. Cuando se siente pesado y difícil, entonces puedo animarme a mí mismo con el pensamiento de que Jesús ha estado en el mismo tipo de situación, pero consciente que «quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado.» (1 Pedro 4,1) También me vuelvo cada vez más semejante a Jesús cuando voy por este camino, ¡y por supuesto más feliz!

Necesito la ayuda y guía de Dios para vivir como Jesús

Cuando Jesús mismo fue tentado a pecar, y por ejemplo, se dio cuenta que quería tener pensamientos impuros,  entonces él nunca cedió a estos deseos. De igual forma necesitó algo más para negar estos pensamientos, para negar su propia voluntad en estas situaciones; necesitó la guía de Dios y fue dependiente de escuchar su voz y obedecer su palabra para encontrar el camino a seguir (Juan 5,30, Hebreos 5,7-9). Dios mismo fue su consejero durante toda su vida, y le mostró el camino a través de las situaciones para que siempre saliera del otro lado victorioso.

Si quiero vivir como Jesús, entonces necesito el Espíritu Santo

Jesús se ofreció a sí mismo en el poder de un Espíritu eterno (Hebreos 9,14). Fue en este poder que pudo rechazar el pecado cada vez que fue tentado. En el día de Pentecostés, hace unos 2000 años, envió al Consolador, el Espíritu Santo a la tierra para guiarnos y fortalecernos. Si quiero vivir como Jesús, entonces necesito el Espíritu Santo. Pero, ¿cómo hago para recibir el Espíritu Santo en mi vida?

La respuesta es simple: tengo que orar para recibirlo. Necesito haberme convertido de todo corazón, y anhelar por completo seguir a Jesús, y vivir para Él. Él da el Espíritu Santo a todos los que son obedientes a sus mandamientos (Hechos 5,30). ¡Dios con gusto me lo da! Él no desea otra cosa más que tengamos victoria sobre el pecado. A través de este Espíritu recibo una voluntad más fuerte para padecer, para dar lo que cueste para ser digno de Jesús. (Hechos 1,8, Zacarías 13,1)

Por lo tanto, también puedo leer sobre Jesús. Puedo orar a Jesús. Puedo pensar en Jesús. Pero sólo hay una manera de llegar realmente a conocerlo – siendo obediente y viviendo como Jesús.