¿Seguir tu sueño o seguir tu llamado?

¿Seguir tu sueño o seguir tu llamado?

Escrito por: Øyvind Johnsen | Publicado: lunes, 29 de septiembre de 2014

A menudo escuchamos en la publicidad: ¡Sigue tus sueños! ¡Hace tus sueños realidad! ¡Atrévete a seguir tus sueños! Se figura que el cumplir nuestros sueños es sinónimo de alcanzar la felicidad en la vida. Veremos que hay buenas razones para cuestionar esta figuración.

Especialmente cuando jóvenes tenemos muchos sueños. Por lo general giran en torno a una carrera o tener éxito en un deporte, profesión, arte o como artista. El logro de nuestros sueños sin embargo, depende de muchos factores y condiciones. A menudo son cosas que están fuera de nuestro control. Por ejemplo, las finanzas, el talento, el entorno y otras circunstancias necesarias para que mis sueños sean factibles. Por lo tanto, hay mucha incertidumbre relacionada en torno a la posibilidad de alcanzar los sueños propios. Uno con seguridad puede decir que es bastante improbable poder cumplir nuestros sueños. Y porque hay otras personas y/o circunstancias que a menudo determinan lo que sucede.

Al igual que sucede con una vocación profesional o una profesión, también hay condiciones para cumplir nuestro llamamiento celestial.

Así no es con el llamamiento celestial. Este es un llamado sobre si queremos seguir a Jesús, ser su discípulo, seguir sus pisadas y ser conforme a su imagen. 1 Pedro 2, 21. «Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial», escribe el autor de la Carta a los Hebreos  en Hebreos 3,1. Este es el mayor llamamiento que una persona puede recibir aquí en la tierra. Al igual que sucede con una vocación profesional o una profesión, también hay condiciones para cumplir nuestro llamamiento celestial. «Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo», dice Jesús en Lucas 14,33. Por lo tanto, si no renunciamos a todo en este mundo no podemos ser su discípulo, pero si lo hacemos – podemos. Aquí somos nosotros mismos los que determinamos lo que sucede, ya que nosotros mismos podemos optar por pagar el precio, cumplir con las condiciones. El poder y la gracia para lograrlo están plenamente disponibles junto a Él que nos llama.

«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» Efesios 2,10. Por lo tanto, fuimos creados para un propósito significativo. Al encontrar y andar en estas obras que Dios preparó de antemano para nosotros, nuestro llamado celestial comienza a realizarse y nuestra vida se vuelve en una gran bendición y beneficio para nuestro prójimo y un gran gozo para nosotros mismos.

Es a través de nuestros sentidos, la capacidad de nuestra imaginación, que el enemigo del alma recibe acceso, y así como Eva las personas son engañadas por sus deseos. A menudo, tiene relación con «el sueño de la buena vida» que el poder de la mentira gana acceso en la mente humana. 2 Tesalonicenses 2,10. Dado la perdición que sigue el mal, muchas personas tienen que mirar hacia atrás en una vida llena de horror y terror. Su sueño era una burbuja que estalló. Su energía, tiempo y recursos fueron sacrificados en el altar de la vacuidad.

Fuimos creados para un propósito significativo.

Pablo fue asido de su llamamiento celestial. No hubo ningún sueño en la conducción de su vida, sino un anhelo sincero de ser un discípulo y servir a Dios por completo. «Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte.» Filipenses 1,20. Su anhelo y esperanza estaban anclados en algo que era totalmente alcanzable, y estaba dispuesto a pagar el precio.

Mientras que es bastante incierto alcanzar nuestros sueños, y por lo tanto bastante probable ser decepcionados si los perseguimos, es 100% seguro que podemos llevar a cabo nuestro llamamiento celestial, si nosotros mismos estamos dispuestos a pagar el precio. En este camino nadie jamás ha sido decepcionado. ¡La elección es nuestra!