¿Y si Jesús no fue tan buen carpintero?

¿Y si Jesús no fue tan buen carpintero?

Escrito por: Frank Myrland | Publicado: sábado, 13 de agosto de 2016

La Biblia habla muy poco sobre la vida de Jesús hasta su corta edad antes de su muerte en la cruz. ¿Significa que estos años no fueron importantes?

Por el contrario, este tiempo donde estuvo en situaciones normales, como las que enfrentamos cada día, fue crucial para Jesús para desarrollarse y luchar contra los deseos y tendencias pecaminosas que había heredado al asumir la condición de carne y sangre.

¿Y si no le gustaba en absoluto la carpintería, pero tenía que hacerlo de todos modos?

Se presume que Jesús fue un carpintero cuando creció, como su padre José lo fue. Basados en lo que sabemos de Jesús y su vida, podemos creer que fue alguien con quien fue muy fácil trabajar y que fue un trabajador diligente.

Pero, ¿Y si Jesús simplemente no fue tan bueno en su trabajo? ¿Qué hay si su trabajo no resultó tan bien como se esperaba, sintiéndose tentado al desánimo y la irritación, al igual que el resto de nosotros? ¿Y si no le gustaba en absoluto la carpintería, pero tenía que hacerlo de todos modos?

Las mismas situaciones que nosotros

No hay versos en la Biblia que nos hablen de las habilidades de Jesús como carpintero, y está bien, porque ese detalle no es realmente importante. Lo que sí es importante saber es lo que leemos acerca de Jesús en Hebreos 4,15: «Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.» Sabemos de esto, que Jesús pasó por las mismas situaciones que nosotros, también en su lugar de trabajo, sin ceder nunca al pecado. Fue tentado a la irritación e impaciencia. Fue tentado al desaliento y frustración. Y no cedió.

HFue tentado a la irritación e impaciencia. Fue tentado al desaliento y frustración. Y no cedió.

Una parte importante de la obra de Jesús fue humillarse a sí mismo. Podemos leer en Filipenses 2,5-8: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.» A pesar de ser el Hijo de Dios, igualmente estuvo dispuesto a asumir tareas que quizás eran difíciles, sucias o desagradables.

¿Qué significa esto para mí?

Quizás no me gusta mi trabajo. Quizás no me llevo bien con mi jefe y mis colegas. ¿Significa esto que no tengo otra opción que sentir infelicidad y amargura cuando voy al trabajo todos los días? ¡Definitivamente no! ¡Puedo encontrar paz y felicidad de todos modos! «Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.» 1 Tesalonicenses 5,16-18.

«Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.»

Cuando comparto la misma actitud que Jesús tuvo, que puedo ser agradecido y servir a los demás en todas las situaciones que me encuentro, entonces la vida se vuelve una alegría – independiente de mi puesto de trabajo. Si tengo la actitud que sólo podré ser feliz cuando sea ascendido, o bien cuando deje de trabajar con este colega, entonces sólo siempre querré tener más. Nada podrá satisfacerme.

¿Cómo utilizo mi día de trabajo?

Pasamos mucho tiempo en nuestros lugares de trabajo. Pero este no es sólo tiempo que pasa sin que mi vida cristiana sea afectada. Cuando estoy en el trabajo tengo la oportunidad de ver mucho de mi propia voluntad y tendencias al pecado. Veo el orgullo, la ira y la impaciencia. Estas cosas pueden parecer «pequeñeces» que no tienen mucho significado en el panorama completo. Pero la sumatoria de estas pequeñas decisiones son las que preparan el camino que voy a seguir en mi vida.

No puedo entrar en un desarrollo a menos que reconozca que hay algo en mí que debe ser desarrollado. Esta es una actividad diaria – en cada una de las situaciones en las que me encuentro. Si sé que tengo que desarrollar mi paciencia, entonces tengo una oportunidad cuando soy tentado a la impaciencia en el trabajo.

La sumatoria de estas pequeñas decisiones son las que preparan el camino que voy a seguir en mi vida.

Cuando elijo seguir la vida que Jesús vivió entonces tengo la oportunidad de ser transformado cada día, en todas las situaciones de la vida. Al permanecer firmes y fieles a este objetivo, el «yo» que siempre se quejaba, sentía desanimado y discutía en el lugar de trabajo, es echado fuera y reemplazado por una versión completamente nueva de mí mismo, que puede irradiar amor, paz y alegría cada día.