Un recorrido por la tierra prometida

Un recorrido por la tierra prometida

Escrito por: Caroline Smith | Publicado: sábado, 22 de octubre de 2011

La maleta esta lista, y el pasaporte en su lugar. Son las tres de la mañana, y vamos camino al aeropuerto Gardemoen. Destino: ¡La tierra prometida - Israel!

Después de casi dos años de ahorro y trabajo, 120 chicos y chicas del grupo de jóvenes de Horten, finalmente cumplieron el sueño de un viaje a Israel.

El viaje en el bus a la zona norte de Israel produce muchos pensamientos en mí. Veo a través de la ventana del bus. Lo que veo es un paisaje desértico seco y aburrido, que no se asemeja a la descripción Bíblica de «La tierra prometida»; tierra que fluye leche y miel (Éxodo 3,8). Sin embargo, es probable que no haya otro lugar en el mundo donde vestigios de  importantes hechos históricos se encuentren tan cerca. Miro el paisaje y pienso cómo este pequeño pedazo de tierra que Dios le dio a Abraham ha sido, y sigue siendo, el foco de atención de todo el mundo.

10 días llenos de experiencias

Son tres buses en total, cada uno con su guía, los que nos llevan a través de todo Israel. En este viaje lleno de experiencias tuvimos la oportunidad de ver, experimentar y oír todo acerca de Armagedón y Nazaret, dimos un paseo en barco por el mar de Galilea, y vivimos como Abraham en el desierto. Nadamos en el mar Muerto, y por último pero no menos importante, disfrutamos de todo lo que Israel tiene para ofrecer en términos de acontecimientos históricos, lo que realmente causó una gran impresión.

 

Una cosa es experimentar aquellos diferentes lugares. Pero el poder recorrer Israel, y recordar cómo fue Jesús, y cómo lidio en aquellas situaciones diarias, hizo que sintiera una necesidad real de recibir ese mismo amor con los que me rodean, así como Jesús. Experimentar esta cercanía con la vida de Jesús como hombre, produjo en mi un agradecimiento aun mayor por como Dios ha hecho las cosas conmigo.

No hay duda que lazos con un significado eterno se han creado entre los jóvenes durante estos 10 días. La experiencia más importante y vibrante que tuvimos juntos, fue cuando estábamos en el Monte de los Olivos – con vista a Jerusalén, Sion, y el jardín de Getsemaní y cantamos una canción poderosa de nuestro cancionero; «Herrens veier» («Caminos del Señor») nr. 356:

Lucho aquí el buen combate de la fe.
Tu Espíritu me da poder
para llevar mi cruz y seguirte a ti,
y  tus ojos velan sobre mí

¡Tú eres digno Jesús! ¡Puedes el sello abrir!
Nos redimes de entre los pueblos, para ser
sacerdotes, reyes para ti

Cuando cantábamos esta canción, creo que no había un solo ojo sin lágrimas. Piensa en la vida que Jesús vivió, y en el ejemplo que Él es. Que realmente recorrió Israel como joven y adulto y que fue tentado como yo y tú – pero nunca cometió pecado. Que fue completamente perfecto ya a la edad de 33 años.

Gratitud  

Cuando estábamos allí, sentí una gran deuda de gratitud con Dios, porque Él envió a su Hijo amado a la tierra, y con Jesús, que perseveró hasta el final en su lucha contra el mal en su propia naturaleza. ¿Qué habríamos hecho sin Jesús como nuestro salvador y precursor? Él sabe cómo son las cosas en nosotros, y está más que dispuesto a ayudarnos.

Comencé a sentir una gran alegría por volver a casa. Una gran alegría porque puedo vivir una vida recta y en victoria cada día – y así puedo ser una mejor esposa para mi marido, una mejor madre para mis dos hijos, una mejor amiga, una mejor colega y una mejor vecina. – ¡En general, me alegro que puedo trabajar en forma sistemática por una vida la cual Jesús no se avergonzará el día que nos volvamos a encontrar!