Nacer de nuevo

Nacer de nuevo

Escrito por: Kåre J. Smith | Lugar: Oslo/Follo, Noruega | Publicado: jueves, 25 de noviembre de 2010

Muchas personas no ven el valor de la vida de Jesús, y la mayoría tampoco tiene fe para llegar a la misma vida que Jesús vivió. Uno tiene que nacer de nuevo para ver el reino de Dios.

 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. (Juan 3, 3) Este nacimiento sucede en nuestro corazon y mente. Después de nacer de nuevo uno comienza a ver cosas que antes no veía, y toda nuestra vida recibe un valor totalmente diferente. Primero uno recibe una idea de las cosas que llevan a la vida y a la paz, y recibe parte en la sabiduría que proviene del mundo espiritual. Lo que antes uno admiraba en este mundo, ahora perdió su valor y significado.

Pablo había experimentado este nuevo nacimiento, y en Filipenses 3, 7-8 describe lo que este nuevo nacimiento significó para él: Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo. Las posibilidades que vio a través del evangelio, hicieron la elección mucho más fácil para él. Vivamos en una cálida, estrecha y ferviente relación con Dios. Entonces tendremos un corazón que Dios puede hablar y en el cual puede obrar.

¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos? Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios. (1 Cor. 10, 19-21)

Uno no puede recibir algo de Dios si vive en comunión con malos espíritus y busca las cosas que pertenecen a este mundo. Eso de que Dios no habla y que uno no experimenta revelación y avivamiento en su interior, viene a causa de que uno recibe los pensamientos e impulsos que provienen de este mundo. Por lo tanto, todo aquel cristiano de todo corazón debe velar sobre su vida y cuidar de que no empiece a admirar cosas fuera de su llamado celestial. Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca. ( 1 Juan 5,18) Uno no puede vivir como un discipulo y al mismo tiempo admirar la grandeza de este mundo. Será fuente impura para su vida, y lo conducirá lejos de la comunión profunda con Cristo y los santos.

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1 Juan 2, 15-17)

Extracto del articulo «Ser un discípulo de Jesús – ¡una vida en victoria!»
septiembre 2006