Salvación: la vida eterna comienza como una pequeña semilla, la cual debe crecer y desarrollarse.
Salvación: la vida eterna comienza como una pequeña semilla, la cual debe crecer y desarrollarse.

Nuestra salvación diaria

Escrito por: Tom Harris | Publicado: domingo, 01 de mayo de 2011

La vida eterna, la salvación, es un regalo. Sin embargo, depende de nosotros asirnos de ella.

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 6,23.

Salvación: de la muerte a la vida

La salvación es tomar parte de la vida eterna, y como vemos en este verso es un don de Dios. Pero este don se nos ha dado en Jesucristo, señor nuestro. Si leemos en el comienzo del mismo capítulo, podemos ver que los que han sido bautizados en Cristo Jesús, han sido bautizados en su muerte. Pero, ¿qué muerte es esta? Por su muerte, porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas… verso 10. Pablo también escribe en 2 Corintios 4,10: llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.

La vida de Jesús es la vida eterna. Cuando nacemos de nuevo, también la vida eterna nace en nosotros y nuestra salvación diaria comienza. El comienzo de la vida eterna, es como un grano de mostaza, sin embargo, no es la intención del grano de mostaza ser siempre un grano. Tiene que crecer y desarrollarse. Esta vida nueva y eterna solo puede crecer en la medida que nuestra vieja vida pecaminosa es llevada a la muerte por causa de Jesús. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Verso 11.

La salvación diaria, tomando su cruz

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Lucas 9, 23-24.

Aquí podemos ver nuestra salvación diaria – negarse a sí mismo y tomar su cruz cada día, de tal forma que perdemos nuestra vieja vida pecaminosa y recibimos una vida nueva y eterna. No podemos recibir parte de una vida nueva sin antes dejar la vieja. Aquí es donde muchos se equivocan. Quieren tener vida eterna, pero al mismo tiempo quieren mantener la vieja vida y satisfacer sus deseos. Si uno continua de esta forma se arriesga a perder por completo su salvación – la pequeña semilla que había brotado puede ser destruida; ya que el brote de la vida eterna no recibe las condiciones de crecimiento. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Verso 25.

Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión ¡delante de muchos testigos! 1 Timoteo 6,11-12.

Asido de la salvación – ¡la vida eterna!

La vida eterna, la salvación, es un regalo. Sin embargo, depende de nosotros asirnos de ella. Y sólo podemos asirnos de ella si huimos de nuestros deseos – ¡esta es una batalla de fe! ¿En quién creemos? ¿En Jesús, o en nuestros deseos? Cuando continua y fielmente huimos de nuestros deseos, entonces estos dejan de recibir sustento y la vieja vida con sus deseos, naturalmente muere.

Peleemos esta batalla con fe, para que podamos permanecer junto a Cristo en su muerte. Entonces tendremos la capacidad de ser más y más asidos de la vida eterna que nos ha sido dada en Jesucristo.