Expectativas celestiales

Expectativas celestiales

Escrito por: Janne Epland con Grethe Slabbert | Publicado: lunes, 02 de marzo de 2015

La mayoría tiene muchas exigencias y expectativas de cómo debe ser la vida. Dónde trabajar, cómo debe ser mí círculo de amigos, que debo casarme, tener hijos. Todas estas expectativas terrenales se encuentran sobre un hielo delgado, el cual puede crujir en cualquier momento.

Grethe es una chica que también tiene grandes expectativas en la vida. Ella tiene expectativas celestiales.

«¡Las expectativas celestiales jamás decepcionan! Porque están en armonía con el plan de Dios para mí. El cual es que llegue a ser como Jesús. Su plan es que sea libre de la irritación, el enojo, de estar atada a mis sentimientos y deseos.

Tengo expectativas que puedo vencer sobre todas mis luchas, del mismo modo que Jesús.

Si voy a ser como Jesús, debo luchar contra el mismo pecado que Él luchó. También fue un hombre natural como yo, pero jamás pecó. Fue tentado, pero siempre dijo no al pecado.» Grethe explica que realmente es posible seguir a Jesús.

Romanos 5, 2-3, describe esta esperanza: «Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia.»

¿Cómo, pues, haría este pecado contra Dios?

Explica que el Espíritu Santo nos guía en las situaciones cotidianas normales. Allí es donde están las oportunidades, para llegar a ser como Jesús.

«Algunas veces puedo encontrarme en una conversación, y siento que simplemente no es correcta. Sólo murmuran o bien no hablan cosas buenas. Cuando sé que no es correcto, y soy consciente de este pensamiento, entonces debo levantarme y alejarme, de modo que pueda conservar un corazón limpio. Si soy lo suficientemente fuerte también puedo hablar. Entonces es el Espíritu Santo el que me habla, y aquí se trata de ser obediente y hacer lo que me dice. Esto es algo que me acerca más de ser como Jesús.

Cuando me humillo bajo la voluntad de Dios, entonces tengo expectativas de que seré feliz aquí, y en la eternidad.

Cuando soy tentada, a menudo me viene una palabra que he leído o escuchado antes. El verso acerca de José, que dice; «¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?» (Génesis 39,9) me ha ayudado muchas veces.

Por ejemplo, es muy fácil recibir pensamientos grandes acerca de mí misma. Pensamientos arrogantes. Quizás he recibido felicitaciones por algo que he hecho, y eso es en lo único que pienso. Quizás incluso empiezo a pensar mal de los demás, y me creo superior a ellos. Entonces puedo echar mano a este versículo. Este me da una dirección muy clara, y me da una solución. Con la ayuda y poder de Dios rechazo estos pensamientos.

Mi esperanza es ser transformada

Cuando me humillo bajo la voluntad de Dios, entonces tengo expectativas de que seré feliz aquí, y en la eternidad. Tengo expectativas que puedo vencer sobre todas mis luchas, del mismo modo que Jesús. ¡Estas son expectativas celestiales!

Mi esperanza es vivir una vida totalmente pura. Tener un buen aroma, de modo que todo lo que provenga de mí tenga un buen aroma. ¡Mi esperanza es ser transformada!»

«… Y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.» Romanos 5,4-6.