La mayor riqueza

La mayor riqueza

Escrito por: Tove Rebekka Johnsen | Publicado: jueves, 13 de mayo de 2010

Entre una multitud de personas de diferentes nacionalidades, que comparten entre ellas edificación y comunión en Brunstad, el centro de misiones de la iglesia, me encuentro con Patricia Fenn. Ella está conversando tranquilamente con algunos conocidos antes de que ponga su mirada en mí y que se dibuje en su rostro una gran sonrisa. Juntos fuimos a un lugar en donde podíamos conversar tranquilamente sin ser importunados por la vida latente en el centro de misiones.

Ella creció en Conecticut, Estados Unidos, en un hogar católico, A los 20 años se caso con Gary Fenn con quien había crecido y habían ido a la misma escuela juntos durante muchos años.  

Juntos iniciaron una búsqueda para llevar más contenido a sus vidas. Luego de haber recibido dos hijos, Sarah y Michael, comenzaron a asistir a una escuela Bíblica en New York. En New York ellos encontraron a un evangelista de la Iglesia Cristiana Brunstad llamado Jether Vinson. Después de haberlo conocido, toda la familia asistió a una conferencia en la iglesia de Landsdown.

Yo no podía entender como ellos podían tener fuerza física o mental para criar hijos, dice ella.

La primera impresión de Paty sobre la iglesia fueron los grandes grupos de niños que ella vió en la conferencia.
- Yo no podía entender como ellos podían tener fuerza física o mental para criar hijos, dice ella.

Sin embargo había algo en estas personas que la animaba y entendió que era algo que ella también debía lograr. Para su esposo Gary, las reuniones con los hermanos fueron un punto de partida en su vida. Aquí, él encontró exactamente lo que había estado buscando.
- Yo no tenia un anhelo de la misma manera que él lo tenia, dice Paty.

A media semana Gary quería mudarse a Urbana para vivir más cerca de los hermanos. Este deseo de mudarse era inesperado para la joven esposa que todavía no había entendido bien lo que ella había encontrado.
- Pero yo entendí que ellos tenían algo que yo quería y entendí que debíamos mudarnos, dijo Paty.

El primer tiempo fue un proceso en el que Paty se debía acostumbrar a su nueva vida. A pesar de que ella había entendido que el recibir niños no era decisivo para poder vivir el evangelio, ella entró en gran aflicción.
- Yo oré para que Dios me abriera los ojos, dijo ella.

Y lentamente pero segura, empezó Paty a pensar diferente. Pero no fue hasta que ella recibió un verso que la hizo tomar realmente una decisión. Se trataba del verso que dice “Pues aun vuestros cabellos están todos contados “(Mateo 10,30). Fue entonces que ella recibió una gran confianza en que Dios dirigía su vida y se decidió.

- Quiero aceptar los hijos que Dios me envíe, fue la decisión que ella tomó. Pero la decisión también tuvo otra dimensión.
- Al decidirme a aceptar los niños que Dios me quería dar, me decidí también para que ellos crezcan encaminados hacia el reino de los cielos, dice ella.

Al principio no tenía la paciencia y el amor que son propios de una madre

El rol como madre de 13 niños le ha dado a Paty mucha vida.
- Cuando eres presionado hasta tus límites es que llegas a conocer a Dios, dice Paty muy pensativa.
Ella ha llegado, a través de una larga vida y no olvidando su rol de madre, a conocer a Dios como un amigo y ayudador.

- Al principio no tenía la paciencia y el amor que son propios de una madre, dice Paty y cuenta como ella ha sentido su falta de bondad, de cuidado y amor.
- Pero Dios me ha dado el evangelio como solución, dice Paty.
 
El evangelio ha hecho que ella pueda desarrollarse hasta lograr ser buena, cuidadosa y cariñosa.
 

Pero como madre ella ha experimentado cosas que no han sido fáciles.
- Mamá, vi un avión chocarse en el edificio de al lado”, le cuenta su hijo por teléfono una mañana desde el trabajo.
- Ellos no entendían que era lo que sucedía, cuenta Paty.
Pero lo que su hijo vio fue justamente el segundo avión que colisionó en el World Trade Center que era el edificio vecino en donde él trabajaba.
- Ellos salieron del edificio pero debieron permanecer en pie y ver como las personas saltaban desde los edificios. Esta fue una experiencia muy estremecedora para él, dice.
Para este entonces su hijo no era creyente.
- Pero lo sucedido hizo que él entrara en aflicción, dice Paty.

Muchas veces los periodos más duros son los más valiosos

Muchas veces los periodos más dificiles son lo más valiosos.

Luego de tener a su hijo número cuatro Paty se vio envuelta en un grave accidente automovilístico.

- Yo vi venir al camión hacia mí, dice Paty.
Lo siguiente que ella recuerda es ver a dos hermanos al lado de su cama en el hospital orando por ella. La joven madre había sido seriamente lastimada en el accidente y entre otras cosas tenia la pelvis fracturada. Gracias a la oración de los hermanos, ella mejoró rápidamente

Paty estuvo muy sola en el hospital ya que Gary estaba en casa con los 4 pequeños. En el hospital ella tuvo mucho tiempo para sí misma y para sus pensamientos.

Ella desarrolló allí una relación más cercana con Dios pues ella oraba mucho y pudo experimentar que los versos en la Biblia le eran de gran ayuda.
- Muchas veces los periodos más duros son los más valiosos, dice Paty y cuenta que es allí en donde uno recibe ayuda de Dios que luego uno mismo puede compartir con los demás.

Como persona Paty es activa
y prefiere hacer deporte en vez de sentarse cómodamente a hacer manualidades.

- Es por eso que está bien que hallamos tenido nueve chicos, ríe ella y nos cuenta sobre los partidos de baseball con sus hijos.
- Fue muy divertido, y todavía les sigo ganando, dice.
A los 57 años de edad no juega tan bien como antes, pero está feliz con los 16 nietos que a menudo están con ella en casa.


La decisión de aceptar los hijos que Dios le dé fue lo más difícil que ella había hecho, pero también fue una gran riqueza para ella, que ahora tiene 13 hijos y 16 nietos.

- Los niños han sido una gran bendición y una gran alegría para mí, dice ella.
Y la familia la describe como una madre muy cuidadosa, buena y cálida.
Paty aun lucha para que todos los niños sean guardados totalmente para el cielo.
- Algunos “se fueron” por un momento y luego regresaron, dice Paty.
Pero cuando regresaron, regresaron con un corazón renovado y una mente nueva.
- Es un milagro que solamente Dios puede hacer esto, dice ella.


La lucha diaria en la que ella se encuentra ahora es la de orar por los niños y hacer que los que la rodean la pasen bien, tanto sus hijos como nietos.
Ella concluye refiriéndose al verso en 3 Juan 1:
- No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.