Un anhelo de verdadera comunión

Un anhelo de verdadera comunión

Escrito por: Dany Goossens, con Karin Tombre | Lugar: Nancy, Francia | Publicado: jueves, 27 de noviembre de 2014

Por muchos años Dany Goossens buscó llenar el anhelo en su corazón con algo más que sólo amistad superficial. En su búsqueda viajó por todo el mundo, pero al final encontró que la respuesta era el resultado de un trabajo personal con Dios, en lugar de algo que los demás le podían dar.

Siendo adolescente comencé a buscar contacto con la gente. Quería algo más verdadero que una común amistad. Anhelaba experimentar verdadera comunión, sin hipocresía. Nada de lo que había experimentado había llenado esta necesidad. Estaba seguro que la vida tenía algo más que ofrecer. Estaba seguro que era posible encontrar una comunión donde la gente no buscara solamente lo propio.

Una búsqueda, sin resultados

A principios de los años setenta estuve interesado en el movimiento hippie, así que mi anhelo de comunión y felicidad me llevó para comenzar a América del Norte. Quería ser un leñador en los bosques canadienses, pero no pude encontrar un trabajo. Entonces crucé EE.UU. como mochilero, visitando muchas comunidades hippies por el camino. Estaba convencido de que éste era lugar donde encontraría la verdadera comunión que estaba buscando, por la sencilla razón que su lema era: «Amor, Paz y Libertad».

Pronto me di cuenta que todos eran esclavos de sus propios deseos. Todos querían actuar de acuerdo a su propia voluntad. El egoísmo e individualismo gobernaban todo, como en cualquier otro lugar. No podían ponerse de acuerdo entre sí. No había ningún amor, paz o la libertad; no había verdadera comunión entre ellos.

«Dios, si estás ahí afuera tienes que probármelo.»

Un día mientras vivía en una de estas comunidades hippies fui a dar un paseo al desierto. Miré al cielo y oré. «Dios, si estás ahí afuera tienes que probármelo.» Sé que Dios me escuchó, pero ese día no sucedió nada especial, Después de un año de estar viajando de una comunidad a otra sentí que todavía no había encontrado lo que estaba buscando. Decidí que era hora de volver a casa en Francia.

Algo nuevo

Unos años después me encontré con dos mochileros jóvenes en París. Llegamos a llevarnos muy bien y antes de despedirnos les propuse que iría a visitarlos al sur de Francia. No habíamos hablado de Dios en absoluto, pero hubo algo en estos jóvenes que me conmovió. Ambos eran más jóvenes que yo, pero parecían ser mucho más sabios. Me sorprendí al descubrir cómo veían las cosas. Era una perspectiva que nunca antes había considerado. Ahora comprendo que era porque tenían la luz de la Palabra de Dios.

Decidí viajar y visitarlos a ellos y sus familias. Cuando llegué allí en agosto de 1976, la familia estaba arreglando la propiedad para la visita de un grupo de cristianos. Este fue mi primer contacto con Brunstad la Iglesia Cristiana. Por respeto a la familia que me recibió, fui a la reunión, pero en realidad no entendí mucho de lo que se dijo. ¡Sin embargo, la comunión entre estas personas, entre estas familias, causó una gran impresión en mí!

La comunión entre estas personas causó una gran impresión en mí.

La comunión por vivir según la Palabra de Dios

Estaba totalmente seguro que esta buena comunión era porque estaban de vacaciones. No podía darle otra explicación. Pero cuando comencé a hablar con algunos de los jóvenes, comprendí que había algo más. ¡Sólo vivir según la Palabra de Dios puede crear tal comunión! Esta es la comunión que está escrita 1 Corintios 13, 4-8. «El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.»

Uno puede tener comunión con los demás cuando busca lo mejor para el otro, en lugar de lo mejor para sí mismo.

Esta comunión es el resultado de un trabajo personal. Uno puede tener comunión con los demás cuando busca lo mejor para el otro, en lugar de lo mejor para sí mismo. La explicación es simple. Por fin había encontrado lo que había estado buscando durante tanto tiempo. Sentí que ésta fue la respuesta a mi oración en el desierto tantos años atrás.

Fue la gran gracia de Dios lo que me condujo a Brunstad la Iglesia Cristiana. Aquí he aprendido que aquellos que están interesados en comunión también deben estar interesados en la verdad sobre sí mismos, que es que nada bueno puede venir de nuestra naturaleza pecaminosa. Uno no puede ser feliz si no está dispuesto a renunciar a su voluntad, sus propias concupiscencias, y sus exigencias. Sólo viviendo según la Palabra de Dios uno puede dar amor, paz y libertad, y conducirse a la verdadera comunión con aquellos que tienen el mismo sentir.