Un hijo de Dios: Evert-Jan Slabbert

Un hijo de Dios: Evert-Jan Slabbert

Escrito por: Tielman & Gertrude Slabbert | Lugar: Vanderbijlpark, Sudáfrica | Publicado: sábado, 28 de mayo de 2011

Evert-Jan Slabbert («Jammi») nació el 27 de julio de 1993. Su nombre viene de dos personas temerosas de Dios: Su abuelo, Evert Hulsman, y un querido hermano y amigo, Jan van Pareen. En cierto modo, él era como ellos – especialmente por su sentido del humor, y su debilidad por hacer bromas a los demás.

Él fue un chico normal que disfrutaba hablando de cualquier tema imaginable, y que amaba jugar cricket, hockey sobre patines, futbol y videojuegos. Le gustaba compartir con sus amigos en la iglesia, jóvenes y adultos, pasando tiempo y charlando con ellos.

Jammi tenía casi 15 años de edad cuando le diagnosticaron cáncer (leucemia). En el transcurso de un día sus límites se redujeron en tal grado que ya no podía hacer aquellas cosas que tanto le gustaban. Debido a su enfermedad fue impedido de estar con aquellas personas que quería, y por largos periodos de tiempo de aquellas actividades divertidas con los otros chicos. Durante los últimos tres meses de su enfermedad, sus músculos faciales se paralizaron, por lo que cualquier expresión en su cara era imposible. Como resultado, no podía sonreír ni reír, como de costumbre, ni siquiera con los ojos.

Aferrado a la Palabra de Dios

Pero en medio de todas estas limitaciones, perecía que él no estaba limitado en lo absoluto. Desde un comienzo fue guardado de la angustia y la desesperación, a causa de su fe y bondadoso corazón. Cuando le dijeron que tenía cáncer él recordó «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.» (Romanos 8,28). Él se aferró firme a esta Palabra, la cual se convirtió en su vida.

En medio de grandes pruebas y varias veces vagando por «el valle sombrío de la muerte», pudo experimentar sólo la bondad y gracia de Dios.

Jammi fue tentado muchas veces, al igual que el resto de los chicos, sin embargo era muy fácil hablar con él, y darle la Palabra de Dios. Él escuchaba, y a continuación se inclinaba en silencio bajo la Palabra de Dios.

Una simpleza de niño

Al principio, la forma en que tenía que ir con el tratamiento del cáncer parecía una montaña muy alta y un camino sin fin. Pero la palabra de Jesús acerca de no preocuparse por el día de mañana, sino que tengo que vivir y mantener mis pensamientos en el «hoy», hicieron los  tres años de la enfermedad muy cortos y fáciles. Jammi encontró dentro de sus limitaciones a Dios y su voluntad, además de muchas cosas por las cuales estar agradecido. Él «vivió» dentro de sus límites, y en esta pequeña área él era agradecido por una buena cama, una ducha, buena comida, buenos médicos, etc. Una vez nos pidió orar por él, para que pudiera recibir más paciencia – y esto fue algo que aprendió de Jesús. Como resultado él mismo estaba feliz y conforme en aquellas horas que estaba solo y aislado, en las cuales también encontró muchas cosas buenas e interesantes para hacer.

En cierto modo, Jammi era muy infantil – sin embargo, su infantil simpleza y devoción a Jesús hacían que él se comportara muy maduro, y recibió victoria en circunstancias que cualquier adulto se hubiera evitado a toda costa. Esto se confirma con las palabras de Jesús en Mateo 18, 3, que «si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos».

Entregado a Jesús

Ya aquí en la tierra Jammi pudo degustar de un pedacito de cielo. En su infantil entrega, recibió gracia para superar todos sus temores, y aceptar todo lo que le acontecería en su camino. Se entregó por completo al tratamiento médico, a muchas inyecciones en los brazos y espalda, a la quimioterapia, la radiación, trasplante de la medula espinal, etc. Su vida puso en evidencia que una entrega total a Jesús conduce a una victoria completa en todas las situaciones de la vida – ¡también en adolescentes de 15-17 años! En muchas situaciones en la que un hombre mayor temblaría de miedo (por ejemplo, cuando tiene que tomarse una muestra de sangre o hacerse una punción lumbar), él se entregó por completo sin pensarlo dos veces. No era porque Jammi era un hombre valiente o especial, sino porque se había entregado por completo a Jesús.

Por eso, todo lo que está escrito acerca de Jesús se reveló en su vida: «Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca.» (Hechos 8, 32). ¡Es asombroso cómo él fue capaz de pasar por todas esas cosas sin hacer un sonido o una queja! La doctora que lo trataba dijo una vez que por su vida, él era un hijo de Dios. Y luego añadió: y hay muy pocos en los cuales se puede ver esto.

Bondad y gracia

Agradecemos a Jesús por todo lo que fue capaz de hacer en la vida de Jammi. Tanto nosotros como Jammi experimentamos, literalmente hablando, el Salmo 23 – nada nos hizo falta. En lugares de delicados pastos nos hizo descansar; junto a aguas de reposo nos pastoreó. Confortó nuestras almas; nos guio por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque anduvimos en valle de sombra de muerte, no temimos mal alguno, porque tú estabas con nosotros; tu vara y tu cayado nos infundieron aliento. Aderezaste mesa delante de nosotros en presencia de nuestros angustiadores; ungiste nuestra cabeza con aceite; nuestra copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida, y en la casa de JEHOVA moraremos por largos días.

Jammi fue a casa con Jesús el 10 de mayo del 2011 después de tres años de enfermedad, casi a los 18 años de edad.

Durante este tiempo pudimos experimentar a muchos que cuidaron de Jammi, que fueron muy buenos con él, que hicieron cosas para él y que le dieron toda la bondad de sus corazones, que oraron por él y le hablaron la palabra de la fe. Esto hizo su vida fantástica, bendecida y feliz – el reino de Dios – en realidad, a pesar de todos los obstáculos y limitaciones.