Una desconocida soldado de Cristo

Una desconocida soldado de Cristo

Escrito por: Barry Couts | Lugar: Urbana, Ohio, EE.UU. | Publicado: martes, 25 de junio de 2013

Los días «confortables» de mi madre tuvieron un abrupto final cuando mi padre murió en un trágico accidente automovilístico. A través de las situaciones ella ha permanecido fiel y ha llevado la adversidad como una verdadera soldado de Jesucristo.

La mayoría de los países construye monumentos a los soldados que han muerto en la guerra. A menudo estos monumentos son para honrar sacrificios «desconocidos» de los soldados.
Los cristianos también son soldados de guerra que luchan contra el pecado y Satanás. Muchos viven una vida tranquila e inadvertida. Este artículo ha sido escrito para honrar a uno de esos soldados desconocidos, mi madre, la señora Mozelle Couts, quien todavía vive. A través de situaciones indescriptiblemente difíciles ha permanecido fiel y ha llevado la adversidad como una verdadera soldado de Jesucristo. (2 Timoteo 2, 1-4.)

Una cristiana con nobleza

Me llamo Barry Couts, vivo en Urbana, Ohio, y soy miembro de Brunstad la Iglesia Cristiana en Ohio. Soy afroamericano – mis antepasados fueron transportados desde África a América para servir como esclavos. En la escala de la sociedad estábamos en el último peldaño, sin embargo mi madre, de quien escribo hoy, era una cristiana con una tan nobleza como te lo puedes imaginar.

En la escala de la sociedad estábamos en el último peldaño

Mi madre nació en 1923 en Bellefontaine, Ohio. Tuvo doce hermanos, cuatro hermanos y ocho hermanas, y ella estaba en el medio de la alineación. Mi madre no tuvo ninguna educación formal. Dejo de estudiar en el octavo grado para trabajar y así ayudar a sus padres a mantener la familia. Mi padre, Edward Harris Couts, se casó con mi madre justo antes del inicio de la Guerra de Corea. Poco tiempo después de casados mi padre se alistó en la infantería del ejército de EE.UU., y fue soldado en la Guerra de Corea. Recuerdo a mi madre contar historias sobre las cartas que él acostumbraba enviar mientras estaba destinado en Corea.

Mi padre era tipógrafo de profesión, y tenía una pequeña imprenta detrás de nuestra casa. Mi madre acostumbraba ayudarle a hacer tarjetas de presentación y anuncios de la iglesia, etc. No eran ricos, pero podían vivir una vida confortable. Un día en 1956 esos días «confortables» de mi madre tuvieron un abrupto final cuando mi padre murió en un trágico accidente automovilístico. Mi madre tenía tres meses de embarazo conmigo cuando mi padre murió. 

Plena confianza en Dios

La verdadera vida cristiana de mi madre se hizo evidente en la forma que aceptó sus pruebas, como una viuda afroamericana sin estudios, con muchos problemas, pero que igualmente preservaba la fe en las situaciones más duras de la vida. Mi madre era una cristiana profundamente dedicada; con plena confianza en Dios que da alimento al gorrión y vestido a los lirios. Ella fue una mujer de oración, que puso toda su necesidad en las manos de Dios.

Mi madre confiaba plenamente en el Dios que da alimento al gorrión y vestido a los lirios

En la década de 1970 hubo un avivamiento entre los hermanos de Urbana, Ohio, donde di mi vida a Dios y me convertí en un discípulo de Jesucristo. En una prédica de uno de los líderes de Brunstad la Iglesia Cristiana (BCC) fuimos presentados a una vida más profunda en Dios, y mi madre y yo hemos encontrado nuestro hogar aquí.  

Después de la muerte de mi padre, mi madre ha experimentado Salmos 68, 5 personalmente – Dios es realmente el Padre de huérfanos y defensor de viudas, es Dios en su santa morada. Durante toda nuestra niñez y adolescencia también hemos experimentado las palabras del salmista David: los justos jamás fracasan, y jamás tuvimos que mendigar por comida. Después que mi padre murió mi madre trabajó muy duro, pero con gozo y sin descanso, para que sus hijos tuvieran todo lo que necesitaban, incluyendo una buena educación. Dios proveyó el trabajo; un día podía estar trabajando para dueños de negocios prominentes en Urbana, Ohio, donde cuidaba niños, realizaba tareas de limpieza, lavandería y planchado. O bien, un día podía estar en una empresa de cáterin que suministra comida para fiesta y reuniones, y madre trabajar allí sirviendo la comida. Era un lujo extra cuando ella traía las sobras a casa, por ejemplos embutidos de buena calidad o mariscos.  

Una bendecida pacificadora

Mi madre con frecuencia y en forma espontánea alababa a Dios. Las palabras «Gracias, Jesús» salían de sus labios en su vida cotidiana. Vivía su vida como una bendecida pacificadora, y nos inculcaba el temor y ser asidos a Dios, y un respeto a los demás.

Las palabras «Gracias, Jesús» salían de sus labios en su vida cotidiana

En el 2006, a los 83 años de edad, le apareció un coágulo de sangre en la pierna. Esto causó una herida incurable, por lo que los médicos tuvieron que amputarle la pierna derecha sobre la rodilla. Hoy día tiene casi 90 años. Vive sola en la casa que nos crió, con una ayuda mínima. Su rostro irradia el profundo agradecimiento y la gloriosa vida de Jesús. (2 Corintios 4, 10-11.)

Jamás, ni siquiera como una rara excepción, he escuchado a mi madre quejarse. Su vida a manifestado lo que dice 1 Tesalonicenses 5, 18, «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.»

Pablo en sus últimos días dio uno de los testimonios más audaces, potentes y reveladores de su vida: «Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.» 2 Timoteo 4, 7-8. ¡Este también es el testimonio de mi madre. Que cada soldado de Cristo viva esta vida para que pueda testificar lo mismo!