Una vida atractiva

Una vida atractiva

Escrito por: Matthew Ibrahim | Lugar: Melbourne, Australia | Publicado: lunes, 14 de abril de 2014

Un sepelio es un tiempo de dolor y de pérdida. Cuando las personas no creyentes sienten que pierden a alguno de sus seres queridos, pueden caer en depresión y desánimo. Pero para aquellos que creen en una vida de transformación, un día así también trae esperanza.

Cerca de 200 personas se reunieron en el local de la iglesia de Melbourne, Australia, para recordar y agradecer por la vida de Menno Johan van der Staal. Él tenía 74 años, quedaron su amada esposa quien lo acompañó durante casi 50 años y sus nueve hijos con sus respectivas familias. La vida que vivió Menno fue extraordinaria; tanto por la ayuda que el mismo recibió como también por la forma en que ayudó y tuvo influencia en los demás. 

 

¿Por qué había tantas personas reunidas alegrándose por la vida y el legado de este hombre? ¿Qué es lo que atrae en las personas, y qué hace que ésta vida sea tan atractiva?

¿Qué es lo que atrae en las personas y qué hace que ésta vida sea tan atractiva?

Menno se crió en Holanda y fue el tercero de cuatro hermanos. Su padre era pastor en la Iglesia Reformada Neerlandesa y alrededor del año 1960 recibió la propuesta de viajar a Australia. En 1958, cuando Menno tenía 21 años,  la familia se mudó a Australia. Algunos años más tarde él regresó a Holanda y se casó con su amiga de la infancia, Wilhelmina (Wilma), y juntos emigraron definitivamente a Australia.  Los talentos de ella en el trabajo social, las capacidades pedagógicas de él y el amor que ambos tenían hacia las personas, los introdujo al trabajo con los niños inmigrantes.

Menno era una persona espontánea que amaba la naturaleza y era muy consciente de sus alrededores. Como hombre joven, él no fue miembro del cristianismo de sus padres pero siempre tuvo consigo el amor y el respeto por Dios que le fue enseñado en su hogar. Tenía grandes habilidades para expresarse y pasó muchas horas expresando sus sentimientos a través de la poesía, la música y la pintura.

Un anhelo de algo más

Después de un tiempo, Menno recibió el ofrecimiento de un cargo de profesor en el territorio del norte. Él aceptó, así que se mudó con Wilma a una pequeña comunidad  isleña ubicada en la costa norte de Australia donde comenzaron a trabajar con niños aborígenes. En la isla había una sede misionera de los metodistas. Menno quiso aprovechar esto y comenzó a dar clases bíblicas a algunos niños, pero muy pronto se dio cuenta cuán difícil era transmitir algo espiritual a otros cuando uno no siente que tiene algo para dar.

Aquí, en este tan aislado lugar tropical  de la Tierra de Arnhem, Menno van der Staal recibió una profunda aflicción personal sobre su propia vida. El deseaba responder a su llamado de Dios  y comenzó a buscar intensamente en la Biblia. En su aflicción, él y Wilma oraron por la plenitud del Espíritu Santo, y él lo recibió.  A partir de ese momento las escrituras fueron abiertas y vivas para ellos.

¿Cómo pudieron realmente vivir aquella vida que trajo Jesús?

La Familia van der Staal se alegraba de la nueva fe viva que había encontrado, pero aún habían muchas preguntas sin responder: ¿Cómo podían tener un acceso más profundo a la palabra de Dios? ¿Cómo podían vivir aquella vida que trajo Jesús? No necesitaron esperar mucho la respuesta. Mientras que Menno tenía contacto con un pastor de la iglesia reformada que también se había mudado a Australia, recibió literatura de Brunstad Christian Church. Por primera vez escuchó de la posibilidad de vencer sobre el pecado.

Cuando falleció el padre de Menno, decidieron mudarse más cerca de su madre. Aproximadamente al mismo tiempo, un grupo de personas había comenzado a reunirse en la iglesia de Melbourne. Menno y Wilma fueron allí y encontraron lo que habían buscado: Su hogar espiritual.

La obediencia conduce a la transformación

A partir de entonces Menno recibió alas nuevas y su anhelo de vivir una vida para  agradar a Dios tomó posesión de todas las áreas en su vida. Recibió revelaciones sobre su propia naturaleza para poder reconocer lo malo que había en él (Rom. 7,21). Él deseaba fuertemente ser paciente, entregar palabras buenas a los demás y ayudar a los necesitados; entrar en un reposo profundo y definitivo de juzgar a los demás o de buscar lo suyo propio en alguna manera. Se sentía limitado por su propia naturaleza crítica, pero ahora podía hacer uso de la fuerza del Espíritu Santo que había recibido en su aflicción a través de la oración. Mediante la fe y la obediencia a la palabra de Dios y a los requerimientos del Espíritu Santo, fue gradualmente transformado de su propia naturaleza vieja a la semejanza de Jesucristo.

¿Puedo llegar a una vida así,… de manera que de mí pueda decirse, «Dios con nosotros»?

Uno de los versículos favoritos de Menno era Isaías 7, 14. Allí está escrito de la profecía de Jesús que le dio el nombre Emanuel – Dios con nosotros. ¿«Puedo llegar a una vida así»?, solía preguntar Menno en las reuniones, ¿«de manera que los que me rodean pueden decir lo mismo acerca de mí»? ¿Que las virtudes de Dios son mías de manera que se diga de mí,  «Dios con nosotros»?

Aunque Menno fue un hermano mayor en la iglesia de Melbourne y en Australia,  nunca fue engreído ni deseó tener algún tipo de posición especial. Él entendió que Dios valora a las personas según su contenido espiritual y no según su servicio exterior. Él alentaba a los jóvenes y se alegraba al ver su crecimiento y desarrollo personal cuando servían en la iglesia. Los jóvenes con un espíritu victorioso eran héroes para él.

El amor hacia las personas

La lucha personal contra el pecado que llevaba Menno durante la vida de transformación que vivía, le hizo respetar que el mismo trabajo también sucedía en los demás.  A menudo comentaba que estaba feliz de ver que todo iba bien con las personas que tenían un gran espacio en su corazón, asimismo estaba lleno de compasión por aquellos que se alejaban.

Una vez que tuvieron visita de un hermano mayor de Brunstad Christian Church, Menno simplemente comentó que las historias interesantes y la visión inspiradora de Dios cautivaron a varios de sus amigos. Luego de esto, aquel hermano conversó con uno, animó y fortificó a otro, y ayudó orientando y dando consejos para las diferentes situaciones de la vida. Después de un tiempo Menno suspiró y dijo, « ¡Ésta es una vida envidiable! » Expresó su anhelo de un mayor crecimiento personal, para también poder transmitir a sus amigos lo que ellos necesitaban para vivir una vida agradable ante Dios. Él vio sus debilidades y sentía que había alcanzado tan poco de la vida que Jesús vivió en la tierra.

Pero Menno alcanzó mucho. Fue muy claro para todos a su alrededor y para todos los que le conocían, que él había sido transformado después de haber seguido a su señor y maestro durante muchos años. La humildad de Menno permitió que Dios pudo transformarlo a la semejanza de Jesús, aquel salvador a quien sirvió y obedeció tan fielmente.

¡Nosotros creemos en la vida!

Milenko, el hijo mayor de Menno, comenzó el discurso durante la ceremonia conmemorativa, describiendo el tremendo sentimiento de amor por parte de todos los presentes. Esto nació de un lazo mutuo entre Menno y aquellos que lo conocían y tenían respeto por las luchas espirituales que él había luchado durante su vida. Mientras que nosotros que estuvimos cercanos a él sentimos la preocupación de la pérdida de un buen amigo, podemos experimentar que la palabra de Pablo es verdadera: No debemos preocuparnos como aquellos que no tienen esperanza. ¡Nosotros creemos en la resurrección y creemos en la vida! Menno mantuvo la fe y finalizó la carrera. Nosotros creemos en un reencuentro y nos alegramos sobre todos los valores eternos que pudieron crecer en él durante su tiempo aquí en la tierra.

¡Nosotros creemos en la resurrección y creemos en la vida!