¡Una vida nueva y feliz – a través de la cruz!

¡Una vida nueva y feliz – a través de la cruz!

Escrito por: Inga M. Larsen | Publicado: lunes, 27 de enero de 2014

– Independiente de dónde vives y quién eres – puedes ser perfectamente feliz, dice Nadya Georgieva de Bulgaria. Ella ha experimentado lo que dice, y con gusto quiere compartir con nosotros su historia.

Nadya Georgieva se sienta frente a mí con una cálida sonrisa. Le ofrezco un vaso de agua; estoy ansiosa de escuchar lo que ella tiene para contar. Nadya tiene 36 años de edad, y trabaja en contabilidad. Por lo visto es una persona tranquila y pacífica, la cual no sobresale mucho. Sin embargo, irradia una calidez y amor que son notables, y que por supuesto quiero saber de dónde provienen.

Nadya creció en una pequeña ciudad en Bulgaria, solo a diez minutos a pie de la frontera con Grecia. El comunismo es en este tiempo la ideología dominante en el país, y los valores como la igualdad y la unidad se mantenían con fuerza. Nadya y sus dos hermanas, tienen una infancia buena y segura junto a sus padres en la ciudad de Petrich.

En la escuela Nadya se destaca entre los mejores estudiantes. Ella, así como la mayoría, participa activamente en todo tipo de actividades. Cada tarde había algo para hacer. Nadya participó en los equipos de basquetbol, matemática, en el grupo de danza y en el coro.

Como joven Nadya comenzó a recibir comentarios sobre su conducta. La gente decía que siempre estaba muy enojada. Cuando su madre le mandaba a hacer algo, su primera reacción era: «¿Por qué tengo que hacerlo yo?» En la escuela siempre tenía que tener la razón, y discutía hasta que lograba lo que quería.

Estaba atormentada por mi naturaleza; – esas reacciones negativas de mi forma de ser, las cuales constantemente se manifestaban cuando estaba junto a mi familia y amigos. Los ideales bajo el comunismo eran el compartir, ayudarse mutuamente, ser amable y así sucesivamente. A pesar de escuchar sobre todo esto, era incapaz de llevarlo a cabo.

Por las tardes Nadya acostumbraba visitar a su abuela cristiana. A pesar de que ella no creía en Dios, le encantaba escuchar a su abuela contar historias de la Biblia.

– Era como ver en otro mundo. Un mundo muy alejado al mundo material en que yo vivía, en donde todo era basado en la razón humana.

– Me fascinaba especialmente la historia sobre José. Fue vendido como un esclavo a Egipto y echado a la cárcel. Sin embargo, recibió fuerza de Dios para estar feliz y agradecido.

Un punto de inflexión

Nadya sintió que había un contraste entre la vida que había visto en los diferentes héroes de la fe en la Biblia, y la vida que ella misma vivía. A los 15 años experimentó, sin embargo, un punto de inflexión que cambiaría su vida para siempre.

Un corto y sencillo verso que su abuela leyó de la Biblia fue lo que abrió sus ojos acerca de quién era Dios. Este verso socavaría el pensamiento ateo con el cual había sido criada, que por cierto era el que dominaba en el país.

Ella leyó en la primera carta de Juan 4,12:

«Nadie ha visto jamás a Dios…»

De pronto Nadya vio claramente que no podía esperar para ver a Dios con sus propios ojos. Nadie lo había visto. El asunto era simplemente creer.

– Creer que ella también podía tener acceso a esa ayuda y fuerza que los héroes de la fe en la Biblia tenían.

Nadya se convirtió a Dios, sin entender totalmente lo que ello implicaba. Sin embargo, Él hizo vivas las palabras de la Biblia para ella.


Experimenté una enorme gracia y unción por parte de Dios. Fue algo totalmente notable. Fue un periodo donde logré que hubiera una transformación en mí. Logre no estar enojada; solo por causa del enorme gozo que recibí por el hecho de estar en contacto con Dios.
 

Nadya estaba ahora abismada en la palabra de Dios. Podía leer la Biblia día y noche.

– Era como agua viva, dice ella muy alegre. Es evidente que los recuerdos de esos años de juventud todavía están frescos en su memoria.

Pude ver «a la vieja Nadya»

Tras este breve periodo  de gozo por el arrepentimiento y la salvación, Nadya volvió a encontrarse con su naturaleza humana. Pudo ver «a la vieja Nadya» – con sus deseos naturales y forma de ser.

La palabra de Dios despertó en ella una fuerte necesidad de terminar con todo aquello. No era suficiente con empuñar la mano cuando la ira afloraba. Ella anhela ser libre. Libre del egoísmo. Terminar con toda exigencia e insatisfacción que quisiera manifestarse y hacerse notar.

Cuando Nadya fue bautizada a los 16 años de edad, el pastor le preguntó en la iglesia por qué ella era cristiana. Nadya le contó que su testimonio era el verso escrito en el evangelio de Juan 14,15:

«Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos.»

Esto era su esperanza. Ella amaba a Jesús, y con gusto quería guardar esos buenos mandamientos de los cuales tanto había leído.

– Después del bautismo me sentí increíblemente decepcionada. Mi vieja naturaleza comenzó a atormentarme aún más. Ahora era cristiana, sin embargo, no lograba transformarme. Entonces entré en aflicción.

Nadya escuchaba constantemente que Jesús había muerto en la cruz, para que nosotros recibiéramos perdón por nuestros pecados. Sin embargo, esto ya no era ningún consuelo para ella.

Experimente un deseo de no solo recibir perdón de pecados, sino de ser una persona totalmente nueva.

Una nueva esperanza

Poco tiempo después, la iglesia en Petrich recibió la visita de algunos cristianos de Brunstad la Iglesia Cristiana (BCC). Nadya escuchó una canción del cancionero que los visitantes traían, la cual le dio una nueva esperanza.

Nadya bebe un trago del vaso con agua, antes de continuar.
– Escuché, entre otras cosas, una canción con el texto; «Quiero participar en llevar la palabra de la cruz a los esclavos del pecado.» – Esto es lo que yo necesito. Esto es un camino, pensé.

Nadya, que hasta ese momento se sentía como un esclavo – o como un prisionero – del pecado, vio la cruz como el camino hacia la libertad. A pesar de que Jesús era completamente inocente, murió en la cruz en Gólgota para que nuestros pecados pudieran ser perdonados.

– Sin embargo, también pude darme cuenta que la cruz era algo más que esto. Jesús murió, Él se negó, a su propia voluntad cada día, en todas las tentaciones que le sobrevinieron. Él siempre eligió hacer la voluntad de Dios en lugar de su propia voluntad. Esto es lo que Él llamó en Lucas 9, 23 como «tomar su cruz» – mucho antes de ser crucificado en Gólgota.

Nadya entendió que Jesús no solo se negó a las manifestaciones del pecado – malas palabras, malas obras, etc., sino que el tomo una lucha contra sus propios deseos que vivían en su naturaleza – su propia voluntad, o mejor dicho «el pecado en la carne», como la Biblia lo llama.

En este «tomar su cruz cada día» el pecado recibió su muerte final – antes que comenzara a actuar. Y no solo murió Jesús en la cruz para perdonar nuestros pecados, sino que también nos dejo un ejemplo el cual podemos seguir. El hecho de que Él nunca cedió ante el deseo de la ira, la envidia, de sentirse ofendido etc., le dio a Nadya la posibilidad de también ir por el mismo camino

– Las palabras que Pablo escribe en Gálatas 2, 20 cobraron un significado totalmente nuevo para mí, cuenta:
«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí»

Fue muy claro para mí que cuando muero al egoísmo y a todo lo que ello demanda y que siento que tengo en mi interior, entonces la vida de Cristo también puede manifestarse en mí, explica con entusiasmo.

Experimenté que la cruz funciona

Ahora comenzaron a suceder transformaciones en la vida de Nadya. Tiene que sonreír cuando recuerda la expresión de asombro de su madre, cuando un día le pidió que hiciera algo. «Sí, yo lo hago», respondió ella, la que antes era la testaruda chica de 17 años, incluso antes que su madre terminar de formular la pregunta.

– Experimenté que la cruz funciona. Pensé que si funciona en las pequeñas circunstancias, funcionaría cuando me encontrara en grandes situaciones, dice con una amplia sonrisa.

Esperanza y fe en el futuro

Fue un gran consuelo para Nadya finalmente experimentar victoria. Esto lo dio esperanza y fe en el futuro: Fe en una vida donde constantemente podía ser más transformada, - un día a la vez. De ser una persona enojona y amargada – a ser una persona feliz y agradecida.

Cuando miro a esta mujer de 36 años sentada delante de mí, no veo muchos vestigios de la persona terca que ella describe en su niñez. Le pregunto en broma si ella ahora es perfecta – si desde entonces nunca más ha tenido que usar la cruz.

Nadya ríe a carcajadas mientras responde, que ella no es perfecta.
– La necesito más que nunca antes. A pesar que hay muchas cosas sobre las cuales he tenido victoria, Dios me sigue mostrando nuevas áreas en mí, donde la cruz puede obrar. Entonces debo continuar negando mi propia voluntad, de tal manera que la vida de Jesús pueda manifestarse más y más a través de mi vida.

Como una guía para su propia vida, Nadya utiliza el verso escrito en Romanos 14, 17: «Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.» Cuando ella tiene esta paz y gozo en su corazón – entonces sabe que está siguiendo la voluntad de Dios.

¡Este gozo lo he experimentado! Así me siento cuando soy obediente a la palabra de Dios, dice Nadya.

Comienza en las pequeñas situaciones

Le pregunto para terminar, si tiene alguna invitación para aquellos lectores que todavía no han recibido fe en esta vida, la cual ella misma recibió fe en su juventud.

– Sí, tengo algo para decirles, dice Nadya tranquila, pero con encarecimiento. – Confía en Dios – no en tu razonamiento. Dios es omnipotente. Él puede transformarlo todo. Él puede hacer feliz a una persona infeliz. – independiente de dónde vives – quién tu eres – puedes ser perfectamente feliz.

Nadya habla con convicción en su voz. Es algo que ella misma ha experimentado.

– Primero: convierte a Dios. El punto de partida es que estés dispuesto a servir a Dios de todo tu corazón. Comienza en las pequeñas situaciones. Cuando haces esto – entonces experimentarás que Dios es fiel. Él te hace todo el tiempo feliz y agradecido; totalmente independiente si las emociones suben o bajan, y del entorno en que vives.