Una visión celestial

Una visión celestial

Escrito por: Joy Efseaff | Lugar: Salem, USA | Publicado: viernes, 27 de mayo de 2011

Desde la adolescencia Jerry Graham ha perdido gradualmente la vista. Padece de una enfermedad ocular genética, la cual no tiene cura, sin embargo, en medio de todo esto él ha recibido una visión celestial.

Dios tenía otro plan

—Por supuesto, siempre he esperado que mi visión mejore, dice Jerry. Sin embargo, sentí que Dios tenía otro plan conmigo. Mi mayor anhelo era agradar a Dios. Una vez teníamos una reunión de oración en la iglesia, y uno tras otro comenzaron a levantarse y orar por ellos y los demás. Y alguien me pregunto qué quería orar; y yo oré por más entendimiento en Dios. ¡Con seguridad puedo decir que Él escuchó mi oración, y me respondió!

—Estaba muy consciente de que Dios estaba haciendo algo en mí, a través de todo esto. —Yo no quería que se detuviera, a pesar de que sucedía en medio de muchas tribulaciones.

Una visión celestial

—Ha menudo, visito un lago cercano que tiene muchos senderos para caminar. Ese es un buen momento para orar. Recuerdo perfectamente una vez que estaba deprimido, y en mi aflicción fui y oré. En cierto momento, miré arriba hacia el cielo y pensé, «allá arriba no hay problemas».

—Entonces me vino este versículo en 2 Corintios 4, 17-18: « Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.»

—Fue como una luz liberadora, que me fortaleció poderosamente. Mi situación no cambió, pero si mi visión celestial.

Un amplio círculo de amigos 

Hoy en día Jerry es capaz de hacer muchas cosas como los demás: Puede caminar, cuidar de su nieto y cocinar. Su bastón blanco le ayuda a dirigirse y encontrar el camino para mantenerse en contacto con sus amigos.

—Por lo general, después de las reuniones busco un lugar en la cafetería o en el patio para sentarme. Allí he tenido muy buenas conversaciones, y como no puedo elegir a los que se acercan, mi círculo de amigos se ha vuelto mucho más amplio. Además me ha traído divertidas anécdotas: Varias veces me he encontrado con que la persona que hablo es la equivocada, o ya se ha ido. ¡Y ahí me quedo sentado, hablándole al viento!

«Pienso en lo que he recibido»

  —Para mí es más valioso pensar en lo que he recibido, en lugar de lo que he perdido. Tengo amigos alrededor de todo el mundo. Estoy lleno de agradecimiento, y la alegría en mi interior aumenta. Tengo personas en mi vida las cuales se preocupan por mí, y por las cuales también me preocupo. Nunca me ha faltado nada en este mundo—en realidad tengo más de lo que necesito.
—Puedo ver una eternidad junto a las mejores y más gloriosas personas que han vivido sobre la tierra. ¿Me hace falta algo más? No. Sin embargo, hay muchos padecimientos en la vida. La única pregunta es hacia donde dirijo mi mirada.

—Tal vez tengo solo un día más de vida, o un año, o treinta años. O quizás un día recobrare la vista, o quizás no. Mientras aprenda más de Dios, -¿qué diferencia hace? Él ya me ha dado lo más valioso. ¿De qué serviría si ganase todo el mundo, pero pierdo mi alma? ¡Sin duda sería una perdida eternal!

«Ninguna tentación es demasiado grande»

Tenemos que creer en Dios o en nuestros propios sentimientos, pero una cosa es clara, Dios es fiel, aunque nuestras emociones titubeen...

A pesar de su condición, Jerry confía en Dios y en su Palabra. Trae a la memoria un verso en 1 Corintios 10, 13, que le ha sido de gran ayuda: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.»

—Este verso es una poderosa arma espiritual. Dios nos dice que no dejará que seamos tentados más de lo que podemos soportar, pero nuestra naturaleza humana nos dice lo contrario: «Esta prueba es demasiado grande para mí, no puedo contra ella, etc.» ¿En quién debo confiar? Para mí, la respuesta está a la vista: «¡antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso!» (Romanos 3,4)

— Tenemos que creer en Dios o en nuestros propios sentimientos, pero una cosa es clara, Dios es fiel, aunque nuestras emociones titubeen. Creo que todos lo que aman la verdad entienden esto. También está escrito que no somos deudores de la carne. Todos estos pensamientos y sentimientos pueden venir, pero no necesitamos ser esclavos de ellos.

—¡Esta es realmente una palabra liberadora! ¡Realmente espero que todas las personas en este mundo puedan recibir parte en esto! Entonces Satanás con sus mentiras será silenciado por la eternidad. ¡Ese será un día feliz!