Jesús – el Hijo del Hombre

Jesús – el Hijo del Hombre

Escrito por: Tony Jackson | Lugar: Taunton, Gran Bretaña | Publicado: viernes, 28 de diciembre de 2012

Jesús se llamó a sí mismo el Hijo del Hombre, o también el Hijo de Dios. ¿Por qué?

Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. (Rom. 5,19)

El primer hombre fue Adán. Él fue puesto en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase, y tenía  gran libertad para comer lo que quisiese, a excepción del fruto de «el árbol de la ciencia del bien y del mal». Adán fue desobediente frente a este mandamiento. El resultado; es que el pecado entró en él y por ende al resto de la humanidad. Dios les dio a los hombres la ley para ayudarlos a reconocer su pecado y buscar perdón. Sin embargo, la ayuda que encontraron no fue suficiente para dejar de pecar.

El segundo hombre fue Jesús. Él también nació con una carne (una naturaleza humana), de la cual podemos leer en Romanos 1, 3: …acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne… Esto significa que podía ser tentado al igual que nosotros en las situaciones cotidianas; y es por esto que se hace llamar a sí mismo el Hijo del Hombre, o también el Hijo de Dios. En lugar de pecar como los hombres hacían hasta entonces, busco ayuda en su Padre en el cielo cuando era tentado. En Romanos 8,3 podemos leer: ... enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne.

Si sentía Jesús que había algo que creaba intranquilidad en su interior; entonces se volvía hacia su Padre, y Dios le mostraba el pecado que quería manifestarse en su cuerpo. Si Jesús hubiera cedido ante la tentación y pecado, entonces el camino de la salvación del pecado se habría perdido para siempre. Al contrario podemos leer en Hebreos 5, 7-8 que Jesús ofrecía ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas y que alcanzó victoria a causa de la obediencia.

Cuando Jesús fue crucificado en Gólgota, sus palabras fueron: ¡Consumado es! Ya no había ningún pecado para ser condenado. Había alcanzado perfecta victoria sobre todo aquello que había entrado en la humanidad a causa de la caída en pecado. Satanás, el príncipe de este mundo, ¡había sido derrotado!

El consejo de Jesús al joven rico fue: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes… ¡y ven y sígueme! (Mateo 19,21) Este es el sentir que debemos tener como Pedro en el verso 27: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, ¡y te hemos seguido! Para tales personas hay magnificas promesas, tanto en esta vida sobre la tierra, como después en la eternidad.