Nuestro precursor

Nuestro precursor

Escrito por: Kjell Fossnes | Publicado: miércoles, 30 de diciembre de 2015

¿Has considerado que Jesús, nuestro gran salvador y redentor, también es nuestro precursor? ¿Nos atrevemos a creer en esto, y que nosotros somos sus seguidores?

Podemos leer acerca de esto en Hebreos 6,17-20. El autor de esta carta describe cómo Jesús, nuestro precursor, entró en el santuario y fijo el ancla del alma en forma segura y firme allí dentro (traducción noruega). Él usa un ejemplo del antiguo testamento para explicarlo. En el templo había un velo colgado en la entrada del santuario, donde sólo el sumo sacerdote podía entrar una vez al año para ofrendar. ¡Esta es una imagen que prefigura la obra que Jesús hizo!

Un camino nuevo y vivo

En Hebreos 10,20 podemos leer: Por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne. Para Jesús, el velo que le impedía el camino hacia el lugar santísimo era su carne, su naturaleza humana. Su objetivo era sin duda llegar allí, al lugar santísimo, donde podía encontrar la redención eterna para la humanidad.

Tentado en todo

Después que Jesús fue tentado en todo en el transcurso de su vida, sin caer en el pecado, exclamó en la cruz en Gólgota: ¡Consumado es! Entonces el velo se rasgo, ¡y el camino nuevo y vivo fue abierto para nosotros! Por eso está escrito en Hebreos 10,19: Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo. Con confianza y fe podemos seguir a Jesús por este camino nuevo y vivo. Él nos ha dado el Espíritu Santo, el mismo Espíritu que le dio el poder que Él necesitaba.

Su camino – nuestro camino. Su vida – nuestra vida

¡Ahora la vida de Jesús puede ser nuestra vida! Así como Él fue tentado, nosotros también seremos tentados, y así como mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, (Hebreos 9,14) ¡así también podemos ofrecernos! Quizás te preguntas: ¿Mi propia voluntad, también tiene que ser sacrificada? Pero mi pregunta es la siguiente: ¿Qué te ha brindado? ¡Se sincero! A menudo no te ha traído pensamiento de envidia, pensamientos impuros, de ambición, de desconfianza e incluso de odio y conflictos. Sin embargo, ¿cómo es el lugar ideal donde el ancla de la esperanza es fijada? Sí, es allí donde los llamados frutos del espíritu están: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Gálatas 5,22. ¿No es el camino de Jesús digno de seguir?