Nuestro salvador Jesucristo

Nuestro salvador Jesucristo

Escrito por: Philip Derkatch | Lugar: Ottawa, Canadá | Publicado: viernes, 18 de noviembre de 2016

Millones de personas reconocen a Jesús como su salvador. Como el que les ha perdonado sus pecados. Sin duda es una gloriosa verdad – Él  nos ha perdonado. Sin embargo, Él puede ser nuestro salvador en un nivel aún más profundo, lo que significa mucho más que el perdón de pecados.

En el antiguo pacto también era posible lograr el perdón de pecados. Porque en el día de expiación seréis limpios de todos vuestros pecados. (Levítico 16, 30) Sin embargo, continuamente requerían del perdón, año tras año. Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto (Levítico 16,3) Para recibir perdón, el pueblo en Israel debía ofrecer sangre de toros, corderos y machos cabríos como una ofrenda por el pecado.

Más que el perdón

Jesús vino para ofrecernos mucho más que el perdón de pecados – ¡Él vino para ofrecernos una transformación total! Él entendió que el ofrendar por el pecado nunca podría guiar a los hombres a una transformación y una vida nueva. Él vino para salvarnos de nuestro pecado. Esto quiere decir que ya no necesitamos seguir pecando año tras año. La sangre de toros y machos cabríos no pudo quitar los pecados, pero si Jesús. (Hebreos 10,4)

Jesús como precursor

Jesús vino al mundo con la misma carne (naturaleza humana) que un bebé. (Hebreos 2, 14-16) Él experimentó las mismas tentaciones que nosotros experimentamos, y venció sobre éstas estando en la condición de hombre, ¡sin haber pecado una sola vez! (Hebreos 4, 15) ¿Cómo pudo lograr esto? A causa de su obediencia pudo Dios condenar el pecado en su carne mientras estaba con vida, antes de morir en Gólgota. Él murió a su propia voluntad, mucho antes de haber sido crucificado en la cruz. (Romanos 8,3)

Jesús fue perfeccionado a través de estos sufrimientos cotidianos. (Hebreos 2,10) Lo hizo para poder guiar a muchos de nosotros a la misma gloria. Es nuestro líder, y tuvo una salvación perfecta de todo el pecado en su carne, que heredó a través de la caída. Si seguimos sus pisadas  y dejamos que el Espíritu haga su obra, entonces también podremos llevar el pecado de nuestra carne a la muerte y terminar con el pecado. (1 Pedro 4,1)

Podemos terminar completamente de pecar si aceptamos a Jesús como nuestro salvador. Esto quiere decir, que es totalmente posible terminar con el enojo, sentirse ofendido y la envidia. Ya no tenemos que ser esclavos del «deseo de los ojos»  (1 Juan 2,16) Por lo tanto, podemos ser transformados a su imagen. (Romanos 8,29) Él fue el primogénito de muchos hermanos. ¡Qué Salvador!