Ninguna persona es más central en el cristianismo que Jesús. Pero, ¿quién es Él realmente?
Podemos preguntar: ¿Quién era Jesús? Las fuentes de información acerca de la vida de Jesús son principalmente los evangelios del Nuevo Testamento. Él nació y trabajó en Galilea, y fue crucificado en Jerusalem durante la pascua del año 30 aproximadamente. Distintas fuentes relatan que cuando Él fue crucificado fue puesta una inscripción en la cruz: Jesus Nazarenus Rex Iudaeorum, Jesús de Nazaret, rey de los judíos".
Muchos nombres
Mesías, Salvador, Hijo de Dios y Verbo son algunos de los nombres que se han dado a Jesús. A menudo Él se llamó a sí mismo como el Hijo del Hombre. En el Antiguo Testamento encontramos profecías acerca de Jesús. El profeta Isaías lo menciona como "Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz". Todos estos nombres nos ayudan a entender quién es Jesús, no solo quién fue Él.
El Redentor
Muchos contemporáneos de Jesús esperaban que Él liberase a Israel de la dominación romana, y se decepcionaron porque esto no ocurrió. ¡Pero Jesús es el que puede hacernos libres! En el evangelio de Juan, capítulo 8, Jesús dice: "Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres". A nosotros como humanos nos gusta pensar que somos buenos y que queremos hacer el bien. Entonces experimentamos que igualmente hacemos el mal y aquello que puede perjudicar a los demás. La Biblia dice que somos atrapados por el mal, y esto ocurre porque tenemos una naturaleza humana en la que no vive nada bueno. Si creemos en Jesús, recibimos la ayuda que necesitamos para librarnos del poder del pecado sobre nosotros y para que podamos empezar a servir a Dios. El apóstol Pablo escribe claramente sobre este tema en su carta a los Romanos, capítulo 7.
Verdadero Dios y verdadero hombre
Muchas personas niegan la divinidad de Jesús. Ellos afirman que Él no fue más que un hombre entre otros hombre; por cierto, uno a quien podemos ver como el ejemplo ideal.
En cambio, nosotros creemos que cuando Jesús estaba en el cielo, era verdadero Dios. Y cuando Jesús estaba aquí en la tierra era verdadero hombre. Él nació en el mundo, en un tiempo determinado, como un ser humano con la misma naturaleza que nosotros.
En el Corán Jesús es descrito como un gran profeta que hizo milagros y que tenía un evangelio para el pueblo. Entre los cristianos la fe en Jesús como el Hijo de Dios es central. Sin embargo, hay opiniones contrarias cuando se refiere a Jesús como Dios y hombre. Muchos creen que Jesús era un ser divino, también cuando estuvo en la tierra, por lo que no tuvo que luchar contra el pecado que se encuentra en la naturaleza humana. En cambio, nosotros creemos que cuando Jesús estaba en el cielo, era verdadero Dios. Y cuando Jesús estaba aquí en la tierra era verdadero hombre. Él nació en el mundo, en un tiempo determinado, como un ser humano con la misma naturaleza que nosotros. Jesús tenía el Espíritu Santo vivo en su interior, el cual lo guiaba; él era obediente a lo que el Espíritu le enseñaba. Su trabajo en la tierra fue vencer todo el pecado que se encontraba en su naturaleza humana. Cuando Jesús terminó su obra, volvió a Dios. Juan el evangelista escribe en el capítulo 14 acerca de cómo Jesús prometió a sus discípulos que recibirían el Espíritu Santo, por lo que también podrían recibir la fuerza y ayuda necesaria para guardar los mandamientos que él les había dejado.
El autor de la salvación
Lo que Dios quería hacer a través de Jesucristo, era completar un plan de salvación para que nosotros hombres también pudiéramos recibir parte en el reino de Dios y el derecho de vivir como sus hijos. Pablo explica esto en el comienzo de su carta a los Efesios. Jesús experimentó lo que significa tener una naturaleza humana y alcanzó la perfección como hombre. En la carta a los Hebreos, capítulo 5, está escrito: Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.
Jesús es más que un ejemplo: Él es nuestro Salvador.
El precursor
Cuando Jesús estuvo en la tierra fue un hombre igual a nosotros. Por eso es que creemos que Él también fue tentado a cosas como la amargura y acusación, murmuraciones, envidia y orgullo. Pero Él no permitió que estas cosas entraran en su mente. Él estuvo en aflicción y clamó a Dios por ayuda. Jesús fue escuchado en sus oraciones y venció los efectos de la naturaleza humana que Él sabía que eran pecado. Él nunca cedió ante el deseo hacer lo malo. Quizás fue así que cuando Jesús era tentado veía Él una cruz frente a sí. En los pensamientos clavaba Él firme a la cruz las debilidades que sentía hacia cometer pecado. En esta lucha contra el pecado resistió Él a tal grado que en sentido figurado le costó su sangre, porque resistir al pecado conllevó padecimientos. Pero Jesús resistió hasta que la misma tentación a pecar estuviese muerta. A través del Espíritu Santo recibió el poder para vencer sobre la tentación. Jesús dice a cada uno que quiera seguirle que debe negarse a si mismo y tomar su cruz cada día. ¿Quién es Jesús? Él es quien nos enseña a negarnos a nosotros mismos y tomar nuestra cruz. Él es nuestro precursor y nosotros podemos ser sus seguidores.
El reconciliador
En un lugar llamado Gólgota Jesús fue crucificado en una cruz real. Ya no fue más figurativamente que le costó su sangre. Él murió allí.
Jesús es nuestro ayudador y él nos da la fuerza si oramos de todo corazón para no ceder ante el pecado.
En el evangelio según San Juan está escrito que en sus últimas horas Jesús sabía que todo estaba culminado. La obra que Dios le había encomendando Él la había completado; había hecho la voluntad de Dios. En Jesús no se encontró pecado. Él estaba sin culpa. Por ello Dios pudo levantarle de los muertos. ¿Quién es Jesús? Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo, escribe Juan en su primera carta. Jesús es el reconciliador. Él es el que habla por nosotros; en otras palabras: nuestro abogado. Cuando hemos cometido pecado, y lo reconocemos y pedimos perdón, Dios nos perdona por causa de Jesús.
El ayudador
Jesús es nuestro ayudador en todas las situaciones, cuando de corazón pedimos poder para no ceder ante las tentaciones hacia el pecado. Entonces alcanzaremos misericordia y hallaremos gracia para el oportuno socorro, es decir, de modo que no pecamos. Acerca de esto podemos leer en Hebreos, capítulo 4. Jesús recibió el poder de la resurrección por su victoria sobre la muerte y podemos recibir ayuda por este mismo poder. Ésta es la gracia para el oportuno socorro.
Jesús es el punto de partida para que nosotros recibamos una vida en bondad y amor, una vida en la cual tenemos paz unos con otros. Pero, ¿cómo podemos degustar del cielo aquí en la tierra? ¿Cómo podemos llegar al cielo y participar del reino eterno de Dios?
Jesús es el camino
Tenemos que saber el camino y debemos tener una tarjeta de acceso. Dios con gusto nos da esta tarjeta de acceso al cielo, la cual tiene un mensaje escrito en ella: ¡Válido para todos los que obedecen a Jesús! ¿Cómo podemos encontrar el camino? Si leemos en el Evangelio según San Juan, capítulo 14, encontramos la respuesta. Jesús viene a nuestro encuentro y nos dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre (Dios), sino por mí.
¡Esta es una buena razón para conocer mejor a Jesús!
Cuando conocemos a Jesús empezamos a sentir que necesitamos llevar nuestra vida a la luz. Puedes leer más sobre esto en el artículo "Conversión".