Recuerdos que perduran

Recuerdos que perduran

Escrito por: Ben Graham | Lugar: Salem, Oregon | Publicado: jueves, 20 de enero de 2011

‹‹¿Cuándo nos vamos?›› pregunta alguien. Segundos después, se escucha el rugido de unos motores, y dos buses escolares aparecen de repente.

 Es una mañana gris y húmeda, lo cual es algo muy típico en la zona que nos encontramos. La imagen del autobús escolar amarillo da para pensar, naturalmente, que los niños van al colegio, sin embargo, el destino hoy es totalmente diferente.

Alrededor de 60 niños de la escuela dominical entre las edades de 5 y 12 años llegan a Macleay Christian Retreat, un centro de conferencia ubicado en medio de Salem, Oregon, para participar de un viaje a Silver Falls (cataratas de plata).

‹‹Será un día muy divertido y emocionante,›› dice Andrew Taylor (26).

Él es uno de los líderes de la escuela dominical quien el año pasado ya experimentó un tour a Silver Falls. El lugar está ubicado en medio de un conocido parque estatal, rodeado de hermosos bosques con senderos naturales y una fantástica vista a las impresionantes cascadas.

 Los niños no parecen darse cuenta del viento o la suave lluvia que cae sobre ellos. Ellos solo están ocupados de encontrar una buena ubicación dentro del bus. Ansiosas voces llenan el aire. El viaje se caracteriza por el buen ambiente durante todo el recorrido con canciones de navidad y cumpleaños, en honor al chofer y a una chica que acababa de cumplir 12 años respectivamente. Mientras más nos acercamos a nuestra meta, más fuerte se escuchan los cánticos.

El bus prácticamente no alcanza a estacionarse bien antes que los niños salen como a chorros por las puertas. El estacionamiento que solo hace un momento estaba vacío, ahora es una mar de niños entusiasmados moviéndose. Finalmente han llegado, llenos de risas, bromas e imposibles de controlar.

Los niños se organizan en grupos con un líder, para poder participar de las diferentes actividades como ir a través del sendero y hacer exploración entre otros interesantes juegos. ‹‹¡Me estoy divirtiendo mucho junto a todos mis amigas!›› dice Amanda (9). Con una sonrisa de satisfacción termina su galleta de jengibre, y se estira para tomarse una tasa más de chocolate en el albergue.

Afuera un grupo de niños corre con el agua chorreando en sus caras, contando excitadamente que acaban de pasar por detrás de una rugiente cascada de más de 60 metros de alto.

Cuando le preguntamos a Matt Messmore (25) acerca de por qué él se ofreció como voluntario para ayudar en el viaje, él responde ‹‹Esta es una oportunidad que tengo para pasar más tiempo con los niños, algo que normalmente no hago. Los niños estaban tan emocionados con este viaje, que hubiera sido egoísta de mi parte no haber compartido este entusiasmo con ellos, así como participar en alegrarlos y bendecirles.››

La misma pregunta responde Andrew Taylor, ‹‹No se trata solamente de las palabras que digo, pero la vida que vivo es la que hace una impresión en los niños. Tengo que vivir de tal manera que también recibo un anhelo de seguir a Jesús.››

 

‹‹Viajes como estos son una gran oportunidad para crear recuerdos que duran para siempre. Esto abre sus corazones, de tal manera que son más receptivos y abiertos a la Palabra de Dios y las historias en la Biblia.››