A punta de pistola

A punta de pistola

Escrito por: Riana Hulsman | Lugar: Pretoria, Sudáfrica | Publicado: miércoles, 06 de abril de 2011

El sonido del gatillo de la pistola interrumpe la predicación del hermano que habla delante de la sala en la reunión.

Medio sentada, medio parada me doy vuelta para ver lo que pasa. « ¿Qué broma de mal gusto es esta? ¿Quiénes son estos hombres divirtiéndose con armas de fuego?» De reojo veo a mi hermano con las manos en alto, y me doy cuenta que esto no es una broma, ¡es real!

No estoy lista para morir 

Con la nariz en el piso y los latidos del corazón palpitando como tambores en los oídos, los segundos se sienten eternos, y todo lo que puedes hacer es pensar en tu vida. «Dios, no estoy lista para morir. Hay muchas cosas de las cuales me arrepiento, todavía necesito más tiempo de gracia. Ayúdame Señor, no quiero morir, necesito más aceite en mi lámpara.» Oro en silencio mientras estoy en el suelo.

Un zapato grande me pisa para que me acerque más a su lado, y me da un codazo en el costado con el fin de hacer más espacio. Veo que un ladrón roba el reloj de alguien a mis espaldas. Lo registra varias veces en busca de cosas de valor. Parece como si no me viera, sin embargo, justo antes de irse se vuelve hacia mí.

«Dios, protege a papá»

Toma mi brazo, y me da vuelta. Comienza a registrar dentro de mi camisa en busca de algún collar. También busca en el bolsillo de mi pantalón en busca del teléfono móvil. «Espera, yo lo busco. Está en mi bolsillo.» ¿Realmente soy yo la que está hablando? Miro directamente a los ojos del ladrón, nunca olvidaré el miedo que sentí. Millones de pensamientos corrieron por mi mente.

Escucho que alguien roba las llaves de todos los autos

De repente, el hombre termina conmigo y yo vuelvo al suelo, pero ahora escucho que amenazan a mi padre. Una vez más comienzo a orar: «Dios, protege a papá, no sé qué haríamos sin él.» Escucho que alguien roba las llaves de todos los autos, mientras otros saquean la habitación del lado. Hablan rápida y diligentemente juntos, tal como si estuvieran apresurándose. Después de un momento de silencio aterrador, me doy cuenta que se han ido.

Uno tras otro nos ponemos de pie. Algunas de las jóvenes que están detrás de mi están llorando. Sus madres se acercan para consolarlas. A mi lado una mujer empieza a llorar descontroladamente, mientras su marido llama a la policía – los ladrones parecen haber pasado por alto su teléfono. No sé qué hacer; estoy temblando y al borde del llanto. «No puedo llorar ahora, hay otros que necesitan de mí», pienso, y respiro profundo antes de ir a consolar a alguien.

Lista para Jesús

Más tarde, cuando orábamos juntos y agradecíamos a Dios de que nada serio nos sucedió, me di cuenta que mi vida no podía seguir igual. Tomé la decisión de usar cada segundo de mi vida en forma correcta, y nunca más discutir o ser desagradable con alguien otra vez.

Ahora, cuatro años más tarde, estoy muy agradecida de que Dios me envió este día. Fuimos muy afortunados. Los ladrones iban y venían, sin embargo nadie salió lastimado. Durante semanas tuve miedo de salir por las noches, pero aprendí a confiar en Dios y en lo que está escrito en Mateo 10, 30: « Pues aun vuestros cabellos están todos contados. » Su preocupación por mí es absoluta, y cada situación en mi vida ha sido planeada cuidadosamente para mi propio bien.

Yo amo Sudáfrica, y no tengo ninguna intención de irme. Quiero vivir y conscientemente hacer la voluntad de Dios, siempre lista para el día que Jesús regrese. Dios me ha dado la vida, y obedecer su Palabra es la mejor manera de retribuirle.