Correr tras el viento

Correr tras el viento

Escrito por: Ole-Petter Andersen | Lugar: Valdres, Noruega | Publicado: viernes, 19 de febrero de 2010

Ole-Petter creció en un hogar noruego común, sin ninguna pertenencia religiosa particular. Dios guió las «coincidencias» para que él, a los 21 años, recibiera a Jesús como su salvador. Aquí nos cuenta acerca de las primeras revelaciones que recibió en la iglesia.

Poco tiempo después de haberme convertido de una vida mundana, un amigo me leyó una palabra de la Biblia que causó una fuerte impresión en mí. Esto porque de una sorprendente manera expresaba lo que yo había sentido todo mis años de inconverso, y aquello que había abandonado en plena conciencia.

Él me leyó en los primeros capítulos de Eclesiastés, que todas las cosas son fatigosas, y que sólo son vanidad y y correr tras el viento. ¡Eso era! Exactamente yo había sentido eso tantas veces, ya fuera trabajando y ahorrando para un nuevo auto, o respondiendo en forma cortante a un compañero en una conversación con mi grupo de amigos, para parecer machote, cool y divertido, y para tener la última palabra, aunque fuera a costa de los demás. O cuando en forma interesada entraba en contacto con otra chica, aunque ya tuviera una novia. O cuando mientras manejaba me daba vuelta para mirar a una mujer vestida de fiesta que caminaba en un calle del centro, y estuve a punto de chocar al auto de adelante que justo había frenado. ¡Una eventual colisión habría sido tan en vano! Exactamente tan en vano como correr tras el viento.

¿Algo de la maldición será que la carne nunca se satisface?

¿Qué era lo que había en mí, que de manera tan incansable se afanaba? ¿Aquello me había dirigido antes? Al fin y al cabo, esto debe haber sido una parte destructiva de mí, lo que la Escritura llama la carne. Y está escrito que la carne es maldita. ¿Algo de la maldición será que la carne nunca se satisface? Los ojos no se cansan de ver, y los oídos no se cansan de oÍr, está escrito en Eclesiastés. Siempre habrá un nuevo auto más lindo y más rápido para desear. Así también con las damas. Siempre habrá chismes frescos y terribles, o rumores de los cuales quisiera escuchar más. Intentar satisfacer esta destructiva voluntad es un proyecto a largo plazo que lo abarca todo, ¡y que nunca tendrá éxito! Si así fuera, habría muchos ricos, famosos y modelos completamente felices

¡Yo me quedé asombrado de que esta verdad me fuera revelada tan rápidamente! En seguida entendí que era lo que me había atormentado en mis pensamientos, y por qué había buscado a Dios. Porque todo era sólo vanidad. Yo había vivido como un objeto sin contenido, flotando en el espacio, sin la posibilidad de cambiar el curso. Así era mi vida, dirigida por deseos de riqueza y popularidad, guiada por el deseo de venganza y codicia. Sí, así había vivido durante años.

Lo peor de todo era pensar en todo el tiempo que había perdido. La gracia de Dios es grande, pero no como para que pueda vivir la vida de nuevo. Pensé en que «¡el tiempo es tu vida!». ¡Por eso llegué a ser tan feliz de ser librado de algo tan vano como correr tras el viento!