Cuando las cosas con los demás van bien

Cuando las cosas con los demás van bien

Escrito por: Gill Savage | Lugar: Taunton, UK | Publicado: jueves, 04 de noviembre de 2010

«Toda las cosas me ayudan a bien.» Creer en esto es algo fantástico ¡nosotros realmente somos afortunados de poder creer en esto! Pero ¿Cómo practico esto en la vida real, por ejemplo cuando soy tentado a la envidia?

 «Mi vida ha sido como yo la he soñado», publica campante uno de mis amigos en su estado en Facebook.

- ¡Ya, quizás!, hay personas que piensan tenerlo todo, es el primer pensamiento que me viene cuando leo esto.

Una profesión, salud, dinero, un conyugue, hermosos hijos, talento. Debo decir que la primera reacción no es la de alegrarme por lo escrito en su muro. ¿Por qué usar tiempo de mi vida para alegrarme por el éxito de los demás, cuando siento que mis propios sueños se han derrumbado? Estos pensamientos son fuertes, casi abrumadores. Puedo sentir mi enfado.

Mientras estoy sentado allí con estos sentimientos y pensamientos que brotan, oro una breve oración: « ¡Dios ayúdame, mi deseo no es ser así!»

Elijo rechazar los pensamientos de protesta, de envidia y autoindulgencia.

 Entonces recuerdo un verso corto que uno de mis amigos compartió conmigo unos años atrás: Humillaos bajo la poderosa mano de Dios... (1. Pedro. 5,6).

Pienso en el verso y siento un anhelo interior por ser obediente a estas palabras. Lo sé, al menos al ver la vida de mi amigo que compartió estas palabras conmigo, que la obediencia a la Palabra de Dios me va a conducir a un profundo gozo y paz. ¡Esta es una vida inconmovible, independiente de las situaciones! Tengo claro que estoy en las manos de Dios y todo lo que suceda será lo mejor para mí.

Elijo rechazar los pensamientos de protesta, envidia y autoindulgencia, y recibo una profunda confirmación en mi interior de que Dios está contento conmigo. Los pensamientos empiezan a florecer:

- « ¿Por qué no pienso mejor en hacer el bien con los demás? ¿No es gente que está en peores condiciones que yo? ¿Por qué piensas solo en ti mismo? ». Mis «ojos» ven alrededor, y uno tras otro aparecen diferentes personas en mi corazón. La necesidad de ellos es mucho mayor que la mía. Comienzo a orar por ellos, les envío unos mensajes de textos, recibo inspiración acerca de lo que podría ser bueno para ellos. Mi corazón se ensancha ¡para abarcar y atenderlos a todos!

Me pongo fuera del cuadro. ¿No es esta la vida fantástica que vivió Jesús? Él no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida. Pienso lo afortunado que soy de poder seguirle y que no vivo una vida según mis pensamientos y sentimientos naturales los cuales a menudo conduce a la miseria, sino que al contrario es una vida ¡buena que irradia bendición!

Él no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida.

 La Biblia también nos exhorta a gozarnos con los que se gozan, y yo ya he experimentado esto en cierto grado. Esto me conduce a una vida plena y feliz, a pesar de que mis situaciones no siempre cumplen con «los sueños» que tengo. Mis ojos deben volcar su mirada de ganancias terrenales a espirituales – aquellas que traen verdadera satisfacción y alegría. La Palabra de Dios es verdadera.

Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; ¡apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala! 1 Pedro 3,10-11