Desde la religiosidad rígida al cristianismo vivo

Desde la religiosidad rígida al cristianismo vivo

Escrito por: Peter Damnjanovic con Tony Jacobs | Publicado: martes, 06 de septiembre de 2016

¿Cómo un grupo de cristianos en busca del cristianismo verdadero y vivo llegó a encontrarlo?

«Hay niebla fuera y dentro», escribió mi buen amigo Tony en su agenda después de una reunión de oración a principios de 1975.

Sentíamos que no éramos libres para seguir la dirección de Dios en la iglesia evangélica a la que íbamos, y junto con un grupo de jóvenes con el mismo sentir, decidimos retiramos. Habíamos leído en Efesios 4,15-16 cómo la iglesia debe trabajar y como todos los miembros funcionan juntos como un cuerpo, pero no habíamos experimentado esto en ninguna de las iglesias a las que habíamos asistido.

Nos decidimos seguir la Biblia y el impulso del Espíritu Santo.

Queríamos salir totalmente de la estructura de un pastor que gobierna sobre una iglesia pasiva. Deseábamos experimentar una iglesia donde todos los miembros fueran activos, así como se describe tan claramente en Efesios. Entonces nos decidimos a seguir la Biblia y el impulso del Espíritu Santo. Pensamos que si podíamos lograr esto, ¡todos nuestros problemas se resolverían!

Simplemente no estaba funcionando

Incluso con nuestra nueva libertad, donde todos podían testificar, orar o cantar, pronto tuvimos que admitir que simplemente no estaba funcionando. Sí, éramos libres de rígidas estructuras sobre el servicio a Dios, y estábamos felices por eso, pero teníamos muy poco con qué ayudar a los otros. Nos sentimos desolados y vacíos, carecíamos de una dirección y finalidad, estábamos en un callejón sin salida. ¿Qué íbamos a hacer? ¿Dónde podíamos ir?

Fue en este tiempo en que comenzamos a tener reuniones de oración temprano por las mañanas, nos reuníamos antes de ir al trabajo y buscábamos a Dios fervientemente por ayuda y dirección. Una mañana, al ponerse Tony de pie, aún se sentía confundido y poco claro, miró por la ventana y vio un mar de niebla espesa. «¿A dónde iremos Señor?» Parecía como que Dios no escuchaba, o no respondía. Y aunque todo se veía perdido, continuamos orando como Jesús dice en Lucas 18,1-8 que lo debemos hacer; entonces la sorprendente dirección de Dios se mostró de una forma totalmente inesperada.

Una respuesta a la oración

Mike, uno de nuestros amigos, estaba sentado en el tren leyendo su Biblia. Otro pasajero se dio cuenta de la Biblia y se acercó a entablar una conversación. Él era cristiano y le dio su dirección a Mike para que viniese un día a visitarlo. Un año más tarde, cuando por casualidad se encontraba en el lugar, Mike recordó la dirección y visitó al hombre del tren, a su familia y amigos, y entonces descubrió algo sorprendente.

Este grupo cristiano creyó que podíamos crecer y desarrollarnos en la sabiduría, como Jesús lo hizo (Lucas 2,52), al mantenernos firme, por la fe en la fuerza que Jesús puede darnos para vencer el pecado en nuestra propia vida (1 Pedro 2,21-23), podemos terminar con estar irritados, amargos, envidiosos y egoístas; y a cambio crecer y desarrollarnos a diario en el amor, agradecimiento y en todo lo que es bueno.

Podemos crecer y desarrollarnos en la sabiduría como Jesús lo hizo.

Fue esta fe que dio a cada uno de ellos la capacidad para ayudar y edificarse unos a otros en comunión y en las reuniones, de manera que cada miembro vino a ser útil, sin depender de un pastor para acercarse a Dios. Cada miembro tenía una personal y activa fe que los ayudó a trabajar en su salvación cada día (Filipenses 2,12). ¡Esto era aquello que necesitábamos y fue la razón por la que antes no podíamos ayudarnos unos a otros!

Recuerdo la alegría indescriptible que nos embargó cuando entendimos que todos podíamos seguir a Jesús y estar unidos a su cuerpo. ¡Ahora era posible para nosotros vivir una vida en constante victoria! Ahora teníamos un camino claro y un futuro esperanzador.

La niebla había desaparecido totalmente; el nuevo y vivo camino que Jesús abrió fue revelado (Hebreos 10, 19-20). Esta revelación transformó nuestra comunión y las reuniones al descubrir que todos podíamos animarnos y edificarnos unos a otros a vivir como el cuerpo de Cristo aquí en la tierra.