«¿Dónde está la defensa?»

«¿Dónde está la defensa?»

Escrito por: Janne Epland | Publicado: martes, 08 de febrero de 2011

Me concentro en el disco delante en la pista de hielo a través de la rejilla de mi casco. El corazón palpita un poco más rápido de lo normal, sin embargo mi cuerpo está en completa tranquilidad.

Solo hay una cosa que es importante: asegurar que el arco detrás de mí sea inexpugnable para el otro equipo. Mi respiración produce vapor, y mis manos dentro de los guantes de pronto agarran muy duro todo el palo de hockey. Los jugadores delante de mí han cambiado de dirección, y vienen a toda velocidad hacia mí con el disco delante de ellos.

Miro con desesperación a los defensas de mi propio equipo, sin embargo están muy lejos. Completamente solo tengo que defender el gol contra un rival muy determinado. Instintivamente abro mi boca y grito «¡¿Dónde está la defensa?!» Mi cuerpo de pronto está muy caliente, y mi corazón palpita salvajemente. Antes que pueda recuperar la compostura, el disco ya está en el fondo de la red detrás de mí.
Este es un deporte muy dinámico, que después de unos cuantos segundos se vuelve a reanudar al otro lado del hielo. Me concentro y medito:

¿Qué fue lo que sucedió en realidad? Me moleste, casi me enoje con mis amigos. El error en realidad fue de ellos que no estaban en sus lugares. Pero, ¿Tenía el derecho de gritar de esa manera? Reflexiono en lo que paso dentro de mí en ese instante. Está claro que humanamente somos «atrapados» en el juego y la competencia, y por lo tanto pensamos y decimos cosas que en realidad no queremos. Sin embargo, ¿Tengo que seguir reaccionando de la misma manera como siempre he reaccionado?

Las palabras «naturaleza divina» surgen en mi cabeza. ¿Qué es lo que está escrito respecto a esto? Esta escrito que Dios nos ha llamado y «… nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.» (2 Pedro 1,3-4). De pronto, esto se vuelve más vivo en mí como nunca antes. ¡No necesito seguir reaccionando de una manera humana!


Dios me dio luz; Él me mostro esto porque confió en mí y porque Él quiere que sea feliz y totalmente libre del pecado que me ata.

Me doy cuenta que esto es algo que yo solo no puedo manejarlo. Algunas veces soy tentado primeramente, como una especie de advertencia acerca de lo que vendrá, sin embargo, en otras ocasiones la naturaleza humana reacciona, incluso, sin haber pensado antes en ello, como ocurrió ahora. De acuerdo a la Palabra de Dios puedo ser libertado de todo el mal que hay en mi carne, de todo a lo cual soy tentado, y que puedo recibir más parte en la bondad.

Pero primero, Dios tiene que mostrarme todo lo que vive dentro de mí, para que aquellas tendencias inconscientes en mi carne – mi naturaleza humana – sean conscientes para mí. Entonces así poder, y tengo que poder, trabajar con el asunto.

En realidad, no quería reaccionar de esa forma como lo hice, pero la próxima vez sé que ya no tiene que ser así, porque ahora soy consciente y estoy preparado para hacer frente a la tentación con todas mis defensas.

De hecho, puedo orar a Dios para que me dé el poder y la gracia para vencer sobre estas cosas específicas. A través de la fidelidad en el tiempo, puedo terminar totalmente con esto, y así reaccionar cada vez más y más como Dios quiere que reaccione. Esto es recibir parte de su naturaleza divina. ¡Esto es fantástico!

– Esto fue lo que justamente sucedió, creo yo. Dios me dio luz; Él me mostro esto porque confió en mí y porque Él quiere que sea feliz y totalmente libre del pecado que me ata.

Soy increíblemente feliz en mi interior, y esta vez el calor se extiende desde mi corazón. ¡Qué esperanza! Sonrió dentro de mi casco, sabiendo que como nunca antes, he aprendido en esta práctica de hockey.