El da esfuerzo al cansado

El da esfuerzo al cansado

Escrito por: Esther Ling | Publicado: miércoles, 12 de febrero de 2014

«Cuando los quehaceres parecen imposibles, y siento que todo el amor de madre se ha ido, oro a Dios para que me de nuevas fuerzas en lugar de centrarme en el problema...» un testimonio conmovedor de una mujer joven de Ohio, USA, que al quedar sin fuerzas, renuncia, pone su confianza en la Palabra de Dios, y recibe ayuda de Él.

Esos momentos inesperados cuando los hijos hacen o dicen algo que a uno lo hacen reír, es probablemente lo mejor de ser madre. Como cuando escucho a mi hija de 5 años enseñarle a orar al de dos años: «… Por favor ayuda a todos los ancianos y a los enfermos a sanar… », y después el más pequeño repite la oración en sus labios y aprende a –hablar- el idioma. O cuando escucho el rápido golpeteo de pequeños pies que corren por toda la casa, seguido por un lento tripp-trapp,tripp-trapp del más pequeño después. Son estos momentos los que hacen el rol de madre el trabajo más satisfactorio.

A pesar de mi profundo amor a mis hijos, he visto que he sido sobrepasada cuando me han pedido una merienda más antes de ir a dormir o que les lea otro cuento de buenas noches.

Pero al igual que cualquier otro trabajo, también he experimentado días largos y agotadores que me han dejado exhausta, tanto mental como físicamente. A pesar de mi profundo amor a mis hijos, he visto que he sido sobrepasada cuando me han pedido una merienda más antes de ir a dormir o que les lea otro cuento de buenas noches. Estos fueron los momentos en que sentí que mi capacidad física para cuidar mis hijos estaba disminuyendo. Comencé a orar sobre esto. En 2 Corintios 9,8 Dios promete que yo «siempre en todas las cosas» voy a recibir todo lo que necesito. De hecho está escrito en el mismo verso que «poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros [en mí] toda gracia» y que tendré «abundancia para toda buena obra» ¿Por qué esto no era un realidad en mi vida?

Entonces mi oración fue contestada de una manera inesperada. Mi esposo estaba de viaje por negocios, y un poco antes de su regreso comencé a sentir que ya no tenía fuerzas. La respuesta vino de Isaías 40, 20-31:

«El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán»

Me concentré en mi propia falta de capacidad para hacer los deberes en lugar de confiar en la capacidad que tiene Dios para ayudarme

Necesitaba, literalmente, tener lo que estaba escrito en este verso: «correrán, y no se cansarán» y «caminarán, y no se fatigarán» Pero, ¿cuál es el requerimiento en este párrafo? Que debo ser de los que «esperan a Jehová». ¿Y qué significa esto? Para mí significó tener que confiar plenamente en Dios. Me concentré en mi propia falta de capacidad para hacer los deberes en lugar de confiar en la capacidad que tiene Dios para ayudarme. En lugar de utilizar el tiempo en mis propios pensamientos en desear que las cosas fueran diferentes, tuve que confiar en que Dios me daría la fuerza que necesitaba.

Fue necesario la humildad para hacer esto la primera vez; y constantemente tengo que «Humillarme, bajo la poderosa mano de Dios» (1 Pedro 5,6) Dios requiere que esté un 100% reconciliada con sus planes para con mi vida. Si lo que quiero es decirle a Dios lo que puedo o no soportar, entonces Él no puede darme nuevas fuerzas. Y si quiero orar para que Él cambie la situación, entonces Dios no puede darle «esfuerzo al cansado».

Dios requiere que esté un 100% reconciliada con sus planes para con mi vida.

Cuando ahora siento que mis límites tratan de sofocarme, entonces mi perspectiva ha cambiado. Cuando los quehaceres parecen imposibles, y siento que todo el amor de madre se ha ido, oro a Dios para que me de nuevas fuerzas en lugar de centrarme en el problema, de modo que puedo mostrarle a mis hijos un amor divino. No pienso en cómo la situación debe cambiar – que debiera ser más fácil hacer dormir a los niños, o bien si sólo tuviera a alguien que me ayudara – sino que me reconcilio con la situación y oro a Dios por su ayuda.

¡El resultado es que recibo un «segundo aire»! En lugar que mis hijos vean a una madre irritada, con quejas, descontenta y agotada, ven un ejemplo de alguien que es paciente y amable, incluso en medio de la adversidad. Esto ha sido una liberación para mí y mis hijos, ¡y espero que muchos otros puedan experimentar lo mismo!